Apuntes sobre evangelios sinópticos #5: la dimensión histórica en Marcos

Esta es la quinta entrada de nuestros apuntes sobre los evangelios sinópticos. Esta vez hablaremos de la dimensión histórica en el evangelio de Marcos. Para revisar las entradas anteriores, visitar los siguientes enlaces:  parte #1, parte #2parte #3 y parte #4. 


1. Autor

Es un cristiano helenista, posiblemente judío.

La obra fue editada de forma anónima. Se trataría de un escrito redactado por un miembro de la comunidad al servicio público de la misma.

No hay fundamento suficiente para identificarle con el anónimo joven que escapa desnudo cuando apresaron a Jesús en Getsemaní (14,52-55).

Una tradición unánime, que viene del s. I, atribuye la obra a un tal Marcos. Fue identificado con el Juan-Marcos, pariente de Bernabé y compañero de Pablo, del que se habla en Hch y en las cartas de Pablo (Hch 12.12.25; 15,37.39; Flm 24; Col 4,10; 2Tim 4,11). También se le relacionó con la actividad pastoral de Pedro en Roma (1 Pe 5,13).

El testimonio más antiguo sobre la autoría de Mc se debe a Papías de Frigia, escrito en la primera mitad del s. II. Ha sido transmitido por Eusebio y dice así:

Y esto decía el presbítero. Marcos, habiendo sido intérprete de Pedro, escribió con cuidado, aunque no con orden, cuanto recordaba de lo que Cristo había hecho o dicho. Porque él no había oído al Señor ni le había seguido, pero había seguido más tarde, como he dicho, a Pedro, que enseñaba según las necesidades, pero sin hacer una exposición ordenada de los oráculos del Señor. Marcos no ha cometido así ningún error al escribir algunos, como recordaba, pues no ha tenido más que una preocupación, no omitir nada de lo que había escuchado y no decir nada falso.

2. Tiempo y lugar de la obra y de sus destinatarios

a) Tiempo

Los datos internos de la obra apuntan a un tiempo de persecución, dadas las continuas alusiones al tema en la obra, y relacionado con la destrucción de Jerusalén, pero entre los estudiosos no se está de acuerdo si fue antes o después de ella.

Los testimonios externos tampoco están de acuerdo: algunos afirman que fue durante la vida de Pedro (Prólogo Antimarcionita, Clemente de Alejandría), otros dicen que después de su muerte (Ireneo).

La mayor parte de los comentaristas sostienen que se escribió en torno al año 70 y antes de la redacción de Mt y Lc.

b) Lugar

Los datos internos del evangelio de Mc sugieren que fue en un lugar fuera de Palestina, en un contexto cultural-administrativo romano, dados los latinismos, alusión a derecho y horario romanos, explicación de monedas hebreas y sus equivalentes romanas, etc. Pero la crítica interna no permite precisar más.

Los testimonios externos señalan “las regiones de Italia” (Prólogo Antimarcionita) y más en concreto en Roma (Ireneo, Clemente de Alejandría, con referencia de Papías). Esta es la opinión generalmente aceptada por la mayoría de los comentaristas. Parece que las citas más antiguas de Mc se encuentran asociadas a Roma (1 Clemente 15,2 y el Pastor de Hermas).

No obstante, algunos autores sostienen que pudo haber sido compuesto en Galilea o en Siria. Otras propuestas (pero que han tenido poco eco) afirman que fue escrito en Asia Menor o en Grecia.

3. Destinatarios y problemática de la comunidad

3.1  Destinatario

A la luz de la crítica interna, parece que se trataría de étnico-cristianos (se dan explicaciones de costumbres judías y palabras arameas). No se excluye el que hubiera entre ellos una minoría judeo-cristiana.

La Iglesia local parece una suma de comunidades domésticas que se reúnen en casas para el culto y la catequesis, dada la aparición de la figura de la casa como lugar donde Jesús se retira con sus discípulos y los instruye.

Las instrucciones a los Doce sobre el servicio a la comunidad y el relieve que se da a este grupo, encabezado por Pedro, deja entrever la existencia de una dirección y organización en la comunidad.

El uso de vocabulario y de tradiciones misioneras hace pensar en una comunidad misionera, dirigida especialmente a paganos. Posiblemente conocen la misión itinerante con el envío de dos en dos y que se alojan en casa del creyente (Cf. 6,6b-7.10).

3.2  Problemática de la comunidad

Los grandes temas teológicos que expone Mc en su evangelio nos ayudan a vislumbrar los problemas que pudo haber en el seno de su comunidad.

La primera faceta de la problemática de la comunidad está en relación con la cristología y con el conocimiento de Jesús. Mc quiere corregir su distorsionada cristología y ayudarles a replantearse su fe en Jesús. Esta problemática estaría relacionada con una serie de dificultades de distinto tipo que sufre la comunidad:

  • La frecuente alusión a las persecuciones sugiere que ya tuvo lugar la persecución de Nerón y que se vive una situación de inseguridad a causa de la fe.
  • Es posible que se estén dejando sentir los efectos de la rebelión de los judíos contra Roma, dado que, al principio, los paganos no distinguían muy bien entre judíos y cristianos.
  • Esta guerra judía contra Roma alentó el movimiento apocalíptico entre los judíos y quizás también influyera en la comunidad cristiana. Mc habrá de controlar estas ideas (Cf. 13)
  • Mc presenta el tema de Jesús como Cristo / Hijo de Dios que se revela muriendo junto con el tema de la persecución. Esto sugiere que la comunidad tiene problemas para compaginar ambos temas y están en crisis de fe respecto al tema del señorío de Jesús.
  • Junto al ambiente de “evangelio-imperio” que se respira en aquél ambiente romano, se explicaría que Mc presentara a Jesús como Evangelio, Mesías que trae el Reino como compete al Hijo de Dios, en la debilidad.

La segunda faceta de esta problemática de la comunidad se relaciona con el lenguaje catequético histórico-narrativo empleado por Mc. Tuvo buena acogida, dado que fue imitado posteriormente por otros autores.

Esto sucedió principalmente por dos razones:

  • Existía el peligro de convertir el cristianismo en una gnosis sin relación con la historia concreta de Jesús de Nazaret. Es la época en que comienzan los movimientos pre-gnósticos que mal interpretan la teología paulina, más centrados en el Jesús resucitado dador del Espíritu que en las tradiciones históricas del Jesús terrestre. Frente a esto, Mc presenta en lenguaje catequético-narrativo a este Jesús de Nazaret, persona real con una existencia histórica, que vivió, murió, resucitó y es el Maestro permanente de la comunidad. El cristianismo no es una doctrina o una praxis soteriológica (como el gnosticismo) sino que es una persona: Jesús-Cristo-Hijo de Dios.
  • También en el origen de este lenguaje pudo haber una serie de hechos en los años 60: la persecución de Nerón, la rebelión judía entre el 66 y el 70, que supuso la diáspora de las comunidades palestinenses… Todos estos hechos podían amenazar la continuidad de la tradición oral sobre Jesús de Nazaret. La catequesis narrativa de Mc (en los comienzos de la segunda generación cristiana) significaba un esfuerzo de poner por escrito la tradición apostólica.
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“Dame de beber”. Reflexiones sobre el Evangelio de Juan 4, 5-42 (3er. Domingo de Cuaresma)

Llegó así a un pueblo de Samaría que se llamaba Sicar, cerca del terreno que dio Jacob a su hijo José; 6 estaba allí el manantial de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se quedó, sin más, sentado en el manantial. Era alrededor de la hora sexta. 7 Llegó una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dijo:

– Dame de beber.

8 (Sus discípulos se habían marchado al pueblo a comprar provisiones).

9 Le dice entonces la mujer samaritana:

– ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

10 Jesús le contestó:

– Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú a él y te daría agua viva.

11 Le dice la mujer:

– Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde vas a sacar el agua viva? 12 ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, del que bebió él, sus hijos y sus ganados?

13 Le contestó Jesús:

– Todo el que bebe agua de ésta volverá a tener sed; 14 en cambio, el que haya bebido el agua que yo voy a darle, nunca más tendrá sed; no, el agua que yo voy a darle se le convertirá dentro en un manantial de agua que salta dando vida definitiva.

15 Le dice la mujer:

– Señor, dame agua de ésa; así no tendré más sed ni vendré aquí a sacarla.

16 Él le dijo:

– Ve a llamar a tu marido y vuelve aquí.

17 La mujer le contestó:

– No tengo marido.

Le dijo Jesús:

– Has dicho muy bien que no tienes marido; 18 porque maridos has tenido cinco, y el que tienes ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.

19 La mujer le dijo:

– Señor, veo que tú eres profeta. 20 Nuestros padres celebraron el culto en este monte; en cambio, vosotros decís que el lugar donde hay que celebrarlo está en Jerusalén.

21 Jesús le dijo:

– Créeme, mujer: Se acerca la hora en que no daréis culto al Padre ni en este monte ni en Jerusalén. 22 Vosotros adoráis lo que no conocéis, nosotros adoramos lo que conocemos; la prueba es que la salvación proviene de los judíos; 23 pero se acerca la hora, o, mejor dicho, ha llegado, en que los que dan culto verdadero adorarán al Padre con espíritu y lealtad, pues el Padre busca hombres que lo adoren así. 24 Dios es Espíritu, y los que lo adoran han de dar culto con espíritu y lealtad.

25 Le dice la mujer:

– Sé que va a venir un Mesías (es decir, Ungido); cuando venga él, nos lo explicará todo.

26 Le dice Jesús:

– Soy yo, el que hablo contigo.

27 En esto llegaron sus discípulos y se quedaron extrañados de que hablase con una mujer, aunque ninguno le preguntó de qué discutía o de qué hablaba con ella. 28 La mujer dejó su cántaro, se marchó al pueblo y le dijo a la gente:

29 – Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será éste tal vez el Mesías?

30 Salieron del pueblo y se dirigieron adonde estaba él. 31 Mientras tanto sus discípulos le insistían:

– Maestro, come.

32 Él les dijo:

– Yo tengo para comer un alimento que vosotros no conocéis.

33 Los discípulos comentaban:

– ¿Le habrá traído alguien de comer?

34 Jesús les dijo:

– Para mí es alimento realizar el designio del que me mandó, dando remate a su obra. 35¿No soléis decir vosotros: “cuatro meses y llega la siega”? Mirad lo que os digo: Levantad la vista y contemplad los campos: ya están dorados para la siega. 36 El segador cobra salario reuniendo fruto para una vida definitiva; así se alegran los dos, sembrador y segador. 37 Con todo, en esto tiene razón el refrán, que uno siembra y otro siega: 38 yo os he enviado a segar lo que no os ha costado fatiga; otros se han estado fatigando y vosotros os habéis encontrado con el fruto de su fatiga.

39 Del pueblo aquel muchos de los samaritanos le dieron su adhesión por lo que les decía la mujer, que declaraba: «Me ha dicho todo lo que he hecho». 40 Así, cuando llegaron los samaritanos adonde estaba él, le rogaron que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. 41 Muchos más creyeron por lo que dijo él, 42 y decían a la mujer:

– Ya no creemos por lo que tú cuentas; nosotros mismos lo hemos estado oyendo y sabemos que éste es realmente el salvador del mundo.

El desierto y la montaña han sido los lugares de los domingos  anteriores. Esta semana esta semana es un pozo, el pozo de Jacob en Sicar, un lugar vinculado a la historia judía de una forma muy especial.

Este relato nos muestra acaso una de las páginas más magistrales del evangelio de Juan. La ruptura con las costumbre de Israel aparecen al principio, donde Jesús habla con una mujer en un lugar público. Entra en contacto con una “impura” por su raza, una persona “contaminada”. Hablan de religión en un país cismático, con una religiosidad llena de mezclas por la influencia asiria. Marcados por un profundo nacionalismo por el que se consideran extranjeros los unos para con los otros (aunque los samaritanos nunca abandonaron realmente el culto al Dios de Jacob).

Todo un signo de acercamiento de Jesús para anunciar una buena noticiar para aquella mujer que se coloca a la defensiva en un principio, y comienza todo un proceso de metanoia, de anuncio. El pozo, el lugar de encuentro que busca apagar la sed, la sed del anuncio por parte de Jesús, “no puedo dejar de hacer la voluntad de mi Padre”, y la sed de trascendencia, de encuentro con Dios que se hace diáfano cuando nos encontramos con nuestro propio centro dándonos cuenta de nuestras miserias y pobrezas. Es entonces cuando oteamos el panorama y miramos de verdad al que puede dar el agua y colmarnos de sentido y de Vida. Así es la samaritana.

Un lugar: el pozo de Jacob. No tanto por el pozo, como por el personaje que hace especial el pozo, Jacob. Si alguien en el A.T. hace a Dios cercano, muy cercano, es este patriarca. Es el del sueño de la escalera, donde se une la piedra en la que duerme y el cielo. Dios hace cercano el cielo y la tierra, los conjuga, los relaciona. Jacob, el que lucha con Dios y le retiene hasta el amanecer: “he visto a Dios cara a cara y he quedado con vida”.

Por lo tanto nos fijamos en dos elementos de este sabroso texto del evangelio de hoy. Agua viva y pozo de Jacob. Cuando la fe en Jesús se convierte en agua viva que genera sentido para la vida, y regala del don de un Tú al que saber a qué atenerse, en quien descargar nuestro  ánimo en alguien, en quien podemos confiar, aliarnos, hallar compañía y encontrar siempre ante sí ulteriores metas que nos motiven a seguir viviendo aun en la vejez…

Sólo exige que dejemos el cántaro del agua que no sacia. A partir del mensaje de Jesús en adelante, quien pretenda acceder a la comunicación divina con el Padre habrá de dejarse interpelar sin condiciones por la divinidad (sentida ya como absoluto). Esto implica el abandono de las ganas de tener el control, del consumo, del aburrimiento y del tedio de la vida de este mundo sin compromiso de ninguna clase. La ansiedad constante por lo nuevo que no se sacia jamás y mucho menos con la mera inmanencia que nos propone este mundo falso y artificial. El agua que está en ese cántaro es como la zanahoria del burro que le estimula a caminar y nunca llega y nos distrae de lo fundamental.

Al final cuando el cántaro se deja en el brocal y uno se abandona en el que da la verdadera agua, Jesús el Cristo, nuestra vida se convierte en mensajera del agua nueva.  Y otros se acercan y experimentan por nosotros que es posible ser feliz de otra manera. Y ya no nos necesitan porque han probado el agua y es verdad: tiene vida y sacia de sentido.

Pero es el pozo de Jacob, y Jesús rompe el muro de lo sagrado y lo profano: no está Jesús para especulaciones teológicas, para  limitar a Dios y apoderarnos de Él. Es el Dios de todos y todas, pero de nadie en concreto. El Dios por el que me siento especialmente querido pero no puedo poseer y controlar. Que no necesita lugares, pues cualquier lugar es sagrado porque en cualquier lugar le podemos encontrar. Y sólo si la búsqueda en Espíritu y verdad, allí será el encuentro. Esto abre el diálogo entre religiones y entre creencias. Entre teologías, entre ideologías. Esto abre el camino a la fraternidad. Un acercamiento a Dios desde donde lo propone Jesús impide el fundamentalismo y el dogmatismo, y nos lleva a una mística donde la experiencia de Dios es un diálogo enriquecedor, porque Dios se llena de matices, y el arcoíris plural del diálogo rompe el gris del miedo a lo diferente.

Encontrar a Dios en el pozo de Jacob y descubrir al Jesús de la samaritana, es abandonar mi pequeña parcela de realidad para sumergirme en el misterio de un Dios cercano. Es aprender a mirar el mundo para encontrar con el Dios presente en las personas, sobre todo en las más empobrecidas, en la naturaleza y dentro de nosotros mismos. Es abandonar las teologías de las mediocridades para entrar en el misterio del Dios encarnado. Ahora todo el mundo, toda la naturaleza, toda la humanidad es lugar de encuentro, de religio, con Dios, porque él se ha reconciliado con nosotros en Jesús, y sólo necesitamos la lámpara del espíritu y su agua de Vida para el encuentro.

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Aperturas hacia Dios desde la posmodernidad: algunas notas

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Me gustaría hacer una presentación sobre qué valores asociados a la cultura posmoderna pueden posibilitar un tipo nuevo de experiencia religiosa y qué valores pueden dificultarla.

Partimos con el presupuesto que en nuestra sociedad existe un cierto ethos explicito e implícito que fundamenta y vertebra determinados valores heterogéneos. Algunos  valores provienen de nuestra plataforma económica, fundamentado en una economía de mercado neo-liberalizada; otros de la modernidad sociopolítica; otros provienen de diferentes sistema éticos, sobre todo religiosos, y en nuestro caso particular del catolicismo; y otros provienen también de la denominada posmodernidad. Algunos de estos valores últimos pueden ser interpretados como reacción y decepción ante los valores de la modernidad, así como de su concreción.

Los valores proponen un sistema de referentes (“dan un norte” al hombre), son la plataforma desde donde se catapultan los elementos de nuestra cultura que orientan y motivan nuestras acciones, así como también nuestras relaciones con los demás y con la trascendencia. Esta última relación esta mediada por instituciones humanas que posibilitan esta experiencia en el aquí y en el ahora.

Con todo, es menester preguntarnos qué valores relacionados con la posmodernidad pueden favorecer una experiencia de Dios. Según lo entiendo, en el campo de la teología y de la pastoral, se entiende el ethos posmoderno como poco favorable para la experiencia religiosa, y sobre todo se entiende como obstáculo a la experiencia del Dios de Jesús. Ciertamente es razonable pensar así, pero a la vez debemos darnos cuenta que la teología y los medios de comunicación de la fe están embutidos en unas estructuras humanas que las contextualizan muy contagiadas por los valores modernos que en su momento fueron combatidas. Así las cosas, cabe preguntarse por qué la espiritualidad que ofrece la Iglesia, y en general buena parte del cristianismo, tiene poca recepción en el occidente posmoderno, especialmente en Europa. Es razonable pensar que la Iglesia podría adoptar el mismo enfoque que se proponía en el Conciliio Vaticano II refiriéndose al ateísmo, aunque en un contexto muy distinto el actual. Encontramos dos ideas claves en Gaudium et Spes donde se nos dice en primer lugar que,

“en esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión” (19);

y el siguiente punto pide una actitud donde

“quiere, sin embargo, conocer las causas de la negación de Dios que se esconden en la mente del hombre ateo. Consciente de la gravedad de los problemas planteados por el ateísmo y movida por el amor que siente a todos los hombres, la Iglesia juzga que los motivos del ateísmo deben ser objeto de serio y más profundo examen” (21).

Es decir, la Iglesia juzga como motivo de serio y profundo examen el fundamento del ateísmo. Si tuvo esa actitud ante el ateísmo es razonable aplicar el mismo enfoque ante la posmodernidad

Adecuándonos a la realidad posmoderna  como propone el concilio, hay alguno elementos que posibilitan que el individuo marcado por el ethos posmoderno se deje “tocar” por la posibilidad de una experiencia de trascendencia. Algunos de ellos por supuesto pueden facilitar otras realidades más fáciles de tipo evasivo, pero mas bien estas solo satisfacen en el coto plazo, y dejan una insatisfacción profunda. Algunas de estas salidas escapatorias tienen poco que ver con la experiencia religiosa, como las adicciones a las drogas, al sexo y al consumo, pero otras en cambio tienen cierta relación, como puede ocurrir con el caso de las sectas. Ahora bien, todas ellas tienen algunas características comunes que cabe distinguir: poco compromiso social, alta dosis de emocionalidad, y a veces un rigorismo moral que da respuesta la búsqueda de seguridad de sus miembros.

Algunos de los elementos que pueden facilitar una apertura hacia lo trascendente serían, por ejemplo, una cierta decepción de la “poderosa razón” que ha “producido monstruos”, y un cierto retorno a la sentimentalidad, asociado a una decepción de la poderosa ciencia como relato salvador —pues no ha logrado ser aquella gnosis omniabarcante que pretendía— y a otros relatos salvadores cuajados en el desengaño de las ideologías que han generado los últimos siglos. También la fuerte individualización que ya empezó en la modernidad y se acentuó en la posmodernidad provoca una sed de necesidad social: el individuo se siente sólo, lo que conlleva a una búsqueda de elementos comunitarios que alivien esta soledad profunda.

Esta búsqueda abre la posibilidad de salir de si mismo —aunque provenga de una necesidad—, y así se buscan comunidades con un alto componente afectivo, citadas anteriormente. La persona en la sociedad donde las instituciones guías clásicas han perdido fuerza, se encuentra sometidas a una libertad excesiva que la agota y le produce cierta angustia: todo debe ser incorporado a su vida a través de (demasiadas) opciones: este hecho le hace al individuo creer que todo lo que le sucede “es culpa suya”, sin darse cuenta de que existen condicionantes sociales estructurales más allá de su control. Muy relacionado con esta pérdida de la fuerza de las instituciones guías, encontramos una educación desorientada; los que actualmente ejercen esta tarea fueron educados por la generación europea que sufrió cambios rápidos y volátiles en el tejido social y mental, sobre todo en el campo de los valores, y que ha generado individuos poco preparados para asumir los fracasos de la vida (y sin posibilidad de hacerse con sistemas de referentes que les orienten e integren). Esta angustia y esta vulnerabilidad les hace susceptibles, y por esta razón están en búsqueda de sentido de sus vidas (y todo esto siempre embutido bajo el ropaje de la “cultura de la sospecha”).

También la posmodernidad representa un cierto retorno a la importancia de la corporalidad, asociada a cierta obsesión por la salud: se recupera el cuerpo aunque en formas extremas, en contraste con la modernidad —una sociedad más racional— donde el cuerpo era más bien minusvalorado, y con el cristianismo que lo concebía como un cierto obstáculo espiritual (ya desde sus inicias por influencia sobre todo neoplatónica). La obsesión por la salud puede responder a la fata de respuesta antitánatica de la cultura posmoderna: la muerte y el envejecimiento se han de esconder. Para el posmoderno, el cuerpo debe esta sano, físicamente bien, y por esta razón encontramos un aumento de la cirugía estética, de la gimnasia, etc. Notas todas que constituyen un evidente miedo a la muerte, evadiendo la pregunta por el sentido de esta (recordemos el papel de las religiones como dadoras de sentido a la muerte).

También la sociedad actual, denominada por algunos la “sociedad del auto-rendimiento” fruto del ethos que genera el actual sistema económico, engendra individuos agotados, imposibilitado para la colaboración colectiva. Este agotamiento genera una necesidad de pausa, y esta podría posibilitar un primer momento de contemplación, de imaginar que las cosas podrían ser de otro modo. También puede favorece un salir de uno mismo. Por otra parte, es menester tener en cuenta que el agotamiento puede conducir a la evasión y a las adicciones, empeorando aún más la situación (por supuesto hay otros tipos de cansancio y agotamientos que no mencionaremos). Todo estos elementos ligados a valores generan un individuo frágil, aunque no lo reconozca, que tiende a la evasión, al disfrute del momento presente (el “carpe diem” queda elevado a ideal sapiencial), pero con una insatisfacción latente y que le hace más vulnerable: se abre en esta dimensión una ventana donde puede tener cabida la experiencia de Dios, una experiencia que en un primer momento puede estar motivada por mera curiosidad, o por probar una novedad exótica, pero con el tiempo puede ser elaborada, purgada, dejando su matiz egocéntrico. Sin excluir “toques” inmediatos que rompan el nivel entre sagrado y profano, cabe preguntarnos qué tipo de mediaciones, es decir, religio —entendida como agente religador, esto es, relacional, puede facilitar este primer contacto. El individuo ha dejado el materialismo de la modernidad, y se encuentra en una fase pos-materialista, donde surge una  sed salvaje de Dios que se canaliza de muchas formas, algunas de ellas nada tienen que ver con la experiencia del Dios cristiano, sino que apuntan a la génesis de nuevos ídolos, pero existe esta sed de insatisfacción (deseo incolmable de Lacan), y como hemos expresado es una ventana que se abre muy diferente al ateo moderno.

Intentaré ahora dilucidar qué características de las religiones tradicionales se valoran más en la posmodernidad, esbozo harto complicado dadas las variables volátiles de la situación posmoderna.  Estos acentos deben ser entendidos como reacción a la manera de entender la religión en la modernidad. Algunas de estas características tienen raíces históricas anteriores, así, por ejemplo, es propio en la posmodernidad la búsqueda de la armonía, la paz interior, frente al ascetismo y la exaltación del dolor (se huye del malestar, lo que genera individuos frágiles incapaces de tolerar la frustración), así mismo resaltará el elogio del momento presente, frente al voluntarismo ético (voz profética) y la proyección hacia al futuro (escatología). También tendería a acoger y abrirse a otras tradiciones religiosas, integrándolas en un proceso personal frente a dogmatismos excluyentes. Finalmente intentaría la búsqueda de maestros espirituales que ayuden a la introducción del misterio frente a la instancias intermediadoras. Se trata por tanto de invitar a una religio más centrada en el pequeño relato, más narrativa en el sentido autobiográfico, desde la sencillez evangélica, no desde el gran relato salvador omniabarcante; un proyecto más humilde que no lo intenta explicar todo, consciente, como decía Gaudium et Spes“que no tiene a mano todas las respuestas” (16; una religio que deje un espacio al misterio, que deje de imitar a la ciencia positiva (como acomplejada por las ciencias positivas), que “todo lo explica y todo lo sabe”. Una religio que se manifiesta no en grandes estructuras, sino en comunidades fraternas con elementos más simbólicos celebrativos y menos racionales y barrocos en sus expresiones oficialistas (se ha de buscar lo sobrio y cercano: piénsese en el mood que despierta el taller de un artista o un estudio algo desordenado). Una religio no de grandes principios, sino basada en las vidas ejemplares de sus miembros (los santos son los que encarnan los valores en las vidas concretas y efectivas). Una comunidad donde la justicia no sea un principio abstracto, sino fruto de la compasión de ver el rostro sufriente del prójimo Una religio que sea lugar de silencio contemplativo, de escucha, una comunidad que acompañe los fracasos de sus miembros y que les alimente la esperanza. Una religio así pareciera que conecta más con el ethos posmoderno, y a la vez, por paradójico que parezca, es más fiel a las primeras comunidades cristianas fraternas. Si no hay esa conexión, la sed de trascendencia de salir del materialismo imperante, del individualismo extremo, encuentra una salida en las formas extremas comunitarias, evasivas e integristas, que suplen la inseguridad de las personas, pero que no resuelven nada, y donde se sacrifica la libertad de sus miembros generando individuos incapaces para la acción transformadora y de concretar el amor más allá de su pequeña comunidad y de la pequeña parcela de su nueva ideología sectaria.

El hombre y la mujer posmoderna necesita ídolos donde agarrarse, no es una acción racional, sino un sentimiento de trascendencia. El cristianismo como mensaje, como evangelio, puede conectar con el hombre actual si entra en esta longitud de onda, y se desembaraza de ciertos lenguajes y formalizaciones institucionales, más ligadas al ethos moderno. Si conectó con las ideologías de la praxis aportando lo que les faltaba, ¿por qué no iba a poder conectar con  la posmodernidad?

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“Escúchenlo”. Reflexiones sobre Mateo 17, 1-9 (2º Domingo de Cuaresma)

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.” Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.” Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: “Levantaos, no temáis.” Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: “No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.”

Nos ubicamos aproximadamente en la parte central del evangelio de Mateo, que nos sigue deleitando con comparaciones y evocaciones del AT. Tras la confesión de Pedro en Cesarea, Jesús fue desvelando a sus discípulos su estilo de Mesías. La Cruz, el caos, estaban presente como el destino irremediable de Jesús, pero también la resurrección.

De alguna forma la transfiguración evoca y patentiza el horizonte evocador de la creación en el Génesis, con aquello de seis días después, cuando Dios había terminado y vio que todo era bueno. En esta pequeña historia de la transfiguración despierta evocadores  símbolos que se suceden: otro monte, otro lugar distinto para este domingo, en recuerdo del Sinaí, el lugar del encuentro con el Padre, rostros resplandecientes, etc., culminando en la segunda frase enternecedora del Padre: “ este es mi hijo amado en quien me complazco”.

La primera declaración en esta línea ocurre en el  bautismo con Juan, la tercera con el Centurión: “verdaderamente era Hijo de Dios”. En este párrafo Moisés y Elías, representantes dela ley, dialogan en plano de igualdad, pero cuando Pedro interrumpe el momento idílico, la experiencia profunda de encuentro, desaparece Moisés y Elías, y Dios nos dice a quien tenemos que escuchar. El imperativo de “escúchenlo” surge con contundencia. Han visto a Moisés y Elías en diálogo con Jesús, pero a quien hay que escuchar ahora es al Hijo. El temor les sobrecoge. Al final solo quedan Jesús, ellos y la montaña para bajar.

El Padre nos invita a escuchar a Jesús imperativamente, urgentemente.  Es importante insistir que Jesús es lo mejor que tenemos en la Iglesia, y tenemos que perder el miedo a escucharle y permitir que nos oriente. Necesitamos acercarnos continuamente  a su persona, ir profundizando en su propuesta que es  el evangelio, la buena noticia. Vivimos en una sociedad llena de ruidos, cargada de mensajes y de propuestas de felicidad para la que nos hace falta mucho dinero… Vivimos distraídos de lo fundamental, perdidos y cargados de miedos. Miedo al dolor al sufrimiento, a la muerte, al futuro. Y encima sin identidad.

“Escúchenlo”, nos dice Dios, él es una propuesta de liberación y de sentido para la vida. Cuando comenzamos a escuchar lo primero que oímos es esa frase enternecedora de Jesús: “levántense, no tengan miedo”. Y aquí Pedro nos revela una de las tentaciones de los cristianos: “qué bien se está aquí, hagamos tres tiendas, vamos a instalarnos”. Escuchar a Jesús es desasirse del miedo y bajar del monte, tras esa subida tan necesaria para los cristianos: el monte de la Eucaristía y del encuentro sosegado con Él, cargados de fuerza, ya sin miedo, y confiando en que, como nos dice Pablo en el texto anterior, de Él nos podemos fiar. Bajamos del monte para ser el futuro, para día a día abrir oportunidades al Dios que quiere transformar al ser humano y la historia en el reinado de fraternidad universal, paz y solidaridad. Somos coautores de este proyecto de Amor y liberación. Bajaron de la montaña. Él primero, ellos detrás con su testimonio, y nosotros detrás con pequeñas arrancadas pero confiados y entregados pues sólo el Amor es digno de confianza y entrega.

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José Ignacio González Faus comenta sobre “Dios sin Dios” de Melloni y Cobo

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José Ignacio Gonzalez Faus, sj. 

El jesuita José Ignacio González Faus comenta la obra de Javier Melloni y José Cobo, Dios sin Dios (ed. Fragmeta, 2015), donde ambos autores debaten dialécticamente sobre lo que entendemos hoy por “Dios”, sobre si tiene sentido y es necesario tal discurso, sobre cómo replantear ese debate aparentemente cerrado por la modernidad, o sobre si es posible experimentar a Dios y, de ser así, qué caminos conducen a este “fundamento”.

Melloni plantea que las vías de salvación religiosas tienen la vocación de avanzar juntas y de nutrirse en dia-logos y en el silencio, hacia un nuevo tiempo de síntesis. Cobo plantea justo lo contrario, opinando que el cristianismo no ha de “disolverse” en este magma panreligioso, entrando en diálogo con el ateísmo moderno con un Dios  siempre “más allá” que esta por ver y es inalcanzable.

Este debate toca puntos nucleares que se presentan en el discurso moderno sobre Dios hoy y que vale la pena tener en cuenta.

La sabrosa reseña de José I. González, que intenta “sintetizar” ambos opuestos dialécticos, puede leerse aquí.

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Historia de San Ignacio de Loyola en video

La Compañía de Jesús en España junto con la Universidad Pontificia de Salamanca han elaborado un vídeo genial sobre  la vida e historia de San Ignacio de Loyola inspirada en los grabados de Pedro Pablo Rubens y cuadros de Sebastiano Conca y discípulos. Los textos están inspirados en el libro Ignacio de Loyola, nunca solo, de Rodríguez Olaizola, sj.

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El gran paso hacia la fe verdadera…

psicología de la fe cencilloUnas  refrescantes verdades como puños acerca de la fe a u t é n t i c a , idóneas en este purgativo y liberante tiempo de Cuaresma por parte del genial y gigantesco Luis Cencillo (sacerdote, filólogo, teólogo, licenciado en derecho y filosofía,  psicoanalista y m a e s t r o ), en su —obligatoria obra para los creyentes serios de hoy día Psicología de la fe (1997), bálsamo medicinal contra tiempos de sospecha, posmodernidad y fanatismos milagreros…

El gran paso hacia la fe verdadera consiste en aceptar:

  1. la verdad de la propia situación “mentirosa” en el mundo
  2. aceptar la verdad de la propia desnudez de bien y de energía para el bien,
  3. y avenirse a reconocer y asumir la equivocación que ha podido ser la propia existencia.

Suele decirse coloquialmente que alguien se halla “encenagado” cuando se da a los placeres sexuales y a las irregularidades administrativas (por lo general a ambos excesos a la vez),

Pero es injusto e hipócrita hablar así: el verdadero marasmo que detiene, apega y bloquea las posibilidades de diálogo con Dios es la conciencia de “ser alguien” y “más” que otros.

Y si un sujeto se tiene de hecho por “más justo” que el mismo Dios, porque juzga lo que éste debería haber hecho para evitar el mal en el mundo, entonces comete el enigmático “pecado contra el Espíritu santo” (Mt 12, 32).

Es significativo que en el nuevo testamento (en el Pentateuco no se le menciona) nunca se califica a la figura más o menos iranizada o helenizada del “diablo” de lasciva ni de violenta,sino de seductora y de mentirosa (“padre de la mentira”). Y es que todas las demás irregularidades de la conducta se producen o facilitan desde la mentira en y de la que cada uno vive.

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Apuntes sobre evangelios sinópticos #4: La dimensión teológica en Marcos

Continuamos con la cuarta parte de nuestros apuntes sobre los evangelios sinópticos, esta vez tratando sobre la dimensión teológica del evangelio de Marcos. Las entradas anteriores pueden verse en los siguientes enlaces: parte #1, parte #2 y parte #3.


En el primer versículo, Mc presenta de modo concentrado el contenido que habrá de ir desarrollándose a lo largo de toda su obra: “Principio del evangelio de Jesús Cristo, Hijo de Dios”. Según esto, pretende mostrar que Jesús mismo es el Evangelio (la Buena Noticia), en cuanto que es el Cristo (Mesías) que proclama el reino de Dios y que es el Hijo de Dios.

Otro aspecto que irá apareciendo es el del discipulado.

1. Evangelio según Marcos

“Evangelizar”, como concepto teológico técnico, viene de la teología del II Isaías (cap. 45-55). Según Isaías, este término expresa una alegre noticia de algo que va a acontecer: Dios va a reinar. Jesús se lo aplicó a sí mismo y la Iglesia primitiva desarrolló dicho concepto, atribuyendo a Jesús y su obra el sustantivo “Evangelio”.

El sentido que Mc tiene del término “evangelio” es el de un mensaje que se debe transmitir oralmente. El primer versículo indica el contenido de la obra: el anuncio de Jesús-Cristo, Hijo de Dios. Este anuncio tiene un comienzo histórico en la obra de Juan Bautista, que forma parte de este Evangelio.

2. Cristo (Mesías) que proclama el Reino de Dios

Jesús es el Ungido (Cristo-Mesías) por el Espíritu y está capacitado para combatir a Satanás y proclamar eficazmente el Reino de Dios.

2.1  Presentación inicial

En el primer capítulo del evangelio de Marcos tenemos condensado el comienzo de este Reino.

En los vv. 1-13 nos presenta la figura y acción de Juan el Bautista y la entrada de Jesús en la gran escena del mundo. Jesús es mostrado como el ungido-cristo, bautizado en el Jordán. Recibiendo el Espíritu, es proclamado Hijo-Siervo-Profeta, impulsado a enfrentarse a Satanás, a vencerle y despojarle de todo poder.

A partir del v. 14 Jesús anuncia el “evangelio (buena noticia) de Dios”: “Se ha cumplido el plazo y está llegando el Reino de Dios”. Comienza la irrupción del Reino y los hombres han de responder con la conversión y la fe.

El resto del capítulo está dedicado a presentar los signos que explican el alcance del reino que comienza. El primero es la creación del discipulado (vv. 16-20), surgiendo el nuevo pueblo que implica la llegada de este Reino esencialmente comunitario. Después Jesús entra en la sinagoga de Cafarnaúm investido de la autoridad que se le ha concedido (vv. 21-28) y liberando a un poseído del poder de Satanás. Su poder se manifiesta también sobre la enfermedad (vv. 29-31). El sumario de los vv.32-34 ratifica este poder con exorcismos y curaciones. En los versículos siguientes se muestra la acción dinámica de Jesús que anuncia y va como despertando este Reino, dominando sobre el mal imperante en los pueblos vecinos. El breve sumario del v. 39 de nuevo ratifica este hecho. En los vv. 40-45 se describe la victoria de Cristo sobre la lepra, equiparable a la muerte.

Así pues, el Reino se muestra como una fuerza que tiende a crear el pueblo de Dios, a destruir el poder de Satanás, el dolor y la muerte.

2.2  Naturaleza del Reino

Para un judío, decir “Reino de Dios” es lo mismo que decir “Dios reina”. Jesús presenta el Reino de un modo nuevo: el Dios que comienza a Reinar es el Padre y la irrupción de su poder está al servicio de su querer revelarse como Padre. Decir “padre” es evocar el término “hijo”. La acción del Padre será crear un mundo de hijos que libremente acepten esta nueva relación salvadora con Él. Puesto que nuestra condición es de pecadores, la primera acción divina, el comienzo de este Reino, consistirá en perdonar y transformar el corazón de los hijos, constituyéndoles entre sí a su vez en fraternidad, en este nuevo pueblo de Dios. Este dinamismo salvador será radical y total, de toda la persona. De ese modo lo muestran los primeros signos de este Reino anunciado por Jesús, liberadores de la ignorancia, opresión, dolor enfermedad, muerte y dominio de Satanás.

Pero este Reino es una realidad dinámica dentro de la historia de la salvación: presente y futura a la vez. En el presente, se manifiesta con el perdón que nos obtiene la filiación y la fraternidad. En el futuro, se consumará con la parusía de Jesús. Por tanto, por un lado es un don y por otro implica la cooperación del ser humano para recibirlo. Entre presente y futuro se sitúa la Eucaristía, como signo y como garantía.

2.3  Los agentes del Reino

Son Dios y Jesús. Al ser humano sólo se le pide recibirlo. Dios es el sujeto de la acción del verbo “reinar”. Él lo promete, lo revela, lo realiza y dispone de él.

Jesús se distingue del Reino pero a la vez se identifica dinámicamente con él. Primero porque su acción con signos y palabras está al servicio del Reino. Segundo porque Él es el enviado que lo realiza en su persona. Se convierte así en la personificación del Reino. Este ya no es una teoría abstracta ni un proyecto, sino una persona. Por tanto, recibirle es recibir el Reino.

Mc subraya este aspecto cristológico y presenta a Jesús compartiendo la “gloria” o poder salvador del Padre. En Mc tiene muchos aspectos comunes Jesús, Evangelio y Reino de Dios.

2.4  Ética del Reino

Al ser humano, como hemos dicho, se le pide colaboración: dejarse “dominar” y transformar por Dios. Implica conversión y fe.

El discipulado explícito es una forma histórica concreta de acoger el Reino. Requiere vivir la filiación (con referencia al Padre) y la fraternidad (en Jesús) y todas las implicaciones morales que conllevan. Vivir así condiciona el conocimiento de Jesús y su seguimiento hasta la muerte y resurrección.

La ética del reino consiste pues en realizar todo lo que favorezca esta filiación y fraternidad.

2.5  Los signos del Reino

La proclamación del Reino por parte de Jesús consta de palabras y signos. La finalidad de estos signos es explicar su obra, comenzarla y garantizar su pleno cumplimiento en el futuro. Entre estos signos están principalmente los milagros, pero igualmente el perdón de los pecados y las vocaciones revelan el Reino.

En Mc tienen mucha importancia los milagros y ocupan un lugar privilegiado en la revelación del Reino. Se pueden clasificar del siguiente modo:

a) Exorcismos

(1,23-27; 3,23-27; 5,1-20)

Muestran que Jesús-Cristo, poseedor del Espíritu, es el más fuerte que vence a Satanás y a sus demonios, última causa teológica de todos los males. No hay ya ningún mal que Jesús no pueda vencer. Los suyos deben colaborar con Él en esta lucha hasta la victoria final.

b) Curaciones

(1,29-31.40-45; 3,1-5; 5,25-34; 7,24-30.31-37; 8,22-26; 10,46-52)

Son signos que muestran la destrucción de la enfermedad y el dolor. También la revivificación de un muerto es signo de poder sobre la muerte (5,21-34.35-43). En algunos casos no sólo queda en victoria sobre el cuerpo sino que alcanza a toda la persona (2,1-12).

c) Milagros sobre la naturaleza

Estos signos revelan a Jesús como Señor de la creación y, por tanto, el alcance cósmico del dinamismo del Reino.

Señalemos algunos aspectos importantes sobre el hecho redaccional de los milagros en Mc:

  • Los relatos sobre milagros en Mc son, por lo general, histórico-tradicionales, y no son meras creaciones helenísticas. Se remontan a hechos de Jesús que funcionaron como signos en el contexto socio-religioso en que actuó y que fueron transmitidos posteriormente por la tradición.
  • La tradición trasmisora es de tipo catequética, siguiendo las formas narrativas propias de ambientes palestinenses y helenistas.
  • Mc respeta sustancialmente sus fuentes.
  • Mc usa en su catequesis la tradición sobre los milagros no tanto para ilustrar el evangelio, sino porque éstos forman parte del mismo y los presenta positivamente como signos eficaces y pedagógicos de la presencia del Reino de Dios y como garantía de su plena realización en el futuro. Además, integrados junto a la tradición de la pasión-muerte-resurrección, pues el Jesús de los milagros es el mismo que llevará a plenitud el Reino.
  • Se percibe que Mc tiene reservas ante los milagros por miedo a que puedan llevar a una fe mágica en un Cristo milagrero. Pero, para Mc, los milagros son esencialmente signos y por eso los presenta habitualmente en contexto de enseñanza de Jesús. Son a la vez signos de debilidad y por eso los presenta en contexto de secreto y de limitación: Jesús no hace nada en beneficio propio y, además, se siente impotente ante la falta de fe de los hombres.

Pero, como decíamos, además de los milagros, también son signos de este Reino el perdón de los pecados y las vocaciones.

a) El perdón de los pecados

(2,1-12.13-17)

Muestra que el Reino de Dios, ya presente, es liberación radical y transformación del corazón del ser humano.

b) Las vocaciones

(1,16-20; 2,13-14)

Muestran que el Reino es nueva fraternidad en torno a Jesús-Cristo. La vocación de los Doce (3,13-19) muestra el deseo de Jesús de fundar el nuevo Israel en torno a sí.

Así, pues, estos signos de Jesús tienen un carácter escatológico y cristológico, revelando el Reino de Dios y el misterio de su persona.

3. Hijo de Dios

El Jesús-Cristo de Mc es divino. Es importante señalar cómo el evangelio comienza mencionando este título y de nuevo aparece al final en labios del centurión al pie de la cruz (15,39).

3.1  La idea de Dios en Marcos

Mc es hijo de su época. Su idea de Dios es la misma de la teología judía contemporánea. Es el Único, el Poderoso, el Creador del mundo, el Bueno, la Vida. Crea la historia de la salvación, promete el Reino, perdona, ordena nuestra convivencia con los mandamientos.

3.2  Jesús el Hijo

La novedad que presenta Mc está en mostrar a Jesús dentro de la esfera divina, compartida desde su condición filial respecto del Padre. Lo muestra como Hijo de Dios, tanto explícita como implícitamente.

Explícitamente:

  • anunciando que vendrá en la gloria del Padre (8,38);
  • en la parábola de los labradores homicidas (12,6);
  • el Hijo no sabe el día ni la hora, sino sólo el Padre (13,32);
  • la oración de Jesús: ¡Abba, Padre! (14,36);
  • ante el sanedrín, Jesús afirma ser el Hijo del Bendito (14,61).

Implícitamente son varias las pistas que ofrece Mc:

  • Jesús actúa como intérprete especial y único de la voluntad del Padre, contenida en la Ley.
  • Jesús se muestra como personificación del Reino de Dios.
  • Jesús muestra una relación y poder especial con el Templo.
  • Jesús Anuncia la Parusía compartiendo el poder de Dios.
  • El Padre reconoce a Jesús como Hijo-Siervo en el bautismo.
  • También los demonios llaman a Jesús Hijo de Dios.

Ser Hijo es tener una relación única, íntima y cordial con Dios, cuyo poder comparte y con cuya voluntad se identifica, realiza, proclama y defiende. Esto implica su misión en medio de los seres humanos, realizando esta voluntad poderosa de Dios pero mediante el camino de la debilidad que expresa la auto-donación divina.

3.3  Jesús, Dios oculto o la “epifanía oculta” del Hijo de Dios

Mc presenta la revelación de Jesús como una manifestación velada. Quiere respetar la libertad humana para aceptarle o rechazarle. Jesús muestra su carácter divino viviendo una auténtica existencia humana que acabará en un fracaso revelador. Todo esto supuso, por un lado, la incredulidad y el rechazo de los dirigentes y de la mayoría del pueblo y, por otro lado, la fe, aunque débil, de una parte de sus discípulos. Para este aspecto fundamental de la cristología marquiana, el autor se sirve de diversos motivos y temas:

  • el nombre con el que le designa: Jesús (Dios-salva);
  • la predicación en parábolas (medio que no deja de ser ambiguo) para que el pueblo “no crea”, pues Dios ya contaba con ello en su plan de salvación (4,10-12.33-34);
  • la revelación trágica que tuvo la obra de Jesús: abandono progresivo de los distintos sectores del pueblo, traición y abandono de sus discípulos, crucifixión que se convierte en el momento más revelador de su anonadamiento;
  • el título de “Hijo del hombre”;
  • y el llamado “secreto mesiánico”.

4. Hijo del Hombre

Jesús asume y se da así mismo este título. Es la designación más frecuente de Jesús y siempre en sus labios. En 2 ocasiones referido a su ministerio, en 9 a su muerte y resurrección, y en 3 a su parusía. Fuera de los evangelios sólo aparece en 4 ocasiones en Hch, Ap, Heb.

Gramaticalmente la fórmula equivale a “el humano” o “el hombre”. En tiempo de Jesús, en el ambiente judío, se usaba con una connotación de solidaridad, a veces negativa pero nunca como expresión religiosa o mesiánica. Dn 7 lo usa con sentido individual-colectivo, pero aplicado alegóricamente al Israel humillado. Sólo 1 Hen y 4 Esd (pertenecientes a la literatura apócrifa del AT) lo usan en sentido mesiánico individual.

Mc usa este título para presentar a Jesús como un hombre especial, capacitado con un poder divino de salvación que ejerce en debilidad, dando su propia vida, pero que resucita y finalmente, en su parusía, será restablecido públicamente por Dios. Jesús camina poderoso en la debilidad con el fin de congregar al pueblo escatológico de Dios.

Para valorar este título, debemos entenderlo a la luz del título de “Siervo de YHWH” y hemos de referirlo al ministerio de Jesús, a su pasión-muerte-resurrección y parusía. Parece que Jesús prefiere este título al de “Cristo” (Mesías) por ser menos político, por tener un carácter individual-corporativo, por aludir al carácter humano de su obra y por aludir al carácter de enviado escatológico resarcido por Dios.

Podemos afirmar que Mc representa una nueva etapa en el uso de este título que desarrolla con características propias la línea de Dan 7 y 1 Hen/4 Esd. Lo emplea como una explicación del título Cristo (Mesías). El sentido primario no sería escatológico, sino el de elegido de Dios, fiel y obediente a su misión, pero perseguido, por lo que será desagraviado y recompensado. Todas las perícopas en que se usa este título tienen dos características comunes: 1º defienden la autoridad que ejerce Jesús, aceptada y rechazada por unos y por otros, pero que será rehabilitada y reconocida por todos en el futuro; y 2º tiene un significado corporativo, pues es poder en beneficio de otros.

5. El secreto mesiánico

Entre los exegetas, se ha discutido mucho sobre el sentido de este aspecto de la obra.

Según Mc, Jesús impone varios tipos de silencios: a los demonios (éstos le obedecen), a sus discípulos sobre su mesianismo y también en la transfiguración (igualmente obedecen), y asimismo a algunos testigos de algunos de los signos con carácter mesiánico que hace (pero éstos no obedecen).

La razón de dicho secreto podría estar fundada en motivos históricos y teológicos, en cuanto que tiene interés para nosotros.

Desde el punto de vista histórico, habría que distinguir el secreto de los milagros del secreto propiamente mesiánico. El primero no es estrictamente histórico, aunque está fundado sobre las reticencias de Jesús ante las reacciones de los testigos de sus signos. El segundo sí es histórico y responde a las reticencias de Jesús ante los títulos “Cristo” (Mesías) e “Hijo de David”, que son ambiguos en el entendimiento de la gente.

Desde el punto de vista catequético, el motivo parece relacionado con la epifanía oculta de Jesús y las reacciones ante ella. 1º En cuanto al secreto de los demonios, pensemos que éstos están dotados de un conocimiento especial de la naturaleza profunda de Jesús, el cual les ordena silencio al respecto. 2º En cuanto al secreto de los milagros, parece sugerir el querer evitar que el pueblo se quede en lo meramente espectacular de estos signos sin que, con ello, no puedan llegar al conocimiento más auténtico de Jesús. 3º En cuanto el secreto ante el mesianismo, Mc parece sugerir que hemos de imitar a los discípulos que obedecen al respecto, perseverando en el seguimiento de Jesús, aunque aún no comprendamos plenamente y también podamos fallarle como ellos.

6. Discipulado. Eclesiología

Mc menciona dos grupos de seguidores de Jesús: los discípulos y los Doce. Distingue estos dos grupos porque así lo ha recibido de la tradición. Pero esta separación no es radical. De hecho, a veces se dirige a los Doce usando el término discípulos. Ambos están íntimamente relacionados y a la vez son separables.

6.1  Los discípulos y los Doce

Tienen dos características comunes:

a) Son un grupo cristológico al servicio del Reino

  • Proceden de la iniciativa gratuita de Jesús que los llama.
  • Su misma existencia tiene alcance cristológico y revela las pretensiones de Jesús.
  • Llamados para seguir a una persona que tiene un proyecto salvador.
  • Están identificados con la misión de Jesús al servicio del Reino.
  • Están unidos íntimamente a Jesús y entre ellos, formando una nueva fraternidad, con carácter misionero. Forman lo que podríamos llamar un “grupo-signo”.
  • Esta tarea la han de realizar a pesar de la incredulidad de los demás, pues se juegan su futuro escatológico.

b) El conocimiento de Jesús

En su calidad de discípulos, su tarea principal consiste en aprender del Maestro al que siguen. Son testigos de las palabras y obras de Jesús y de las reacciones de sus oyentes. Habrán de ir profundizando día a día hasta llegar a conocer la identidad de Jesús y su forma de actuar.

Mc señala a los discípulos una doble meta de conocimiento: el mesianismo y la divinidad de Jesús.

6.2  Los doce

Además de tener las características del discípulo, este grupo tiene algunas propias.

  • Han sido llamados y constituidos como grupo gratuita y libremente por Jesús. Son signo cristológico especial porque revelan de un modo peculiar las pretensiones de Jesús como Mesías que congrega al Israel escatológico. Son testigos especiales porque fueron llamados los primeros a estar con Él.
  • Tienen una misión especial. Comparten la misión con Jesús de anunciar el Reino pero con el poder añadido de expulsar demonios. Reciben el poder de Jesús para esta misión.

Así pues, los Doce tienen dos facetas: 1ª son modelo positivo y negativo de todos los discípulos; 2ª han recibido una tarea misionera especial, que realizan en virtud del poder y autoridad que Jesús les ha dado.

6.3  El grupo de los tres

Son Pedro, Santiago y Juan. Aparecen en Mc como prototipos de los Doce. Siendo testigos de Jesús, tuvieron experiencias especiales de su misión y destino: ante la curación de la hija de Jairo (5,37s); en la transfiguración (9,2.7); en Getsemaní (14,33).

6.4  Pedro

a) Imagen de Pedro

En el evangelio de Mc y después de Jesús, Simón–Pedro es la persona más relevante dentro del grupo de los Doce y de los discípulos. Mc le nombra 24 veces. En 3,16 indica el nombre nuevo que Jesús le da a Simón.

Hay cuatro episodios centrados en él: 1º confesión de Cesarea (8,27-30) y el reproche que le hace Jesús (8,31-33); 2º anuncio de la negación (14,26-31); 3º reprochado de nuevo en Getsemaní (14,37) y 4º la negación (14,66-72). Por otro lado, también Pedro aparece nombrado en primer lugar en todas las enumeraciones, presentándole así como el miembro más característico del grupo. Es portavoz y representante del grupo, manifestando lo que hacen o piensan los demás. Por eso a veces, cuando Pedro expone algo, la respuesta de Jesús va dirigida al grupo.

b) Valor de esta imagen

Los especialistas de Mc discuten sobre el valor positivo o negativo que ofrece el evangelista de la figura de Pedro. Depende de la interpretación global del evangelio y especialmente del discipulado. La imagen de Pedro no es independiente; está ligada a Jesús, al Reino, a los Doce, al discipulado y a la misión.

Hay dos posturas al respecto:

  • Anti-petrinos. La imagen sería negativa. Unos creen que Mc podría estar exponiendo el punto de vista helenista-cristiano y ve en Pedro al tipo del judeo-cristianismo. Otros que Mc expone el punto de vista judeo-cristiano que condena una actitud aperturista tipificada en Pedro. Y otros que Mc tipifica y condena en Pedro el punto de vista helenista.
  • Pro-petrinos. La mayoría de los exegetas opinan que la imagen es positiva, aunque no se puede negar los aspectos negativos que contiene. Es cierto que Mc es el que da la imagen menos favorable de todos los evangelios. Lo cierto es que Mc presenta a Pedro, por una parte, como modelo o tipo de discipulado y, por otra, como tipo de los responsables de la comunidad, llamados y elegidos por Jesús, al que acompañan y al que no llegan a conocer hasta el final.

6.5  Eclesiología

Para Mc, la Iglesia es una realidad escatológica, cristológica y misionera.

a) Escatológica

Porque nace como signo del Reino que ya ha comenzado con la actividad de Jesús y tiende a la participación plena de la salvación del Reino con Jesús. Se trata, pues, de la nueva familia escatológica, del Israel escatológico.

b) Cristológica

Porque se realiza eminentemente por Jesús. Jesús es el que llama a formar parte de ella, siguiéndole como discípulos, convirtiéndonos en su familia, haciendo su voluntad, estando con Él compartiendo su vida y reconociéndole como cumplimiento de la promesa, identificándonos con su persona y su proyecto.

c) Misionera

La Iglesia ha de significar la presencia del Reino y las pretensiones misioneras de Jesús. Sus miembros, además, son testigos y han de colaborar con su obra, dando testimonio con acciones y palabras.

Pero no se puede ser misionero sin conocer, convivir y seguir a Jesús, viviendo fraternalmente. Por tanto, es necesario vivir la ética del Reino, la cual condiciona el conocimiento de Jesús y la vida fraternal. Esta ética es necesaria, pues la comunidad siempre está expuesta a los peligros de la división y la incomprensión.

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Seremos tentados. Reflexiones sobre Mateo 4, 1-11 (1er. Domingo de Cuaresma)

Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.»

Mas él respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»

Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo,
y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna.»
Jesús le dijo: «También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios.»

Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, y le dice: «Todo esto te daré si postrándote me adoras.»
Dícele entonces Jesús: «Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto.»

Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.

Los evangelios de esta Cuaresma del Ciclo A tendrán como trasfondo cinco lugares a los que nos convocan estos domingos de Cuaresma. El desierto de Judea, la montaña de la transfiguración, el pozo de Siquem, la alberca de Siloé y la tumba de Lázaro.

El corazón de las lectura de hoy gira en torno a la tentación, en torno a la posibilidad de elegir sabiendo que existe la seducción constitutiva de todo acto volitivo del hombre. Este saber elegir es lo que Jesús entendía como la voluntad del Padre, y para nosotros supone el “hágase tu voluntad”. No obstante, el escenario el desierto no es un lugar de tentación, sino un lugar de encuentro con Dios. Es el espacio para que se desvele la lucidez tierna de Dios que ilumina la respuesta a la tentación. Recordemos al profeta Oseas cuando decía: “la llevaré al desierto, y le hablaré al corazón”. (2,14).

Jesús trayecta los caminos de nuestra historia y en ella es tentado. Nuestro estar-en-el-mundo supone embutirnos en una atmósfera de fascinación por todo lo que nos rodea. Los discípulos de Jesús, ya desde el comienzo, no quisieron olvidar los conflictos que vivenció el Mesías para mantenerse siempre fiel al Padre. En estos vieron, y nos invitan a ver, toda una fuente de inspiración y aprendizaje. Tomar la decisión de seguir a Jesús y enfocarnos hacia su Reino permaneciendo proyectados hacia este horizonte requiere voluntad de conciencia sobre la crudeza y aridez del camino y la seducciones de un mundo que nos tira y descentra hacia otros senderos nada evangélicos.

Todo este relato de Mateo esta preñado de símbolos e imágenes de la A.T.. Jesús atraviesa cuarenta días en  el desierto que nos recuerdan los cuarenta años del pueblo de Israel hasta alcanzar la tierra prometida. Las claves de lectura nos las da Jesús con la citas bíblicas en cada una de las tentaciones. Así, Jesús es tentado desde las distintas concepciones mesiánicas:

  • El pueblo con hambre en el desierto y la necesidad de un mesianismo materialista y sólo social: al que responde Jesús con la cita del Deuteronomio: “no sólo de pan vive el ser humano”.
  • Un mesianismo espectacular y mágico: cuando el Pueblo ponía a Dios a prueba, no confiando en su palabra y reclamaba a Moisés agua de la roca, de donde hacía salir agua. Jesús responde con un versículo del Deuteronomio que comenta el relato de Masá.
  • Contesta con una frase del Deuteronomio  (6, 13) ante la tentación del poder y prestigio: es el mesianismo político. La dominación de los pueblos y naciones. El escalar poder y pisotear al prójimo obedeciendo a las vigencias de lo “vale”.

Jesús rechaza cristalinamente cualquier tentación mesiánica. Las propuestas mesiánicas que existían las tenía presente el pueblo. El Mesías del reino tenía otros caminos, era fácil después de una multiplicación de los panes que le quisieran hacer rey.

Vivimos rodeados de estímulos que no nos ayudan a discernir adecuadamente qué es lo que es de Dios, qué es lo que Dios quiere de nosotros. Hay demasiados cantos de sirena a nuestro alrededor, y la clave está en no olvidar aquello que Jesús repite: “está escrito”, o, lo que es lo mismo, ¿qué es lo que Dios quiere? ¿Cuál es su proyecto?¿Qué papel juego en él? ¿Qué me desvía de este horizonte?

Las dos tentaciones primeras tocan aquello que responde a nuestro mundo sensible. El hedonismo que nos empuja a buscar lo más cómodo, lo más fácil, lo más agradable, creyendo que ahí está la felicidad. El bienestar, la comodidad, el resultado fácil y espectacular se ha convertido en una forma de vida que organiza la sociedad. La llamada de Jesús nos puede ayudar a tomar más conciencia de que no sólo de bienestar vive el ser humano.

El hombre necesita también cultivar el espíritu, conocer el amor y la amistad, desarrollar la solidaridad con los que sufren, mirar su interior con empatía y responsabilidad. Abrirse al misterio último de la vida con esperanza. Eso lleva también a la austeridad, a tener menos para que otros por lo menos puedan tener un poco de dignidad.  A que hagamos milagros nosotros y no pedírselos a Dios para quedarnos en nuestro bienestar.

La tercera tentación toca algo que hace cambiar tanto a las personas cuando se acercan: el poder. Cuánta gente hemos visto cambiar cuando tocan poder. Cuánta gente se vende por un poco de poder o prestigio. Ser más que los demás. Ser considerados mejores. Cuánta prepotencia cuando estamos encima de la ola y rodeados de aduladores que mendigan un poquito de poder, un poquito de yo soy, yo conozco, yo sé, yo estoy y damos el salto por encima del resto.

Fueron tentaciones de Jesús. Son tentaciones de la Iglesia, es decir, las tentaciones de cada uno de nosotros los creyentes. Jesús nos pone en guardia, seguirle es tomar el rumbo con firmeza, pero la seducción de los valores de este mundo está en cada paso que damos, necesitamos la fuerza del Espíritu, el discernimiento, la comunidad para dar paso de fidelidad como Jesús.

Es siguiendo sus huellas como podemos “sobrevolar” las tentaciones de las vigencias de este mundo, pidamos la gracia para poder sobrellevarlas.

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Postal de Miércoles de Ceniza

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Cristo en el Desierto (1872), Ivan Kramskói

En 1872 Kramskói realiza la que quizá sea su pintura más célebre y que ocupa un lugar importantísimo en el arte ruso de la segunda mitad del siglo XIX : “Cristo en el desierto”. Continuando con la tradición humanística de Aleksandr Ivánov, Kramskói trata una escena bíblica (tema tradicional en el arte) dando al motivo una especial profundidad moral y filosófica. Sobre este lienzo Lev Tolstói dijo que era el mejor retrato de Cristo que nunca hubiera contemplado.

Con esta visceral pintura me gustaría invitarles a comenzar este tiempo de Cuaresma. Un tiempo serio, pero no en plan “valle de lágrimas” y con amarguras. ¡No! “Serio” por lo que nos trae entre manos, es decir, la salida de nuestro Egipto de esclavitudes y ataduras. Nos enfocamos hacia nuestro horizonte de Libertad Pascual. Nos enfocamos hacia nuestra plenificación en Cristo, no imitándole, sino identificándonos con Él. Es decir, el horizonte que nos da sentido es vivir una fe auténtica, y la sólida seguridad de la fe implica reconocerse radicalmente “pobre” y “desnudo” de todo bien real y caer en la cuenta de que se ha venido enfocando la vida en una orientación de “pecado”. Y pecado es juzgar duramente a los demás, no actuar desde el altruismo absoluto y por el bien objetivo, enfocarse por la apropiación egoísta de hacerse con el bien ajeno y de vivir privilegiadamente, incluso a costa del prójimo. El pecado básico que más aleja de la comunicación absoluta con Dios es vivir instalado en la mentira y el orgullo. Es bien triste haber atravesado la trayectoria vital y darse cuenta al final de que se ha vivido una mentira… ¡de esta mentira es de la que nos tenemos que liberar!

Parece que con frecuencia confundimos amargura con espiritualidad. Ayunar no consiste en poner cara de pocos amigos. Privarnos de un poco de comida no nos hace santos, ¿acaso está la santidad en el estómago? ¡Que no! ¡Que no hay que coger el rábano por las hojas! Liberarnos, el éxodo y el desembarazarnos de una vida fundamentada en la mentira  no es motivo de amargura, ¡sino de alegría! La alegría de vernos caminar hacia las alegrías de la Pascua. La alegría de ver nuestro corazón de piedra hecho carne, ¡y poder amar al prójimo de verdad… como si se nos “escapase”!

La Cuaresma implica compromiso, sin duda, pero también la alegría de un camino. No demos la impresión de estar siempre con dolor de estómago.

Si se ayuna, mejor no hacerlo en plan farisaico, mejor que no te vean. Mejor evitar golpecitos triunfalistas en el pecho. Y si se ayuna, que se ayune de verdad, que sea ayuno de Vida y Libertad; el genuino ayuno es hacer más felices a los otros, aunque tengamos que privarnos de algo nuestro. Tal y como lo entendía santa Teresa de Lisieux: “Mis mortificaciones consistían en romper mi voluntad, siempre dispuesta a imponerse; en no replicar; en hacer pequeños servicios sin darle importancia”. O bien: “Si me cogen una cosa de mi uso, no debo dar a entender que lo siento, sino, al contrario, mostrarme feliz de que me hayan desembarazado de ella”. Estos rasgos tan insignificantes nos revelan la delicadeza de su caridad y la esencia de toda verdadera mortificación. Y nos enseñan que esta virtud implica el olvido propio, que es lo que de ordinario nos falta y lo que no terminamos de entender con el “ayuno”. Aun en el deseo de practicar la caridad nos mueve a veces el secreto afán de parecer caritativos. Hay que aventurarse a elegir el bien altruista por amor al otro. Me gustaría invitarles a amar al prójimo desde las entrañas, desde el núcleo de nuestros ser. Si me amáis, guardaréis mis mandamientos (Jn 14, 95). Esto os mando: que os améis unos a otros (Jn 15, 17). Mis mandamientos se reducen a uno: amaos los unos a los otros. Estos dos amores, amor de Dios y amor del prójimo, son inseparables.

Así lo vislumbró santa Teresa de Lisieux, que nos dice: “Procuraba ante todo amar a Dios, y amándole a El comprendí el deber de la caridad en toda su extensión”. “Cuando más unida estoy a Jesús, más amo a todas mis Hermanas”. Había comprendido a su Maestro. Jesús ama a Dios su Padre, y en virtud de ese amor ama también a los hombres, porque el Padre los ama, y se entrega por ellos. Quien dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso (1 Jn. 4, 20). La razón es muy sencilla: ¿Pues quien no ama al prójimo a quien ve, cómo amará a Dios, a quien no ve?

¡Alegre Cuaresma!

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