Notas sobre la alteridad en Feuerbach

feuerbach-e1335232834779Muy buenas socios. Es importante comenzar la semana con buen pie, y por eso aquí les traigo material para ir rumiando estos días. Esta vez el tema será la filosofía de la praxis, trataremos específicamente sobre la alteridad en Feuerbach. Aprovechando las breves reflexiones recientes sobre Nietzsche, uno de los maestros de la sospecha, me ha parecido oportuno este ensayo publicado en la revista Pensamiento 193 (1993), pp. 117-130 por Antonio González Fernández.

¡Salud y a disfrutar!
Jasso Seguir leyendo

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Nietzscheanas

9-1Dice Nietzsche que “[a] partir de su pesimismo Schopenhauer tenía completo derecho a dejar como única virtud la compasión: con ella es con la que más enérgicamente se fomenta de hecho la negación de la voluntad de vivir. La compasión, la caritas, al permitir a los deprimidos y a los débiles seguir viviendo y tener descendencia obstaculiza las leyes naturales de la evolución: acelera la decadencia, destruye la especie — niega la vida. ¿Por qué las otras especies animales permaneces sanas? Porque carecen de compasión”.

¿Será verdad? Sin duda un cierto grado de compasión favorece a la especie, y vista así podría decirse incluso que es  algo “natural”.  Pero Nietzsche habla de otra tema aquí, o al menos de algo más hondo. Y creo que acierta, pues comprende la compasión cristiana como un sobre-exceso que la vida de ninguna forma puede admitir. En nombre mismo de la vida, el débil —es decir, el leproso, el sidoso, el deficiente, el malogrado— no deben seguir con vida. ¿Qué ha pasado para que una moral haya exigido compasión hacia los deshechos humanos? ¿Y en nombre de qué principio? ¿Qué hay por encima de la vida que exija nuestra entrega a quienes son triturados por ella sin compasión? ¿Qué “divinidad” puede haber en el que padece la mayor de las desgracias y aun seguir siendo divina?

Hay que leer a Nietzsche. Y hay que admitir la obviedad y honestidad de lo que nos está tratando de decir, al menos si queremos comprender que un dios que se identifique con la fuerza vital no tiene el suficiente poder como para obligarnos a la caridad…

Sólo cabe librarnos de la inercia de lo demasiado humano abnegándonos al inviable mandato de un Dios que se encuentra en lo Último, esto es, más allá de cualquier mundo como la realidad misma de lo que, por su ultimidad, ni si quiera es o existe.

El poder y Dios son irreconciliables como el agua y el aceite. Pues el poder supone negar la alteridad, negar al otro. Donde hay poder el otro queda reducido a mero objeto de deseo o rechazo. Por eso la muerte de Dios y la voluntad de poder van de la mano.

Porque es fácil decir que no hay Dios; lo que no es tan fácil es creérselo y extraer las debidas consecuencias.

(Irish Murdoch)

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Bashō, Zizek, budismo y cruz

slavoj-zizek-copy-5Todos habremos disfrutado alguna vez del archiconocido haiku de Matsuo Bashō que dice así:

un viejo estanque
salta una rana
chapoteo

La escritura del haiku surge cuando se interrumpe el continuum de la vida al “ponérsela entre paréntesis” —como una suerte de epojé— con un gesto de lenguaje en un fragmento de la misma. Así ocurre que el poema patentiza mediante la palabra la presencia y la ausencia de su referente, sin relatar ni describir lo visto sino intentando mostrar la inmediatez de lo percibido. El haiku intenta expresar de la manera más pura y simple posibles las notas del acontecer de la cosa.

Y se consigue que un simple suceso ordinario se revele como lo que es: un suceso extraordinario, fuera de lo común.

Esto sólo pareciera posible donde lo que sucede es visto desde el fondo de la nada, desde la continua disolución de lo dado. El zen es capaz de educar una actitud fenomenológica absolutamente transformadora donde el sonido del chapoteo acontece al fundirse con el silencio de la eternidad.

Pero si llevamos esta actitud hasta sus últimas consecuencias, cosa que sólo puede hacerse si somos éticamente coherentes y honestos con lo que nos traemos entre manos, entonces hay que reconocer que también cabe este otro haiku compuesto por Zizek:

Fat body wiggling in front of me
The swing of my sword
Splash! – his blood …

Y por todo lo dicho un iluminado debería de ser capaz de ver el acontecimiento puro  también en los hechos más inhumanos. Y de ser así, entonces “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”.

El budismo zen soluciona el problema de la existencia, el cual no es otro que el dolor, con la nada del satori. Por decirlo en plan chabacano, metiendo los dedos en el enchufe del Nirvana re-descubrimos, en palabras de Willigis Jäger,

ese nivel [que] es como el océano al que siempre puedo volver de nuevo. Aquí me siento en casa, aún cuando como ola me quieran acometer los problemas, la duda, el enfado y el miedo. Es mi lugar de refugio y punto de partida. No necesito buscarle, simplemente miro hacia dentro. En ese Fondo originario siempre estoy en casa.

Tal vez el océano sea una solución para el desarraigo del hombre, pero no para la desgarradura de Dios. No se trata tanto de preguntarse a lo Kant qué podemos esperar como hombres, sino qué puede esperar Dios. Y no pareciera que Dios pueda esperar la paz de un océano amoroso y en calma. Porque no hay fondo originario o plenitud que valgan para esos padres que han visto morir a sus hijos antes de tiempo. Sólo su resurrección podría reparar el daño inconmensurable de su pérdida.

En cambio por la fe se experimenta la nada desde el dolor de los inocentes, pues  ese dolor reduce todo cuanto existe a nada. Y de ser así la nada no puede ser una solución, sino aquello que debe ser negado, aun irracionalmente,  pues no queda más remedio que hacerlo para dignificar una vida indiscutible. 

La muerte injusta de las víctimas del Mediterráneo no puede admitir como respuesta la disolución de la conciencia en un océano amoroso. Habría que ser demasiado cínico para sostener ésto.

Lo cierto es que cuanto más nos disolvemos en el océano como terroncitos de azúcar menos sensibles somos a los gritos de los ahogados que nos sacan, por molestos e irritantes, de nuestro enjabonamiento “espiritual”. La cuestión que está en juego realmente es si estamos obligados a responder ante ésto como si estuviera absolutamente en juego nuestra redención o condena o deberíamos aceptar que cada quien tiene su karma que purgar…

Por mi parte, no me atrevería a decir que la resistencia de los más de mil muertos en el Mediterráneo en lo que va de año a diluirse en el mar en el que se asfixian tenga que interpretarse como un error existencial.    Seguir leyendo

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Lyotard, Lacan, simulacros

lyotardNo deja de sorprender tanta contradicción y tanta ceguera en nuestra vida cotidiana. Se confirma una y otra vez la sentencia de San Pablo en su Carta a los Romanos: “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero”.  Difícilmente podría explicarse esta paradoja si no hubiese en todos nosotros una vida que se escapa  de nuestro control, desconocida casi por completo (es decir, “in-consciente’”), pero que es el verdadero motor que anima casi todo lo que nos pasa.

Y esta vida inconsciente moviliza nuestro deseo, que yace siempre incolmado y no importa cuántos objetos se devoren esta sed  permanece insaciada.

Lo más sorprendente de todo es que en la prosecución ardua, perseverante y cruel de nuestros objetos de deseo parecemos niños caprichosos dispuestos a satisfacernos con lo más inmediato y apetecible —y es precisamente uno de los síntomas más lapidarios de nuestro tiempo el ni si quiera poder diferenciar entre querencia y apetencia—, y en ello parece que se nos va la vida: nos tomamos demasiado en serio lo aparente y lo ilusorio, es decir, tomamos como real  la realidad “virtual” de los objetos transitorios de nuestro deseo incolmable. 

Y este deseo jamás colmado pareciera apuntar a cosas más densas, sabrosas y serias de las que normalmente perseguimos, pero esta búsqueda de realidades más hondas termina suplantada por lo no tan denso, sabroso y serio, aunque placentero y apetecible; igual que los niños que se contentan con chocolatinas o videojuegos agresivos y vacíos de todo contenido. Nos parecemos a Esaú vendiéndole a Jacob primogenituras por platos de lentejas…

Lyotard tuvo toda la razón al afirmar que la cultura postmoderna es una cultura del simulacro: vivimos, nos movemos y existimos en y por lo virtual y nadie queda satisfecho con la realidad, sino tan sólo con el simulado anhelo del simulacro.

Por eso las parejas son tan volátiles y se acaban. Tras cinco años o menos se percata uno de que “ya no la quiere”, que en verdad no se se la ha querido nunca y que en el fondo se la detesta. Y es que en realidad no nos enamoramos de la persona sino del simulacro.
Y el odio ahí queda, y se sigue actuando e incidiendo sobre el simulacro como si fuese real, la fantasía del “pecho malo”, de las “piernas con varices” y  queremos vengarnos del simulacro destruyendo todo lo posible al otro. Qué locura y qué peligro.

No resulta extraño que en la cultura del simulacro a cualquiera que diga que el emperador va desnudo se le rechace o se le ridiculice. Por eso son tan criticadas y relativizadas las obras de gente como Freud, Klein o Lacan hoy día, porque descubrieron los hilos y mecanismos del simulacro creado por nuestra innegable vida inconsciente. Por eso el arte del siglo XX consiste en simulación y el cine colocó estéticamente el simulacro como obra de arte real, aunque tan efímera como la música. Esta ha sido una de las aportaciones del siglo pasado.

Porque se fundamentan en lo simulado los filmes envejecen mal y sólo a los viejos nostálgicos les entusiasma rememorar a una joven Audrey Hepburn (y con ella recuerdan también su juventud).

Perseguir el bien obliga o tiende al menos a las realidades y no a los simulacros. Por eso la sociedad postmoderna fue amoral (y la tras-postmoderna o “líquida” sigue siéndolo):  la distinción entre bien y mal se ha esfumado como por arte de magia.  Pareciera que el simulacro y los deseos que despierta al carecer de entidad no dan pie a mal alguno y el bien que de éste surge no pasa de ser una gratificación momentánea y superficial.

Y muy pocos parecen estar dispuestos a renunciar a sus apetencias, ventajas, comodidades y lucros. Y es que en realidad, en el fondo, tenemos por bueno lo que gratifica y apetece y por malo lo molesto o lo que anula posibilidades de satisfacción inmediata, de reconocimiento, poder y vanagloria.

En el fondo reconocemos que algo huele a podrido en Dinamarca, que algo no marcha bien con lo que hacemos pero lo seguimos haciendo. He aquí la ambigüedad humana: Video meliora, proboque; deteriora sequor, que diría Ovidio (“apruebo lo mejor; hago lo peor”).

Seguimos lo peor, y lo peor es que no lo hacemos con mala saña, sino por mera inercia. Está uno como adormecido por el ambiente virtual que le rodea. ¿No se nota? Por eso cuando se dan testimonios de fe se emplean expresiones como “despertar”, “percatarse”, “tomar conciencia”, porque la propuesta de seguimiento de Jesús corta de raíz esa tendencia tan nuestra a la ambigüedad: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama” (Mt 12, 13). Y cuando despertamos nos pasa como a Francisco de Borja, que juró “no más servir a señor que se me pueda morir” al ver el cadáver de Isabel de Portugal.

Y sería estúpido y cínico afirmar que la búsqueda del amor propio, del querer y del interés nos puede realizar como hombres en sociedad. Porque el hombre es social 8esto ya lo decía Aristóteles) y tiende hacia fines y valores comunes —dentro de un contexto y marco sociocultural determinado—, en cuya realización consiste la realización humana. Cada uno de los hombres en particular está, sin embargo, configurados de modo diverso, dada su individualidad. El individuo particular no puede alcanzar los fines generales comunes a causa de las limitaciones de su propia individualidad; por eso necesita de la colaboración de los demás hombres para que, enriquecido con su ayuda, pueda superar los propios límites y alcanzar la perfección humana. Es decir, que la búsqueda del bien objetivo y común nos realiza a todos. 

¿Por qué empeñarse en una vida centrada en el amor propio entonces? ¿Y para qué? ¿Qué gana la realidad total con nuestro consumo de “naderías” por decirlo con palabras de Juan de la Cruz, no haciendo nada de valor  y dejando en la nada de su indigencia al miserable? Que la búsqueda de nuestra realización es ardua y está sembrada de autoengaños y de trampas es indiscutible, y que causa  pavor jugársela realmente por los demás nadie lo negará, pero  si no se intenta ni siquiera hay posibilidad de conseguirlo y de lograrse uno como viviente humano. Así que vale la pena por lo menos el desear desearlo.

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Mi recomendación bibliográfica para estudiar los evangelios sinópticos

Tras haber finalizado ya nuestros apuntes introductorios a los evangelios sinópticos y a Hechos, quizás lo más adecuado sea ahora proponer una bibliografía que sirva de orientación para ulteriores profundizaciones. He aquí un humilde intento, que nunca puede ser exhaustivo dado el abundante material que existe en este campo. Agradezco cualquier recomendación que puedan ofrecerme para ampliar y mejorar esta lista.


Introducciones

  • Guijarro, S. Los cuatro evangelios, ed. Sígueme, Salamanca 2010.
  • Guijarro, S. – García, S., Comentario al Nuevo Testamento, La Casa de la Biblia, Madrid 19956.
  • Brown, R. E., Introducción al Nuevo Testamento, vol I., ed. Trotta, Madrid 2003.
  • Gnilka, J., Teología del Nuevo Testamento, ed. Trotta, Madrid 1998.
  • Aguirre, R., – Rodríguez, A., Evangelios Sinópticos y Hechos de los apóstoles, IEB 6, ed. Verbo Divino, Estella 2003. (Hay una nueva versión actualizada y ampliada en el 2010).
  • Charpentier, E., Para leer el Nuevo Testamento, ed. Verbo Divino, Estella 1996.

Evangelio de Mateo

  • Luz, U., El Evangelio según S. Mateo I, BEB 74, ed. Sígueme, Salamanca 2001.

Evangelio de Marcos

  • Gnilka, J., El Evangelio según S. Marcos, BEB 55-56, ed. Sígueme, Salamanca 1986.

Evangelio de Lucas

  • Bovon, F. El Evangelio según san Lucas I, BEB 85, ed. Sígueme, Salamanca 1995.
  • Fitzmyer, J.A. El Evangelio según Lucas I, ed. Cristiandad, Madrid 1986.

Hechos de los Apóstoles

  • Fitzmyer, J. A., Los Hechos de los Apóstoles I, BEB 112, ed. Sígueme, Salamanca 2003.
  • González, J. Los Hechos de los Apóstoles y el mundo romano, ed. Verbo Divino, Estella 2002.
  • Roloff, J., Hechos de los apóstoles, ed. Cristiandad, Madrid 1984.

Complementos

  • Kloppernborg, J. S. Q. El Evangelio desconocido, ed. Sígueme, Salamanca 2005.
  • Malina, B.J. El mundo del Nuevo Testamento, ed. Verbo Divino, Estella 2009.
  • Malina, B.J. – Rohrbaugh, R.L. Los evangelios sinópticos y la cultura mediterránea del siglo I, ed. Verbo Divino, Estella 2010.
  • Santos Otero, Aurelio de. Los evangelios Apócrifos, ed. BAC 148, Madrid 1996.
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Postal de la festividad de la Asunción

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Detalle de Asunción de la Virgen, Correggio (1526-1530)

¡Con mis mejores deseos desde este blog para todos aquellos que festejen este día!

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La necesaria dosis nietzscheana para no hacer el tonto

neechsquare-e1534506887902.jpgEstoy aprovechando el verano para hacer una relectura de todas las obras de Nietzsche, no importándome demasiado si me alcanzará el tiempo o no para terminarlas todas. Lo importante es lo que que estoy redescubriendo con las lecturitas: que la sospecha de Nietzsche sigue siendo hoy día tanto urgente como necesaria para evitar hacer el tonto por la vida. Me explico.  Como es sabido, la cuestión de la verdad para este “maestro de la sospecha” (Ricoeur dixit), no es el problema (sustancialista) de qué hechos se adecúan a nuestras representaciones del mundo —como propone la famosa fórmula del Aquinate: veritas est adequatio intellectus et rei  sino la de quién necesita que dichas adecuaciones sean verdaderas. Lo que se sigue de esta sospecha psicológica es que el “sujeto” de la verdad no es alguien que se encuentra fuera del mundo dispuesto a contrastar empíricamente cuanto podamos decir de las cosas que surgen en las diferentes realidades de las cuales hemos de hacernos cargo. No. El sujeto de la verdad es alguien que precisamente se haya sujeto al entramado de verdades que presupone como dadas. Visto así, uno no posee la verdad, sino que se es poseído por ella. Ello apunta a que el sujeto está metido hasta las cejas en la creencia, y por ello el yo que se encuentra enfocado a la trascendencia no es el mismo que el yo que sostiene que no hay más que lo que se nos da.

Todo esto lo traigo a cuento porque hace poco hablaba con un creyente que estuvo un mes en Haití. Y a pesar de la fuerte experiencia que tuvo, este señor abrazaba de lleno la tesis de Marià Corbí, esto es, que lo que toca hoy día es una espiritualidad sin religión —a lo cual estoy parcialmente de acuerdo pues como decía Bonhoeffer el creyente real se haya etsi deus non daretur, como si Dios no existiera, es decir: toca ya deshacerse del Deus ex machina tapagujeros que nos resuelve la vida tan usado en la historia de la cristiandad—, pero se trata de una espiritualidad que persigue una volutad de purificación. Y lo que me pregunto yo es quién puede y desea afirmar que de lo que se trata en la “espiritualdad” es de purificarse o elevarse por los cielos del Nirvana. ¿Quién es este sujeto que necesita decirse que el cultivo de la cualidad humana depende de que podamos conectarnos con el espíritu (“Atman”) que sostiene cuanto es, suponiendo que benévolamente, que ya es mucho decir?

Pues los que pueden sostener esta verdad tan sólo son los que que pueden sentirse en este mundo agusto y como como en casa. Alguien que experimenta el mundo como opresión, asfixia, hambre o balas de plomo jamás podrá sostener una verdad así.

Lo siento, pero el viaje no te ha servido de mucho. Menos turismo solidario y más Nietzsche es lo que tal vez haga falta.

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The world is charged with the grandeur of God

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The world is charged with the grandeur of God.
    It will flame out, like shining from shook foil;
    It gathers to a greatness, like the ooze of oil
Crushed. Why do men then now not reck his rod?
Generations have trod, have trod, have trod;
    And all is seared with trade; bleared, smeared with toil;
    And wears man’s smudge and shares man’s smell: the soil
Is bare now, nor can foot feel, being shod.
And for all this, nature is never spent;
    There lives the dearest freshness deep down things;
And though the last lights off the black West went
    Oh, morning, at the brown brink eastward, springs —
Because the Holy Ghost over the bent

    World broods with warm breast and with ah! bright wings.

(Gerard Manley Hopkins, SJ)

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El anuncio del Evangelio

Traigo al fin la última entrada de nuestro taller sobre Hechos, que sería nuestra sexta entrega.

1.     MODOS DEL ANUNCIO

Lucas nos muestra en su obra el anuncio del Evangelio  principalmente por medio de varios discursos de Pedro (v.g. Hch 2,14-36) y Pablo (v.g. Hch 13,16-41). Pero también nos deja pequeños apuntes narrativos a los largo de su relato de la acción evangelizadora de los apóstoles y de los agentes pastorales y los efectos que producía en los oyentes (v.g. 17,1-4).

2.     AGENTES DEL ANUNCIO

Inicialmente, quienes asumen la misión de este anuncio son los apóstoles por mandato expreso del Señor (Hch 1,8). El anuncio lo hacen desde su condición de ‘testigos’ (martyres). Y son enviados hasta los confines del mundo. También habrá  otros discípulos y discípulas en esta misión universal.

Los dos grandes protagonistas serán Pedro y Pablo. De la tarea evangelizadora de éste último será del que más nos escriba Lucas. Pablo surge como un apóstol especial, llamado a la misión por el mismísimo Señor resucitado pero ya después de haber ascendido al cielo. Pablo no actuará de modo independiente. Su vínculo y comunión con los demás apóstoles se ve reflejado desde el principio (tras la conversión 9,26-28; consulta sobre la circuncisión de los paganos 15,2; acepta un consejo de Santiago 21,17-26).

Pero además vemos otros agentes importantes como el diácono Esteban, que rubricará su testimonio con el martirio (Hch 7). Y también el diácono Felipe (8,26-40). Incluso Apolo, antes de su encuentro con Priscila y Aquila (18,24-28).

Junto a Pablo surgirán colaboradores muy estrechos como Bernabé, Juan-Marcos, Silas, Timonteo, etc. Durante sus viajes misioneros irá también encomendando la misión, como responsables y profetas, a hombres y mujeres que continuarán su labor en las comunidades fundadas por él en las diversas ciudades.

Y luego Lucas da información breve de otros agentes que no son ya sólo de procedencia judía, sino también de convertidos del paganismo. De un modo u otro, todos los que van pasando a formar parte de las comunidades cristianas se van convirtiendo en mensajeros de la Buena Noticia, pero siempre vertebrados dentro de dichas comunidades organizadas y no como francotiradores.

3.     GARANTE DEL ANUNCIO

El garante, pues, de esta misión es Jesús resucitado y el Espíritu Santo que confiere a los apóstoles la fuerza necesaria para superar las múltiples pruebas y dificultades que conllevará el anuncio. Por tanto, no depende tanto de sus propias fuerzas sino más bien de la gracia de Dios y de su docilidad a la misma.

La acción del Espíritu es continua, convirtiéndose en protagonista del libro de los Hch. Muchas veces Pablo siente el impulso para ir o no ir a un lugar a anunciar (16,6-10). Seguir leyendo

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La comunidad ideal según los sumarios de Hch

Saludos, amigos. Continuamos con nuestro taller de Hechos. En el libro de los de los Hch se nos presentan tres resúmenes o sumario bien interesantes que nos hablan de las primeras comunidades. O bien reflejan el modo en que vivían, o bien el ideal que Lc plasmó como modelo para las comunidades venideras. Éstos están en 2,42-47, en 4,32-35 y en 5,12-16.

Iremos leyendo y analizando cada uno de los tres y sacando conclusiones que nos sean válidas para nuestras actuales comunidades.

1.     Primer sumario (2,42-47)

42

Es un versículo breve pero muy concentrado en cuanto a contenido. Describe la comunidad cristiana de Jerusalén con cuatro elementos: a) su adhesión a la «enseñanza de los apóstoles», b) «la forma de vida en común», c) «la fracción del pan» y d) «las oraciones».

1.1. LA ENSEÑANZA DE LOS APÓSTOLES

Los primeros discípulos y discípulas se aferraban fuertemente a la enseñanza de los apóstoles. Hay que distinguir tres términos: ‘didajé’ (enseñanza), ‘kerigma’ (anuncio de la muerte y resurrección de Jesús) y ‘katequeshis’ (la instrucción que se daba a los catecúmenos). La enseñanza (‘didajé’) es la base de la doctrina cristiana, edificada sobre la palabra y persona de Jesús y sobre la instrucción de los apóstoles. Era aquél conjunto de dichos y hechos de Jesús que enseñaban los discípulos, como testigos acreditados que eran. Sus testimonios daban seguridad de la veracidad del contenido anuncio de la Buena Noticia. Pensemos que, históricamente, aún no existía ninguno de los escritos del N. T. Las fuentes del mensaje estaban en los apóstoles y discípulos, testigos oculares de Jesús, desde el bautismo de Juan hasta la ascensión del Señor (Hch 1,21-22). Así pues, escuchar la enseñanza de los apóstoles era conectar con el mismo Señor Jesús, del cual habían recibido el poder del Espíritu Santo y la misión de anunciar el mensaje mediante el testimonio (Hch 1,8).

1.2. LA FORMA DE VIDA EN COMÚN

El término griego empleado para expresar esta realidad es la de ‘koinonía’, «comunión, (común-unión), fraternidad, alianza». Este término se usaba mucho en el mundo griego contemporáneo para describir varias relaciones íntimas entre personas, así como la forma de vida en común vivida por los seguidores de Pitágoras.

Nos hace recordar la vida del grupo de discípulos y discípulas durante la vida terrena de Jesús. No cabe duda, que la comunidad de después de la resurrección sigue el estilo de vida que ya marcara el Maestro durante su vida pública por los caminos de Galilea, Samaria y Judea. Por tanto, no se trata de un modo nuevo de vida provocado después de los acontecimientos pascuales, sino que simplemente, los discípulos siguen el modelo comunitario marcado por el mismo Jesús, pero esta vez fortalecidos y guiados por el Espíritu Santo.

1.3. LA FRACCIÓN DEL PAN

Esta expresión ya la había empleado Lucas en la primera parte de su obra, en el evangelio (Lc 24,30.35). Se trata de una fórmula abstracta que se convierte en la forma usual que Lucas tiene para referirse a la celebración eucarística entre los primeros cristianos.

Esta acción no se refiere al rito inicial de una comida judía en que el padre de familia cogía pan, daba gracias a Dios con una oración de bendición y lo repartía entre los miembros de su familia. Se refiere a la comida entera. Tampoco ha de entenderse simplemente como una comida de hermandad (ágape), ni una comida ordinaria. Sino que más bien parece que es el modo en que Lucas se refiere a la celebración de la Cena del Señor. Esta misma expresión la usará Pablo en 1Cor 10,16.

  1. LAS ORACIONES

Posiblemente se refiera a las oraciones que se hacían en el Templo de Jerusalén, en concreto las de la mañana y las de la tarde que acompañaban los sacrificios rituales. Pero también podría estarse refiriendo a oraciones específicas de los primeros cristianos. Estas oraciones eran expresión de la comunión con Dios, elemento importante de todo discípulo.

Es importante subrayar las primeras palabras del v. 42: «perseveraban asiduamente» indicando la tenacidad y constancia de la comunidad en estas actitudes descritas anteriormente. Así pues, podemos decir que era un grupo permanente, constante y perseverante.

2, 43 “Y toda alma es entrada en temor; y se obraban muchos prodigios y señales por medio de los apóstoles en Jerusalén; y un gran temor sobrecogía a todos”.

Este versículo muestra un hecho algo desconcertante: el sentimiento de temor a causa de los prodigios y señales que se hacían por medio de los apóstoles. No se trata tanto de un miedo servil, sino más bien de un temor reverencial. Se trata de una reacción común descrita en muchos pasajes de la Escritura como respuesta a algo que pertenece a la esfera de lo divino, ante la manifestación misma de lo divino. Se trata, pues, de una especie de mezcla entre temor y admiración.

Ya el apóstol Pedro, en el discurso que dirige a los congregados por el estruendo de Pentecostés, les habló de cómo Dios acreditó a Jesús con milagros, prodigios y señales (Hch 2,22). Así pues, parece que es ahora la comunidad la que es acreditada del mismo modo, como continuadora de la misión de Jesús.

Lucas quiere subrayar, pues, la continuidad de la acción de Jesús con la acción de sus apóstoles. Jesús seguirá actuando por medio de ellos.

44 “Y todos los que habían abrazado la fe vivían unidos, y tenían todas las cosas en común”

Todos los creyentes viven unidos y tenían todas las cosas en común. Una vez más recuerda al grupo de los discípulos y discípulas que siguieron al Maestro durante su vida terrena. De hecho, Judas, era el que llevaba la bolsa (la economía del grupo). No estamos ante nada nuevo, pero llama la atención el hecho de que el Espíritu de Jesús sigue impulsando a la comunidad a vivir del mismo modo que si estuviera Él presente físicamente.

45 “Y vendían las posesiones y los bienes, y las repartían entre todos, según que cada cual tenía necesidad”

No se especifica si era obligatorio para entrar en el grupo o si era voluntario, según el espíritu de generosidad de cada uno.

46 “Y día por día, asiduos en asistir unánimes al templo y, partiendo el pan en sus casas, tomaban el sustento con regocijo y sencillez de corazón”,

La mayoría de los cristianos de esta época eran procedentes del judaísmo. Aún  no se había dado la separación ‘oficial’ entre ellos. Así, pues, continuaban siendo judíos piadosos. Seguían acudiendo a diario al Templo de Jerusalén a las horas de oración y de los sacrificios (recordemos a Pedro y Juan en Hch 3,1).

De nuevo aparece la ‘fracción del pan’ que se refiere con mucha seguridad a la Eucaristía. Y después habla de tomar el sustento cotidiano o la comida, como hicieran tantas veces con el Maestro, con alegría y sencillez de corazón.

47 “alabando a Dios y hallando favor cabe todo el pueblo. Y el Señor iba diariamente agregando y reuniendo a los que se salvaban”

La alabanza a Dios se da no sólo en el templo, sino como una actitud que abarca todos los acontecimientos de la vida, como es el momento de la comida.

La armonía no sólo se da en el interior de la comunidad sino que es vista desde fuera y es causa de reconocimiento, respeto y estima de la gente.

Interesante es ver cómo el sumario cierra con la acción de Cristo resucitado. Él mismo en persona es el que va congregando a los salvados. Como dando a entender que, en el fondo de todas estas características de la comunidad se halla el mismo espíritu de Jesús.

2.     Segundo sumario (4,32-35)

Este resumen viene escrito después de que Pedro y Juan curasen en nombre de Jesús a un cojo de nacimiento en la puerta Hermosa del Templo. Pedro dice un discurso a todos los que han presenciado el milagro y el sanedrín manda sus soldados para apresarles e interrogarles. Pedro, lleno del Espíritu Santo, se defiende admirablemente ante el tribunal religioso. Después, la comunidad entorno a Pedro, unida por un mismo sentimiento, eleva una preciosa oración, produciéndose al final de la misma un nuevo Pentecostés.

En este sumario, Lucas presenta a la comunidad cristiana principalmente desde el punto de vista de la posesión en común de los bienes materiales. Entre medias, habría interpolado el v.33 que habla del testimonio sobre Cristo resucitado. Sigue sin quedar del todo claro si la posesión en común implicaba a dar los bienes voluntaria u obligatoriamente.

32 “La multitud de los que creyeron tenían un solo corazón y una sola alma, y ninguno decía ser propia suya cosa alguna de las que poseía, sino que para ellos todo era común”

Describe con poderosa fuerza la profunda unidad de la comunidad. “Todos a una”. Ya antes se ha manifestado dicha unidad en la oración (4,24). Es una unidad que nace de la fuerza del Espíritu y no de un esfuerzo de los miembros de dicha comunidad. Dicha unidad nace espontáneamente. Los discípulos y discípulas están aún viviendo una especie de luna de miel y se sienten llenos de la fuerza del Espíritu que les hace ser uno.

Lucas vuelve a presentarnos la comunión de bienes. No sólo se trata de una unión espiritual sino también material, tal y como aprendieron a vivirlo desde la estrecha convivencia con el Maestro durante su vida terrena.

33 “y con gran fortaleza daban los apóstoles el testimonio que se les había confiado de la resurrección del Señor Jesús. Y gozaban todos ellos de una grande gracia”.

Un aspecto importante de la comunidad es el del testimonio (‘marítyrion’). Parece reconectar con Hch 1,8 donde Jesús, antes de ascender encomienda al corazón de la comunidad el ser sus testigos hasta los confines del mundo, prometiéndoles la fuerza del Espíritu Santo que recibirían en Pentecostés.

Ellos habían experimentado la convivencia con Jesús resucitado durante cuarenta días. Esta experiencia, alentada por el Espíritu Santo, se convertiría en el motor del testimonio hasta el fin del mundo.

V.34-35 “Porque tampoco había entre ellos necesitado alguno; pues cuantos había propietarios de campos o casa, vendiéndolo, traían el producto de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles y se repartía, dando a cada cual según uno tenía necesidad”

Esta era una señal del despojo de los bienes materiales y del sacrificio que los primeros cristianos hacían unos por los otros en la ‘koinonía’ (comunión); era también una señal de su unanimidad (una ánima) y unidad de mente con los demás hermanos y hermanas cristianos.

Insistimos en que esto no quiere decir que todos daban sus posesiones o que ésta era una práctica universal.

Por otro lado, vemos cómo en estos inicios de la comunidad, los apóstoles eran los administradores de la comunidad y también, en los casos de más necesidad, los que distribuían la limosna. También se deduce de este versículo que la necesidad no era igual para todos; pero tampoco se especifica en qué consistía esa necesidad. [Ya en el grupo de los seguidores del Jesús ‘terrestre’ de veía como se iban añadiendo al grupo de discípulos y discípulas, gentes de distintas condiciones, también gente más pudiente].

Son interesantes los dos ejemplos de conducta dentro de la comunidad que se exponen a continuación: el de José apodado Bernabé (Hch 4,36-37), como ejemplo positivo, y el de Ananías y Sáfira (Hch 5,1-11), como ejemplo negativo. Bernabé sacrificará la posesión de su campo en aras de la comunión, de la comunidad. Sin embargo, Ananías y Sáfira lo harán con engaño ni más ni menos que al mismísimo Espíritu Santo (Hch 5,3). ¿Acaso por aparentar ante la comunidad con un gesto de generosidad pero corrompido en su corazón por la codicia y la mentira? ¿Buscaban reputación y reconocimiento sin llegar a desprenderse totalmente de su posesión? Interesante el hecho de que Pedro les encara con la intención profunda de su corazón que está más en comunión con Satanás que con la comunidad. Dios sigue actuando en medio de la comunidad a través de los apóstoles (en este caso por medio de Pedro) para resolver una acción escandalosa. Es resuelto con un milagro punitivo (milagro normativo de castigo). Con el Espíritu santo y con la comunidad no se juega.

3.     Tercer sumario (5,12-16)

En este tercer sumario, Lucas se centra en la acción de los apóstoles. Ya no es sólo la acción de Pedro, sino de todos los demás apóstoles. Operan signos y milagros en medio del pueblo.

Se reunían en el pórtico de Salomón dentro del recinto del Templo. La comunidad sigue siendo eminentemente de procedencia judía. La realización de dichos signos y prodigios sigue siendo fruto del poder del Espíritu, prometido por Jesús antes de su ascensión y recibido en Pentecostés. Esta vez no se menciona la reacción de temor por parte del pueblo.

Nadie osaba unirse a ellos, ¿por temor?, ¿por falta de fe? La gente se haya a la expectativa ante algo extraordinario y aún no se ha dado lo necesario para el salto a la fe. La gente congregada aún no es cristiana. Sí obtienen los apóstoles una gran estima por parte del pueblo.

El v. 14 menciona como estos hombres y mujeres ‘iban siendo agregados como creyentes al Señor’. Ahora sí que estamos ante el influjo del Señor resucitado que es el que va a suscitar esa fe en el corazón de los presentes. Es la misma fuerza de Dios, el Espíritu Santo, la autora de los signos y prodigios y de infundir la fe en los corazones.

Otro aspecto importante es que la comunidad apostólica en este resumen se muestra especialmente abierta. Gana la confianza de la gente por su espíritu compasivo, especialmente hacia los enfermos.

Un hecho nuevo es que el poder curativo dimana de la ‘sombra’ de Pedro. Recordando Lc 1,35 en que el ángel anuncia a María que el poder del Altísimo le cubriría con su sombra, nos hace pensar en esta misma sombra de Pedro, lleno de Espíritu Santo, que ejerce esa fuerza curativa y eficaz que dimana de su persona. Ya nos sólo cura a los habitantes enfermos de Jerusalén, sino también a los de las ciudades circunvecinas que eran traídos a la presencia de los apóstoles. Éstos eran enfermos no sólo físicamente sino también los atormentados por espíritus inmundos. Se trataba de enfermos con enfermedades psíquicas y espirituales cuyas causas no se podían diagnosticas.

Así pues, la fuerza del Espíritu Santo no se queda en la comunidad, sino que también se benefician de Él los que no pertenecían a ella. Y esto provocaba el que fueran impulsados por el mismo Espíritu a abrazar la fe y a ser añadidos a la comunidad.

La comunidad, así, se convierte en fuente de vida y liberación a todos los que a ella se acercan. Y son, precisamente, los apóstoles, los llamados y enviados por el Señor, los portadores de esta fuerza vivificadora y sanadora.

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