La escatología de Raimon Panikkar, por Camilo López

Recientemente he estado leyendo la siguiente tesina de Camilo Alfonso López Saavedra donde sintetiza la concepción escatológica de la teología panikkariana. El valor del escrito está en presentar de manera unificada las ideas dispersas del autor, pues aunque implícita en su vastísima reflexión, Panikkar no desarrolla de manera concreta su visión escatólogica en ninguna de sus obras.

Los fundamentos clave donde toda la teología de Raimon Panikkar gira son en torno al concepto de tempiternidad,  donde «La realidad no se agota en la temporalidad: no es ahora temporal y después eterna, sino tempiterna» (Culto y secularización), noción que encuentra su equivalente en forma en la atemporalidad advaítica del vedAnta y la intuición cosmoteándrica, intuición «totalmente integrada, del tejido sin costuras de la realidad entera… el conocimiento indiviso de la totalidad» (La intuición cosmoteándrica),  donde Dios, Hombre y Mundo forman un entrelazado —teo-antropo-cósmico— constitutivo en función de la perichóresis trinitaria.

Como subraya López en el primer capítulo, las consideraciones escatológicas  no han dejado indiferente a ningún teólogo y han sido un motivo de inquietud entre estos a lo largo de la historia.

En la antigüedad, el ser humano tendía por inercia hacia lo trascendente, separándose su alma de su cuerpo al morir y dirigiéndose al  Cielo. En el relato veterotestamentario, el pueblo de Dios vehiculó en su escatología la noción de justicia de los inocentes, primero en el futuro y luego en el tiempo de Dios, haciéndose patente en el relato neotestamentario  no sólo la venida del Mesías prometido sino su segundo regreso.

A continuación, en la tradición patrística, se exalta el rol de la carne tanto en su papel terrenal como en la resurrección de los muertos en respuesta a la noción negativa y degenerativa que de esta tenían los gnósticos.

Así, tras esto, la escolástica centraría su estudio en la vida del más allá y su relación con el individuo, siendo sus temas la muerte, el cielo, el infierno y el  purgatorio, en parte como respuesta al milenarismo que consideraba inminente la parusía.

Llegada la modernidad, como describe López, el teocentrismo se destierra y el antropocentrismo da un giro copernicano a la escatología, siendo ahora su eje central el hombre. La esperanza se vuelve secular y la vida en el más allá y su esjatón se inmanentizan en el eje histórico: la eternidad está en los momentos plenos de nuestra vida.

Ya en la actualidad, la escatología se vehicula desde diferentes ángulos. Por una parte encontramos un aporte trascendentalista con teólogos como Ratzinger, De Lubac y  Balthasar, que tienen su mirada fija en las últimas cosas. Como consecuencia, la ortodoxia de la Iglesia, en virtud de este trascendentalismo, se niega a considerar la escatología como una mera trasformación política o social.

En respuesta a este trascendentalismo encontramos la tesis de Karl Rahner, uno de los teólogos que más influyó en el desarrollo del Concilio Vaticano II, donde el hombre se abre al futuro de Dios como respuesta a su llamada, lo que lo hace oyente de un futuro que se encarna en el aquí y el ahora.  Para el teólogo jesuita, bien conocedor del tomismo, así como de las filosofías de Kant y de Heidegger, la escatología es la vivencia del hoy, vehiculada por los momentos más intensos de nuestra vida, como lo son el amor, el perdón o la alegría, sin que quepa la preocupación por un futuro idealizado, proyección que imposibilitaría la apertura al futuro de Dios que irrumpe en el instante actual en función de la trascendencia apriorística del anthropos.

Este análisis, por tanto, deja expuesto como el trascendentalismo y el inmanentismo se han excluido mutuamente en el desarrollo del diálogo teológico sobre la escatología que se ha fundamentado en función del tiempo lineal histórico. La escatología panikkariana, que encuentra su pariente cercano en la teología de Rahner, pareciera superar estos dos opuestos comprendiéndolos y trascendiéndolos.

Por último, lo más destacable del texto es cómo el autor hilvana y saca a flote la escatología panikkariana como respuesta a sus propios acertijos existenciales y al porqué de las injustcias que se le presentan al hombre, resultado del asesinato de su padre, lo cual, a nuestro entender, añade un valor añadido —y de peso— a la monografía de López.

El texto puede leerse haciendo click aquí.

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