Anuncios, y un poco de Joe Cuba – Bang Bang

Consciente de que tengo este blog abandonado, y de que la era blog está muerta —¡larga vida al blog!—, prometo poner en orden el material rapsódico de este espacio como es debido. Además, estoy preparando unas entradas sobre Chandrakirti (ca. 600-650), concretamente sobre su Madhyamakavatara, extensión esta de la filosofía de Nagarjuna, el Madhyamika, entradas que colgaré en las pestañas de los menús. También una breve introducción a Berkeley y un comentario sus Tres diálogos entre Hilas y Filonús. Por último, tal vez publique en estos meses una lectura de la Biblia entendida como objeto literario, con el fin de entender secularmente este texto que ha sido una de las columnas vertebrales de la identidad de Occidente.

Y no puedo despedirme sin antes compartirles este fantástico tema del «Padre del Boogaloo», Joe Cuba, Bang Bang:

¡Saludos!

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¿Cuál es la función del intelectual?

Pues, como antaño, la misma que Agustín de Hipona explica en sus Sermones:

“Corregir a los indisciplinados, confortar a los pusilánimes, sostener a los débiles, refutar a los adversarios, guardarse de los insidiosos, instruir a los ignorantes, estimular a los indolentes, aplacar a los pendencieros, moderar a los ambiciosos, animar a los desalentados, apaciguar a los contendientes, ayudar a los pobres, liberar a los oprimidos, mostrar aprobación a los buenos y [¡pobre de mí!] amar a todos” (Serm., 340, 3).

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MU (無)

Suele despertar la risa en ciertos sujetos la sugerencia de que no hay mundo, ni objetos, ni entes, ni sustancias, ni aprehensión alguna de algo determinado. Pero cualquiera que haya aunque sea ojeado un texto como el Sutra del Corazón, se percatará de que es esto mismo lo que se afirma:

Así pues, en el vacío, no existe el cuerpo,
ni las sensaciones, ni los pensamientos,
ni la voluntad, ni la conciencia.
No hay ojos, ni oídos,
ni nariz, ni lengua,
ni cuerpo, ni mente.
No hay sentido de la vista, ni del oído,
ni del olfato, ni del gusto,
ni del tacto, ni de la imaginación.
Nada puede verse o escucharse,
olerse o gustarse,
tocarse o imaginarse.

No obstante, a la mínima que se pregunte por la evidencia que justifica la suposición de un mundo o de cualquier aprehensión las risas comienzan a apagarse al no encontrar una respuesta tan clara, no desde el sentido común, sino desde el sentido crítico. Si tras leer esto tienes el feeling de que estas letras que lees en una pantalla han quedado aunque sea mínimamente des-realizadas, puede ser un buen momento para verificar lo que describe el Sutra del Corazón: ¡gate gate paragate parasamgate bodhi svaha!


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Dead man Switch – McAfee

Estoy sencillamente flipando con la muerte de este pavo. Si alguno de mis lectores quiere compartirme información aquí o por mi correo acerca de este «suicidio» y de su contexto, estaré más que encantado de leerle.

Gracias.

J.

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‘That Nature is a Heraclitean Fire and of the comfort of the Resurrection’, de Gerard Manley Hopkins

Cloud-puffball, torn tufts, tossed pillows | flaunt forth, then chevy on an air-
Built thoroughfare: heaven-roysterers, in gay-gangs | they throng; they glitter in marches.
Down roughcast, down dazzling whitewash, | wherever an elm arches,
Shivelights and shadowtackle ín long | lashes lace, lance, and pair.
Delightfully the bright wind boisterous | ropes, wrestles, beats earth bare
Of yestertempest’s creases; | in pool and rut peel parches
Squandering ooze to squeezed | dough, crust, dust; stanches, starches
Squadroned masks and manmarks | treadmire toil there
Footfretted in it. Million-fuelèd, | nature’s bonfire burns on.
But quench her bonniest, dearest | to her, her clearest-selvèd spark
Man, how fast his firedint, | his mark on mind, is gone!
Both are in an unfathomable, all is in an enormous dark
Drowned. O pity and indig | nation! Manshape, that shone
Sheer off, disseveral, a star, | death blots black out; nor mark
                            Is any of him at all so stark
But vastness blurs and time | beats level. Enough! the Resurrection,
A heart’s-clarion! Away grief’s gasping, | joyless days, dejection.
                            Across my foundering deck shone
A beacon, an eternal beam. | Flesh fade, and mortal trash
Fall to the residuary worm; | world’s wildfire, leave but ash:
                            In a flash, at a trumpet crash,
I am all at once what Christ is, | since he was what I am, and
This Jack, joke, poor potsherd, | patch, matchwood, immortal diamond,
                            Is immortal diamond.

(Gerard Manley Hopkins)

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«Pensamientos» de Pascal: el fundamento místico de la autoridad

Sección IV: 294

¿Sobre qué se fundará la economía del mundo que quiere gobernar? ¿Será sobre el
capricho de cada particular? ¡Qué confusión! ¿Será sobre la justicia? La ignora.

Con toda seguridad, si la hubiese conocido, no hubiera establecido esta máxima, la más
general de todas las que corren entre los hombres: que cada uno siga las costumbres de su
país; el brillo de la verdadera equidad habría subyugado a todos los pueblos, y los legisladores no habrían tomado como modelo, en lugar de esta justicia constante, las
fantasías y los caprichos de los persas y de los alemanes. La veríamos implantada por todos
los Estados del mundo y en todos los tiempos, en lugar de contemplar que nada hay justo o
injusto que no cambie de cualidad cambiando de clima. Tres grados de elevación hacia el
polo echan por tierra toda la jurisprudencia; un meridiano decide de la verdad; a los pocos
años de ser poseídas, las leyes fundamentales cambian; el derecho tiene sus épocas; la
entrada de Saturno en Leo nos indica el origen de tal crimen. ¡Valiente justicia la que está
limitada por un río! Verdad aquende el Pirineo, error allende.

Conceden que la justicia no se halla en estas costumbres, sino que reside en las leyes
naturales conocidas en todo el país. Seguramente lo sostendrían tercamente, si la temeridad
del azar, que ha sembrado las leyes humanas, hubiese encontrado por lo menos una que
fuera universal; pero la broma es tal que el capricho de los hombres le ha diversificado
tanto que no hay ninguna que lo sea.El latrocinio, el incesto, el asesinato de hijos y de padres, todo ha sido reconocido entre las acciones virtuosas. ¿Puede haber nada más gracioso que el que un hombre tenga derecho de matarme porque viva allende el vado y su príncipe esté querellado con el mío, aunque yo no lo esté con él?

Hay sin duda leyes naturales; pero esta espléndida razón corrompida lo ha corrompido
todo: «nihil amplius nostrum est; quod nostrum dicimus, artis est. Ex senatus consultis et
plebliscitis crimina exercentur. Ut olim vitiis, sic nunc legibus laboramus»
.

A causa de esta confusión sucede que el uno dice que la esencia de la justicia es la autoridad del legislador; el otro, la comodidad del soberano; el otro, la costumbre presente, y es lo más seguro: nada es justo en sí según la sola razón; todo vacila con el tiempo. La costumbre constituye toda la equidad, sin más razón que la de ser recibida; es el fundamento místico de su autoridad. Quien la refiere a su principio, la aniquila. Nada tan falso como estas leyes que rectifican las faltas; quien obedece a ellas porque son justas, obedece a la justicia que imagina, pero no a la esencia de la ley: está toda ella reconcentrada en sí; es la ley y nada más. Quien quiera examinar su motivo, lo encontrará tan débil y ligero que, si no está acostumbrado a contemplar los prodigios de la imaginación humana, admirará el que un siglo le haya otorgado tanta pompa y reverencia. El arte de atacar, derrocar los Estados, consiste en conmover las costumbres establecidas, sondand hasta su fuente, para hacer ver su falta de autoridad y de justicia. Es menester, se dice, recurrir a las leyes fundamentales y primitivas del Estado, que una costumbre injusta ha abolido. Es un juego seguro para perderlo todo; nada será justo con esta balanza. Sin embargo, el pueblo presta fácilmente oídos a estos discursos. Sacude el yugo desde que lo reconocen; y los grandes se aprovechan de su ruina, y de la de estos curiosos examinadores de costumbres recibidas. Por esto es por lo que el más prudente de los legisladores decía que, para bien de los hombres, hay a menudo que deslumbrarles con trampa; y otro, buen político: «cum veritatem qua liberetur ignoret, expedit quod fallatur». Hay que evitar que sienta la verdad de la usurpación; se introdujo antaño sin razón, pero ahora ha llegado a ser razonable; es menester hacerla considerar como auténtica, eterna, y ocultar el comienzo, si se quiere que no acabe pronto.

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La historia es de todo menos razonable: fragmento de «Notas del subsuelo», de Dostoyevski

En resumen, que todo se puede decir de la historia universal, todo lo que acuda
a cualquier imaginación, incluso a la más insensata. Pero es imposible decir que es razonable; lo advertiréis desde la primera sílaba.


Además, he aquí lo que sucede constantemente: surgen hombres razonables y de
costumbres juiciosas, filántropos cuyo objetivo es llevar una existencia razonable y honrada, a fin de predicar con el ejemplo y demostrar a sus semejantes que se puede vivir juiciosamente. Pero ¿qué ocurre?

Que muchos de estos amantes de la moderación terminan más tarde o más temprano, por hacer traición a sus ideas y comprometerse en actos escandalosos.
Siendo así, díganme ustedes qué se puede esperar del hombre, de ese ser dotado
de cualidades tan extrañas. Prueben a volcar sobre él todos los bienes de la Tierra; sumérjanlo en la felicidad tan profundamente que sólo se perciban en la superficie algunas burbujas; satisfagan sus necesidades económicas hasta el punto de que sus únicas ocupaciones sean dormir, comer pan de especias y pensar en el modo de prolongar la historia universal…; hagan todo esto, y verán como el hombre, por pura ingratitud, por necesidad de envilecerse, les corresponde cometiendo alguna villanía.

Incluso correrá el riesgo de perder sus panes de especias y volverá a caer en las necedades más peligrosas, en los absurdos menos ventajosos, sólo por mezclar a esa sensatez positiva un elemento fantástico, pernicioso. Precisamente sus
sueños más fantásticos y sus más vulgares tonterías es lo que pretenderá
conservar, sólo para demostrarse a sí mismo (como si esto fuera necesario) que los hombres son hombres y no teclas de piano, aunque en verdad lo son para las leyes de la naturaleza, que las tocan, y con tal brío, que pronto no será posible desear nada sin antes consultar el calendario. Además, incluso si se comprobara que el hombre no es más que una tecla de piano y se le demostrase matemáticamente, el hombre no sentaría la cabeza: seguiría haciendo disparates, solamente para evidenciar su ingratitud y su conducta caprichosa. Y si los demás medios le fallan, se sumergirá en la destrucción, en el caos. Será capaz de provocar cualquier desastre únicamente para hacer lo que se le antoje. Lanzará maldiciones contra el mundo, y como sólo el hombre puede maldecir (éste es el privilegio que más claramente lo distingue de los demás animales), conseguirá sus fines, que son convencerse de que es un hombre y no una tuerca.

Si me dicen ustedes que el caos, las tinieblas y las maldiciones pueden estar
también calculados de antemano y tan exactamente que este cálculo paralizará el impulso del hombre, y, por lo tanto, la razón triunfará una vez más; si me dicen esto, les contestaré que el hombre no tendrá ya más que un medio para hacer su voluntad: volverse loco.

Estoy seguro de esto, pues no cabe duda de que la mayor preocupación del hombre ha sido siempre demostrarse a sí mismo que es un hombre y no un engranaje. Arriesgaba en ello su existencia, pero se lo demostraba; vivía como un troglodita, pero se lo demostraba. Y, después de todo esto, ¿cómo no pecar, cómo no felicitarse de que no hayamos llegado todavía al papel de tuerca y de que nuestra voluntad dependa aún de no saben qué?

Ustedes exclamarán (si me hacen todavía el honor de lanzar exclamaciones) que
nadie piensa privarme de mi voluntad, que sólo se trata de arreglar las cosas de modo que mi voluntad por sí misma, por su propia iniciativa, pueda acomodarse a mis intereses normales, a las leyes naturales, a la aritmética.

¡Pero díganme, señores! ¿Qué quedará de mi voluntad cuando lleguemos a las tablas de cálculos, cuando no haya más que eso de «dos y dos son cuatro»? Dos y dos serán cuatro sin que mi voluntad se mezcle en ello. ¡La voluntad aspira, evidentemente, a otra cosa!

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Tres maneras de entender la Encarnación

La encarnación cristiana puede verse de tres modos.

Jesús, desde una primera óptica, encarnaría a Dios como Cara Delevingne sería el paradigma de la belleza de pasarela. Tal y como Delevigne sería el ejemplo de un paradigma, Jesús sería la concreción de Dios. Es la visión platónica donde Jesús es, en definitiva, un ejemplo entre otros que participan del paradigma.

El problema de este modelo es que no termina de calzar con el dogma cristológico. Así como la belleza está allende Cara Delevigne, lo divino de Dios está más allá Jesús, lo que nos lleva a concluir que, ante la Cruz, Dios está más allá del crucificado, habiendo una diferencia insalvable. Es el problema de ver en Jesús a un avatar, entre otros, de Dios.

Una segunda visión comprende una especie de la primera arriba mencionada. En esta, Dios habitaría en el interior de Jesús de Nazareth. Es la imagen del corazón de Jesús como el Sagrado Corazón de Dios.

Hay dos problemas en este esbozo. El primero es que de esto no tenemos, para entendernos, un termómetro compasivo. Que Jesús tuviese lo más parecido o lo mismo que el corazón de Dios es algo que no podemos constatar más allá del sentimiento que nos despierte su ejemplo. ¿Por qué Pitágoras o Buda no podrían tener un corazón tan compasivo como el de Jesús? ¿Por qué hacer del corazón de Jesús algo especial?

El segundo problema es que si los hombre vivimos de espaldas a Dios y se nos dice que en el interior de Jesús habitaba el corazón de Dios entonces terminamos con un Jesús divino y no humano. Y esto no es lo que nos dice la dogmática, sino algo muy distinto: Jesús fue totalmente hombre hasta el punto de cargar con la maldición del hombre a sus espaldas, es decir, la separación del hombre con Dios.

Es en definitiva una variante platónica donde la fuerza de la bondad se apropia de Jesús, o bien por sus méritos, o bien por posesión daimónica. En definitiva, nada que no nos hubiesen contado ya de Sócrates.

Pero hay un tercer modelo, sin duda el más inaceptable para nuestra sensibilidad religiosa, a saber: Dios se da por entero en el crucificado, esto es, el momento de mayor identificación entre Dios y Jesús es precisamente en la Cruz. Y si Jesús no es un ejemplo divino de Dios, esto es, un Dios paseándose por la tierra, o alguien poseído por la bondad de Dios, es decir, un mero poseso, entonces tendremos que concluir que la Encarnación nos habla no tanto de Jesús sino de Dios. Si Dios se da por entero en el Crucificado, entonces, siendo coherentes, debemos decir que de Dios lo que sabemos es eso, que está en un crucificado en su nombre.

Si realmente nos detuviésemos un momento a meditar en esto caeríamos en la cuenta de que lo que por sentido común se entiende por Dios y por religión es absolutamente incompatible con esta imagen. Y es que en la Cruz lo que se revela es la kenosis o humillación de Dios. Es decir, para decirlo todavía más claramente: no hay otro Dios que el crucificado y todo lo que podemos decir de Dios pasa, forzosamente, por ese acontecimiento. Así, si decimos que Dios es Señor, decimos que el Crucificado es Señor. Si decimos que Dios nos somete bajo su voluntad, decimos que es el Crucificado el que nos impele a responder. Etc. Creo que se entiende el asunto. A partir de aquí, podemos hacer toda una lectura tipológica de Dios en la Biblia, con la Cruz y el Génesis como clave hermenéutica de todo lo que atraviesa el Pecado de Adán y la liberación de este. Por tanto, judíamente hablando, de Dios no tenemos ni idea salvo por un nombre o, mejor dicho, un pellejo que cuelga en nombre de Dios. Y es que Dios «en sí mismo», no es más que Otro con respecto al mundo y de ahí el silencio de la Cruz.

¿Quién estaría dispuesto a tragar un Dios así? Pocos. De hecho, en realidad, los que ya no pueden contar con los otros dioses, y de ahí que los lumpen, los ladrones y las putas sean los primeros en entrar al Reino.

De la revelación se podrá decir lo que se quiera, pero sería un completo malentendido pretender que lo que plantea es ingenuo.


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Idealismo, Mundo, Advaita

¿Qué utilidad tiene el idealismo en el análisis que hace el advaita sobre el yo y el mundo?


Ante la pregunta de si existe «el» mundo aparte de alguien que lo perciba hay varias formas de responder según el Vedanta. Ninguna de las conclusiones termina con un mundo con existencia independiente, tomado en y por sí mismo. El idealismo afirma algo equivalente, así que veamos qué dicen Berkeley y el Advaita al respecto.

La respuesta de Berkeley es clara: si esse est percipi (aut percipere), entonces no hay mundo independiente a su percepción.

El advaita vedAnta dará una respuesta a varios niveles, dependiendo del punto de vista: 1) sRRiShTi-dRRiShti-vAda, 2) dRRiShTi-sRRiShTi-vAda, o 3) ajAti-vAda. Y para el último vAda, al menos, la respuesta es «No».

Analizada estructuralmente, en la pregunta hay un perceptor y un mundo. Por lo que el perceptor o es parte del mundo o no lo es. Si no es parte del mundo, entonces ¿dónde está el perceptor? O bien fuera del mundo, lo que implicaría que el perceptor existe pero está fuera del mundo, lo que nos lleva a una contradcción, y al mundo termina por faltarle algo que se afirma que existe. O bien el perceptor es parte del mundo, pero entonces ¿qué está percibiendo el perceptor? Tomada literalmente, la cuestión no tiene sentido. La independencia del mundo es pues un presupuesto.

Aunque eficaz a la hora de mostrar que la noción de sustancia material que existe fuera de la percepción es incoherente, el idealismo deja un residuo sutil que debe ser analizado.

Y es que el idealismo (como el de Berkeley) tiene como presupuesto una mente con existencia independiente. En el caso del idealismo de Berkeley, se trata dela independencia de la mente de los sujetos individuales y la mente de Dios. Es decir, el idealismo desarrolla una argumentación contra un mundo físico con existencia independiente, pero fundamenta estos argumentos suponiendo un mundo independiente de tipo mental . Hemos pasado de un mundo con existencia independiente a una mente con existencia independiente. Como fase en el análisis que supone el advaita es una etapa útil, pero no definitiva.

El sadhaka advaitín que no prosigue más allá del estadio del idealismo berkeleyano se parece al estudiante atascado en la mente de la Taittiriya Upanishad, capítulo III: V («El intelecto como Brahman»), perdiéndose el análisis final del capítulo III: X.6:

III: V: vijnanam brahmeti vyajanat, vijnanaddhyeva khalvimani bhutani jayante, vijnanena jatani jivanti, vijnanam prayantya-bhisamvisantiti,tadvijnaya, punareva varunam pitaramupa-sasara,adhihi bhagavo brahmeti, tam hovaca, tapasa brahma vijijnasasva,tapo brahmeti, sa tapo, atapyata,sa tapastaptva.

Se dio cuenta de que la inteligencia era Brahman. De la inteligencia, en verdad, los seres nacen aquí. Al nacer, viven por la inteligencia, y al partir entran en la inteligencia y se hacen uno con ella. Habiendo realizado esto, se acercó de nuevo a su padre y le dijo: «Hombre Dios, enséñame a Brahman.» Le dijo lo siguiente: «Conoce a Brahman a través de las austeridades…»

[…]

III:X, 6: aham annam aham annam aham annam, aham annadah, aham annadah, aham annadah, aham slokakrit aham slokakrit aham slokakrit, aham asmi prathamaja ritasya, purvam devebhyo, amritasya nabhayi, yo ma dadati sa ideva ma, vah, aham annam annam adantamadmi, aham visvam bhuvanam abhyabhavam, suvarna jyotih, ya evam veda, ityupanisat.

Soy la comida, soy la comida, soy la comida, soy el comedor de la comida. Yo soy el que come comida. Yo soy el que come la comida. Soy el aglutinante, soy el aglutinante, soy el aglutinante. Soy el primogénito del orden cósmico, ante los dioses y el centro de la Inmortalidad. Aquel que me ofrece, sólo él me protege. Aquel que come el alimento (sin ofrendar), yo, como alimento, me lo como. Yo, como el Señor Supremo, domino el mundo entero. Yo soy la luz dorada como la del sol. Quien conoce esto (llega a serlo). Esta es la enseñanza secreta.

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Que no te engañen: si no quieres trabajar…

No es que seas vago. En absoluto. Como diría Bob Black en The Abolition of Work and Other Essaysno quieres ir a trabajar porque seas vago, sino porque de hecho tienes cosas que hacer. Cosas seguramente más valiosas para ti que esa mierda de trabajo mal pagado. Así que tienes toda la razón del mundo en querer dejar esa basura de actividad laboral.

El error en todo caso está en pensar que nuestro otro trabajo, el que a nosotros nos apasiona, tiene un valor intrínseco, en sí mismo, extramental, más allá del que subjetivamente le atribuimos. No lo tiene. Escribir haikus todo el día puede ser muy valioso para ti, pero no para otros. Así como el trabajo de mierda que tienes puede ser muy poco valioso para ti pero mucho para otros. Y esto ocurre porque el valor es subjetivo. 

Así que deja tu trabajo si no lo valoras. Pero no pretendas que eso otro que hagas tenga valor para los demás. Eso ya lo determinará el mercado.

 

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Las palabras y los conceptos nunca hacen referencia a nada fuera de ellas

¿Qué significan las palabras y los conceptos? Estos es, ¿a qué señalan? 

A nada más allá de sí mismas. 

De ser así, entonces las teorías adecuacionistas del lenguaje, aquéllas que defienden que las palabras se adecúan a una realidad extramental, así como las teorías convencionalistas, que plantean que las palabras no significan nada más allá de lo que convencionalmente se les atribuye, son falsas.

Esto echa por tierra muchísimas teorías del lenguaje, y suena absolutamente contraintuitivo, ¿no?

Pero, ¿acaso alguien ha tenido la experiencia alguna vez de que la palabra «perro» se adecúe al ente perro «ahí fuera»?

Si no me crees, investiga lo siguiente:

Coge cualquier objeto que tengas delante. Una taza, una naranja, un lápiz.

Sostén la taza en frente tuya. Considera el objeto taza. Ahora dite a ti mismo: «esto es una TAZA’«. «ESTO es una … TAZA«. Podrás pensar que, efectivamente el concepto «taza» se corresponde con la cosa-taza.

Pero examina muy cuidadosamente tu experiencia directa:

¿En qué momento la cosa taza y la palabra «TAZA» surgen al mismo tiempo? ¿Cuándo experimentas que la palabra «TAZA» se «impone» sobre la cosa taza?

¿Surgen ambas al mismo tiempo? Sí o no.

¿Estás seguro de que surgen ambas al mismo tiempo? Sí o no…

¿No será que lo ocurre es que tenemos un surgimiento de una cosa A, luego un surgimiento de otra cosa, y luego un tercer surgimiento de una cosa C que conjuga A y B?

De ser así, entonces tendríamos A que surge y desaparece, B que surge y desaparece y C que surge y desaparece. Pero ninguno de los tres surge al mismo tiempo. O bien tenemos A surgido o bien B surgido o bien C surgido, pero nunca los tres al mismo tiempo.

De ser así, ¿cómo es posible afirmar que A se adecúa con B si jamás tenemos esa experiencia? ¿Cómo podemos afirmar un adecuacionismo entre A y B siguiendo nuestra experiencia directa?

Je, je, je… 😎

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Cómo convertirse en jñani en cinco minutos

Considera lo siguiente:

Si admitimos que hay «cosas», tales como sillas, manzanas, percepciones, pensamientos, emociones, deseos, memorias, esencias, etc., entonces admitimos que estas cosas surgen.

Así, en nuestra experiencia diaria, en un nivel descriptivo, experimentamos que las sillas surgen y se van, que las manzanas surgen y se van, que los pensamiento surgen y se van, etc.

Si admitimos esto, entonces, en un nivel descriptivo, admitimos que lo que surge surge con respecto a algo que no surge: lo insurgente, a saber, aquéllo ante lo cual todas las cosas surgen. Esta dualidad (surgido-insurgido) es una necesidad estructural de nuestra aprehensión siempre y cuando haya un mundo.

Explicar que la causa última de que las sillas o de que los pensamientos surjan es A o B no es una explicación última, porque A o B también son surgimientos que requieren de otra causa que los explique, así ad infinitum. Si suponemos que un regreso infinito es absurdo, entonces hemos de presuponer que hay una «causa sui» que sirve de primer motor que dé origen a esto, pero entonces tenemos el problema de que no hemos explicado qué origina o qué causa este primer ente: sencillamente damos por hecho que el ente que sirve de «causa sui» es autosuficiente para dar origen a todo lo demás.

Que la causa de todo sea necesaria o contingente son actos de fe. Por ello, tanto el ateísmo como el teísmo son suposiciones de la razón sin posibilidad alguna de probación positiva.

Aquéllo insurgente ante lo cual todo lo demás surge no obedece a ninguna «causa», porque cualquier «causa» es ya un surgimiento.

La pregunta que debemos plantearnos ahora es: si aquéllo ante lo que surge todo no es una «cosa», ¿entonces cómo pueden surgir «cosas» ante lo insurgido?

¿Cómo puede lo insurgente ser causa de lo surgido?

Think about that… 

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Hola. Soy un nihilista moral. Desmuéstrame que estoy equivocado

Como nihilista moral,  considero que todas las declaraciones morales son falsas. Considero esto resultado del «argumento de la rareza» propuesto por Mackie, donde de existir valores morales objetivos, sus propiedades o notas serían de un tipo absolutamente extraño y distinto a todo lo demás que se nos presenta en el universo conocido; y segundo, como resultado lógico del problema del «ser/deber ser» de Hume, que afirma que los valores nunca pueden derivarse de los hechos. Por ejemplo, se podría argumentar que el suicidio nunca es del interés propio de ningún agente racional, que siempre hay una motivación para que cualquier agente racional evite el suicidio, y que por lo tanto hay una base racional sólida para decir que uno no debe suicidarse, pero el nihilista moral puede simplemente negar que es posible pasar sensatamente de la afirmación de que el suicidio «es contrario al interés propio» a la afirmación de luego «debería no suicidarse». No se puede saltar del «ser» al «deber» sin que antes el ser y el deber estén en nuestras premisas. Uno podría desear evitar el suicidio si no quiere morir, pero el escéptico dirá se trata de una motivación extrínseca, no intrínseca, y que si algo no es intrínsecamente motivador entonces no tiene sentido describirlo en términos morales.

Es decir, para entendernos, considero a afirmaciones como «asesinar a un recién nacido es malo», «violar a una mujer es malo» o «gasear a seis millones de judíos es malo» como absolutamente falsas y sin fundamento alguno. 

Y, además, afirmo que la única opción moral razonable es la del nihilismo moral.

Demuestra que estoy equivocado en tus comentarios.

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¿Por qué un gobierno central, incluso un gobierno de «sabios-genios», jamás será la mejor solución a nuestros problemas sociales, políticos y económicos?

No sin buenas razones podría pensarse que un gobierno meritocrático de tecnócratas y sabios pudiese ser la mejor de las soluciones posibles a nuestra organización política y social, dada la desastrosa situación de gobierno que ahora atravesamos.

Tal vez presumamos de que estos temas nos dan igual, de que se está por encima de «la política», y de que no nos apetece perder el tiempo con asuntos tan groseros y plebeyos. Pero lamento decirte, querido lector, que tendrás una tarea difícil si quieres refutar la tesis de Aristóteles: somos por esencia animales sociales, y lo social está estructurado políticamente. Además, lamento decir que nos guste o no, pagamos impuestos obligados coactivamente, tenemos un carnet de identidad que nos hace miembros de un Estado y nuestra vida y educación dependen de una serie de ineptos a los cuales les importamos básicamente una mierda. Así que si eres de esos de los que están «de vueltas de todo (lo político)», entonces con Machado te respondo que eres de los que «no han ido nunca a ninguna parte».

Paréntesis hecho, sigo con el gobierno meritocrático. Es difícil no estar de acuerdo con Ortega cuando habla en La rebelión de las masas de que es el mediocre quien gobierna la sociedad y se ha apoderado de la dirección de los estados. La solución al problema sería, claro está, elegir a las élites para implantar un buen gobierno. Todo muy platónico.

Pero esta solución jamás de los james podría ser definitiva, ni la más eficiente ni eficaz. ¿Por qué? Por un problema recurrente que plantea Hayek en toda su trayectoria intelectual: el problema de la coordinación del conocimiento. Para Hayek, “el conocimiento de las circunstancias de las cuales nosotros debemos hacer uso nunca existen en forma concentrada o integrada», por lo que una planificación centralizada jamás de los jamases puede dar respuesta a todas las necesidades de cada contexto concreto de cada campo de realidad que afectan a cada actividad humana.

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La prueba histórica de esto es, como todos sabéis, el fracaso de todos los sistemas socialistas. Estos, si no en la teoría, al menos sí en la práctica, pasan por una apropiación de los medios de producción por parte de un gobierno o ente centralizado, donde los factores de producción pasan a ser colectivos asignados por una cabeza central. En principio este ente central puede tener el control también sobre los bienes de consumo, por ejemplo en forma de viviendas colectivas, automóviles colectivos, etc.  Los problemas de este sistema son harto conocidos, a saber:

  1. Problema de cálculo económico: un órgano central es ineficaz para asignar los factores de producción adecuadamente (ej: en ausencia de precios, ¿qué tierras se usan para el trigo, para los recursos naturales, qué mano de obra la trabaja, etc?); en ausencia de precios, ¿qué producir y cómo saberlo? ¿Cuánto y de qué calidad? ¿Dónde producirlo y cómo distribuirlo? ¿Se asigna por precio —¿cuáles y bajo qué parámetros?— o por el hecho de ser ciudadano? ¿Y la electricidad? ¿Cómo la producimos y distribuimos? ¿Hacemos uso de ciclos combinados de gas o nos las apañamos sólo con hidráulica? ¿Y cuánto distribuimos en cada sitio? Este problema ocurre si el valor se impone, en vez de aceptar que se estima subjetivamente, como de hecho es el caso en el mercado realmente existente: una Coronita no vale lo mismo si la tomamos en casa que en un restaurante de tacos. Y es «la misma» cerveza que en principio se tarda lo mismo en producir —contra la teoría del valor-trabajo de Marx. ¿Pero, cómo se asigna los precios en este caso con un ente centralizado?
  2. Problema de los incentivos: si el reparto se hace distributivamente, ¿qué incentivos tengo para producir? ¿Si, total, todos seremos iguales, para qué me esfuerzo en trabajar más y mejor, formarme más y mejor? No hay forma de estimular a los trabajadores bajo este modelo.
  3. Problema de compatibilizar un sistema planificador con uno de libertades: Hayek en Camino de servidumbre plantea esta pregunta: ¿dónde radica en última instancia la libertad humana? La libertad humana no puede darse al margen de los usos de unos bienes. Si estos se me quitan mi libertad se ve mutilada. Es decir: de nada vale la libertad-de si además no tengo libertad-para.

Son esto tres problemas a los que cualquier gobierno centralizado ha de hacer frente. Si el debate gira en torno a hasta qué punto un gobierno ha de tener un control centralizado de los factores de producción y bienes de consumo. entonces el debate pivota en torno a una diferencia de grados, pero sustancialmente permanece la discusión el mismo problema.

Puede aducirse que con la tecnología actual este problema está superado, pues un gobierno central dispone de la técnica necesaria para controlar todos estos factores. Pero el problema está en que la capacidad para hacerse cargo de una sociedad hipercompleja no existe aislada de la capacidad de esta sociedad para hacerse más compleja mediante el uso de misma técnica que un gobierno dispone. Es decir: el gobierno de un Estado dispone de super-ordenadores para centralizar su control, pero también los ciudadanos tienen acceso a millones y millones de super-ordenadores en sus bolsillos que aumentan la complejidad del sistema y lo hacen más difícil de coordinar aún.

Un sistema análogo al del Índice h, propuesto por Jorge Hirsch,  para elegir a estos «sabios» tampoco sería una solución adecuada. Ya hemos hablado del valor subjetivo que le damos a las Cornitas en función de un contexto. Un Índice h sólo cuantifica muy sesgadamente el índice de un autor en función de la cantidad de citas. ¿Pero en qué sentido este sistema de valorización puede tener en cuanta todos y cada uno de los ámbitos de la actividad de este científico? Imaginemos por un momento a Mendel que escribía sus investigaciones sobre herencia genética en libros de bautismo: según este índice, su actividad tiene valor cero. ¿Tiene esto acaso sentido? Además, ¿realmente toda la actividad de investigación se agota en el número de citas? ¿Acaso no entran en juego otras valores como las virtudes, la perseverancia, la creatividad, el know how de ese investigador, virtudes tan imprescindible en una «Era de la Información» (Castells) como la nuestra, que no pueden jamás de los jamases cuantificarse bajo un número? El Índice h mide, en resumen, la pericia de lo que Ortega denominaba como nuevo bárbaro, que «es principalmente el profesional, más sabio que nunca, pero más inculto también: el ingeniero, el médico, el abogado, el científico».

Si se plantea un sistema análogo al Índice h para la elección de un gobierno de sabios, habrá todavía otro problema más radical: y es que los parámetros que se decidan por unas pocas cabezas para realizar esta cuantificación adolecen del mismo problema de coordinación del conocimiento que en prinicipio quieren hacer frente.

Existe ya un sistema que sirve para valorar las actividades humanas y hacerlas cada vez más eficientes: se llama mercado, y es por el momento el mejor instrumento que poseemos para hacer frente a los problemas que nuestra sociedad actual tiene que enfrentar. No es perfecto, no es definitivo, no es inmejorable, pero es lo que por ahora mejor funciona, y lo hace de una manera más eficiente y más eficaz que cualquier gobierno centralizado que por esencia en virtud de lo antedicho será siempre inepto para esta tarea, y por ello el mercado funcionará mejor siempre y cuando intervengan menos en él entes centralizados incapaces de coordinar el conocimiento. 

En síntesis, como principio general, ante cualquier problema que se plantee en la praxis humana, siempre emergerá una solución más inteligente y racional a partir de millones y millones de cabezas interactuando entre sí que de entre unas pocas cabezas que manejan el monopolio de la violencia, por más inteligentes, «meritorias» y capaces que estas sean.

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Para los creyentes que todavía estéis confiando en el poder político del Estado

Es tiempo de recordar estas palabras de Pablo a los Gálatas:

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. (Gál 5:1)

 

Se ha pagado un altísimo precio por nuestra libertad, conviene no prostituirla más. Al César lo que es del Estado, y al Dios-Hombre, lo que es suyo.

Es decir: TODO,

porque todo ha sido creado por Él y por lo tanto para nosotros.

 

Estado = monopolio de la violencia
Reinado de Dios = no violencia
(«no respondáis al mal con mal», «poned la otra mejilla», «cargad dos millas si os obligan a una», «bienaventurados los que buscan la paz», etc…).

Luego, Reinado de Dios y Estado son esencialmente incompatibles.

Más claro, el agua.

 

 

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El punto de partida filosófico

La Filosofía en su sentido crítico, platónico, siempre parte de premisas. Estas premisas no hay que tomarlas dogmáticamente, es decir, sin critica, sino que, confrontando diferentes sistemas de ideas, se dan por supuestas en contraste con las alternativas que llevan a contradicciones con escasa capacidad explicativa. Este proceso es uno dialéctico y apagógico, no axiomático, y nunca terminado. Hay supuestos, pero son supuestos sistemáticos resultado de una dialéctica en marcha. Sin ese sistematismo lo que queda es un mero análisis del lenguaje o de contradicciones en un plano lógico que sólo tiene realidad en el papel y que no explica nada. No sólo hay que criticar, sino dar cuenta de los diferentes sectores categoriales en los que se despliegan las distintas realidades de nuestro universo. En ese sentido, hay sistemas de ideas que explican más abarcativamente las morfologías del mundo en marcha mejor que otros: las ideologías, los Imperios, las ciencias positivas, las técnicas, la Televisión, las tecnologías, etc. y por lo tanto con más criterios y posibilidades para su implantación político-histórica. Una Filosofía que no explique las morfologías del mundo no está implantada en el presente en marcha y termina degenerando en un gnosticismo a-histórico sin poder explicativo. Su destino es terminar siendo triturado. Para muestra, pensemos en el fin del Idealismo alemán por el materialismo soviético en la caída del «III Reich», o en el cartesiano que duda de la verdad del cazador y acaba siendo devorado por el oso.

Dejemos pues que los escépticos duden, pues al ser su filosofía imposible de ser implantada políticamente terminarán siendo aniquilados por la marcha histórica.

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El problema de la Voluntad crowleyana

«Do what thou wilt shall be the whole of the Law», es el «axioma» que resume la filosofía práctica del poeta y oculstista inglés Aleister Crowley. Todos lo conocéis así que no perderé mi tiempo con doxografías.

El problema de la mayor parte de personas que desean poner en práctica esta filosofía es que terminan por hacer justamente lo contrario de lo que realmente es su verdadera Voluntad. Por eso curiosamente todos se parecen tanto entre sí, disfrazándose igual, repitiendo como loros las mismas consignas, etc., lo cual es un fenómeno colectivo la mar de contradictorio viniendo de una filosofía individualista.

La ética crowleyana se puede resumir en una frase muy sencilla: no hay ética, no hay moral objetivamente fundamentada. La conclusión de esto es también muy sencilla: tanto el realismo moral, donde existen valores objetivos en una realidad extramental, y el relativismo moral, donde existen valores subjetivos en una realidad intramental, son falsos. Luego, la conclusión a la que se llega no es ni la de una invitación a actuar moralmente ni inmoralmente, sino la de constatar la a-moralidad de la realidad realmente existente (no de la realidad que idealmente debería de existir) una vez demolidos la posibilidad de fundamentar cualquier moral.

Hasta aquí no hay nada nuevo. El problema surge cuando la gente interpreta esta amoralidad como una posibilidad de comenzar a «hacer lo que les gusta», «realizar su pasión» o «seguir esa intuición de mariposillas en el estómago de que se va por el camino correcto». Existe una situación todavía peor: la de aquéllos que consideran esta deconstrucción de la moral como una invitación a hacer todo lo que les plazca porque sí, sin darse cuenta de que seguramente puedan hacer mucho menos de lo que quieren. Sí, tienes libertad de vestir como quieras, de hablar como quieras, de relacionarte con quien quieras, pero ya veremos si tienes libertad para hacerlo, es decir, si puedes hacerlo.

La naturaleza de la mente (entendida aquí en un sentido laxo y convencional) es la de jugar a sus juegos, es decir, idealizar, y entre estos idealismos está el de esbozar lo que uno debería ser una vez asumida la falta de fundamentación de la moral. No hay ningún problema per se con esto, salvo cuando nos creemos la realidad de estos juegos: es aquí cuando acontece la catástrofe.

La voluntad crowleyana postula una naturaleza esencial en cada individuo: una individualidad con preferencias naturales propias. Esta naturaleza no puede ser demostrada, tal sólo mostrada, y esta mostración obedece no a un orden teórico sino práctico. Si fuera de orden teórico volveríamos a caer en la trampa de las idealizaciones mentales.

La única manera de salir de este círculo vicioso es atender a algo que esté más allá de la mente, y eso que está más allá es precisamente nuestro yo que observa la mente, y la naturaleza de este yo es dinámica, poseedora de una naturaleza esencial con tendencias propias. Esto significa que es imposible no hacer tu Voluntad, porque es imposible no tener ya, ahora mismo, una naturaleza esencial en unas circunstancias, es decir, ser alguien en algo. Siempre eres el que eres, y este ser algo tenderá hacia algo en un entorno, pero puedes o bien entenderlo con tu mente o rechazar esta individualidad y frustrar tu naturaleza.

Los que estén familiarizados con la historia de la filosofía notarán que hablamos de algo muy similar al iusnaturalismo de los estoicos, e incluso a algo parecido al derecho natural de la tradición cristiana. Es cierto, salvo con una salvedad: la teleología o finalidad en nuestro caso es arbitraria, es decir, cada individuo se desarrollará y desplegará de una manera distinta, única e irrepetible.

El problema, y finalmente llegamos al punto central de esta entrada, es que esta naturaleza esencial nunca, jamás de los jamases, va a coincidir del todo con nuestros ideales, es decir, con lo que deberíamos ser. No puede haber un «deber ser» objetivo porque ya hemos dado por válida (sin demostrar su verdad) que no puede haber moral objetiva (y tampoco puede salvarse la brecha entre el «deber ser» y el «ser»). Pero la mente siempre proyectará sus idealizaciones sobre nuestra realidad. Por eso cuando la mayor parte de personas abrazan el voluntarismo crowleyano terminan fantaseando con ser grandes estrellas del rock, ser artistas visuales, machos alfa seductores, revolucionarios profetas de nuestro tiempo o pajadas mentales afines. Ninguno de ellos te dirá que su verdadera naturaleza es la de pasear anónimamente por el campo, conducir camiones o trabajar como profesor de secundaria.

Por eso es que Crowley a veces trataba a la Voluntad como a un sujeto «extraño», con una naturaleza otra a la que pensamos ser, porque muchas veces nuestra naturaleza o Voluntad preferirá cosas radicalmente distintas a lo que queremos idealmente ser y se nos presentará como con una «individualidad propia». Superar esta brecha entre lo que pensamos ser y lo que realmente somos es en lo que consiste conocerse a uno mismo bajo estas coordenadas. Se supera así la brecha entre lo que somos y deberíamos ser, porque no podemos no ser lo que ya somos, y o bien nos damos cuenta de ello o preferimos fantasear con algo irreal.

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¿Os suena de algo este discurso…?

Les arrebataremos Gotham de los corruptos, a los ricos, a los opresores de generaciones que los han tiranizado con falsas oportunidades, y se las devolveremos a ustedes.

Al pueblo.

Gotham es suya. Nadie debe interferir. ¡Hagan lo que les parezca! ¡Pero empezar por irrumpir en Blackgate y liberar a los oprimidos! Dar un paso adelante los que quieran servir. Pues se va a reclutar un ejército. Los poderosos serán derribados de sus decadentes nidos… ¡y arrojarlos al implacable frío mundo, que nosotros conocemos! Obligados a sobrevivir. Se celebrarán juicios. Se disfrutará del botín.

¡Se derramará sangre!

Esta gran Ciudad… ¡Perdurará…!

¡Gotham sobrevivirá!

Y el Pueblo gobernará.

 

¿Os suena?

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A pesar de todo…

… no deja de ser conveniente ver las cosas en perspectiva, por cruda que pueda parecer nuestra situación desde nuestras actuales circunstancias. He aquí una breve meditación que, aunque no deje de estar a escala antrópica, ayuda a ver las cosas en su respectiva escala:

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The Qabalistic Cross

The Qabalistic Cross (QC) is a simple ritual with two ends in mind:

  1. To expand the magician’s sphere of consciousness; and
  2. To bring down the divine light.

We shall examine what both of these mean below. Much has already been written about the QC, so we will not reinvent the wheel here. We shall outline the basic procedure, and then describe the essential points.

To perform the Qabalistic Cross:

  1. Stand facing the East, where the sun rises
  2. Touch the index finger to the forehead and say “Eheieh”
  3. Touch the index finger to the solar plexus and say “Malkuth”
  4. Touch the index finger to the left shoulder and say “ve Geburah”
  5. Touch the index finger to the right shoulder and say “ve Gedulah”
  6. Clasp the fingers together and hold the hands to the center of the chest, and say “le olahm amen”
  7. Touch the index finger to the closed lips

The aspirant should take some time to practice this. It is important in the beginning to actually stand, actually move the hands, and actually say the words out loud. As proficiency is gained the entire procedure can be performed mentally, but the aspirant should not rush to do this; he is looking to make a definite change, and this is best achieved by involving as many parts of his being as possible, by performing actions he would not usually perform, by entering into the spirit of things.

Once mechanical proficiency has been obtained, and the procedure committed to memory, the aspirant can begin refining the process. The first refinement relates to the way in which the words are spoken. Tradition has it that the words should not be merely enunciated, but vibrated. This is a practice which is difficult to describe, but actually simple to discover for one’s self with a little practice. The aspirant should experiment with changing the tone of his voice until he finds a note which causes his body to vibrate. This note may be higher or lower than his normal speaking voice. He is looking for a sonorous quality which, if done effectively, should cause him to shiver, and “shake him to his marrow.” In reality, the physical effect will not be quite so dramatic as this, but it should give the aspirant an idea of what he is aiming for. With a little trial and error, he should have little difficulty finding an effective tone. The words should be pronounced slowly and evenly, each syllable taking the same amount of time. In the beginnings of his practice, the aspirant may wish to vibrate each word more than once before moving on.

Once this is achieved, the aspirant should use his imagination to direct the vibration, so that he is able to make individual parts of his body vibrate when he speaks. The relevant parts are the crown of the head, the feet, the left and right shoulders, and the center of the chest. The reason behind this will become clear shortly.

There are two really important parts to this practice, and the first one is this: before performing the ritual, the aspirant should close his eyes, and imagine his body growing upwards. In his mind’s eye, he should see the perspective of his room changing as his head gets closer to the ceiling, then his neighborhood coming into view as he breeches the roof. He should imagine himself continuing to grow, his field of view increasing, the buildings, trees and mountains becoming increasing smaller and flatter as he does. His head will move up to and through the clouds, details on the ground becoming more and more remote, beginning to perceive the curvature of the earth. Continuing his ascent, he will perceive the sky growing dark as his head leaves the atmosphere, and the brilliance of the stars should strike him. He should continue his ascent until the Earth is a small ball between his feet, at which point he should stop and pause.

At first, the aspirant should take time with that process, building up the visualization in his mind so that he really feels the expansion, and the enormous sense of scale. As proficiency builds, he will find he is able to obtain this sensation far more quickly, and will be able to “expand” in a matter of seconds. Also, at the close of the ritual (i.e. before the last step) he should visualize himself shrinking back down to his normal scale.

The point of all this is to “expand the sphere of the aspirant’s consciousness” as we have previously stated. This phrase can sometimes cause problems. What exactly do we mean by it?

Here are some interesting quotes from people who have actually been into space:

It was hard to believe that everybody I have ever known or seen on TV, and the places where they lived and played were all on that little blue-and-white marble. (Alan Bean)

It suddenly struck me that that tiny pea, pretty and blue, was the Earth. I put up my thumb and shut one eye, and my thumb blotted out the planet Earth. I didn’t feel like a giant. I felt very, very small. (Neil Armstrong)

The Earth reminded us of a Christmas tree ornament hanging in the blackness of space. As we got farther and farther away it diminished in size. Finally it shrank to the size of a marble, the most beautiful marble you can imagine. That beautiful, warm, living object looked so fragile, so delicate, that if you touched it with a finger it would crumble and fall apart. Seeing this has to change a man. (James Irwin)

My view of our planet was a glimpse of divinity. (Edgar Mitchell)

These astronauts have quite literally moved outside the entire sphere of their previous existence. Previously, their entire lives were confined to the Earth; everything they ever knew, the vast expanse of their history, their dreams for the future, their families, friends, careers, everything is contained within that “little blue-and-white marble” that they are looking at now, actually looking at, not imagining.

In a smaller way, most people will have experienced something like this when traveling. We live our lives preoccupied with our daily lives, our families, our jobs, our daily commute, our homes, our little lives. When we travel to a new place, we see people living totally outside of our little world, totally unconcerned with our own problems. It provides us with perspective, and it is exactly this perspective that we are talking about when we discuss “expanding our sphere of consciousness.” In our daily lives, we are completely unconcerned with the same worries, problems, and tribulations experienced by Mr. and Mrs. Bisto in Nimrod, Minnesota, and it is this same total lack of concern that we are trying to generate — temporarily — for our own concerns.

Thus, by “expanding the sphere of consciousness” in this way, by imagining himself to grow to a scale where not only all of his own problems, but all the problems he could possibly conceive of, are confined to that “little blue-and-white marble” between his feet, while his body has expanded out of that into a much wider universe. This is the perspective he should look to generate, of the solar system, of the galaxy, of the universe, spinning around in its own timeless inexorable order, to the point where he finds it impossible to question the complete insignificance of his own life and his own problems. He attempts to put his life in the perspective of not his “everyday” self, or even of his “true” self, or his family, or his town, or his country, or of the whole world, but in the perspective of the universe. We on Earth see a supernova through our telescopes and wonder at the marvel of it all; it concerns us not that that phenomena may be destroying countless worlds, countless lives. This is the perspective the aspirant should seek to develop of his own world and his own life, to the point where it never even occurs to him to take any concern over it. This is what we mean by “expanding the sphere of consciousness”.

This feeling will, of course, not be permanent, and soon he return to his everyday worldly concerns. With repeated practice, however, he can reach a point where this perspective is always somewhere in the background of his mind, so that even when he is deeply involved in his problems, he is always aware that there is another perspective, and this awareness will give him a small, but permanent expansion in his sphere of consciousness. Moreover, with proficiency he knows he can always return to his fuller awareness through this practice. And this is of no mean benefit to him.

The second end of this practice that we mentioned is to “bring down the divine light”, which is an even more troublesome phrase.

The final refinement to the ritual to bring this about is as follows:

After his expansion, but before his first vibration, he should visualize an intense ball of light just above the crown of his head. This ball should be at least the size of his own head, but no more than twice its size. When vibrating the first word, it is to this sphere that he should direct its vibration, although the should feel the effects of the vibration on the crown of his.
The aspirant should, before his second vibration, visualize a bar of light pulsing downwards from this sphere to his feet, ending in an identical ball of light encompassing his feet.
Before his third vibration, the aspirant should visualize an identical ball of light at his left shoulder.
Before his fourth vibration, the aspirant should visualize a bar of light pulsing across his chest from his left shoulder to his right shoulder, ending again with a ball of light emanating from his right shoulder. Done properly, he will now be visualizing an intense cross of light within his body.
Before his final vibration, clasping his hands at the intersection of the cross, he should visualize the bars of the cross extending infinitely outwards to the utter ends of the universe and beyond.
At the close of his practice, before shrinking himself back down to size, he should imagine the extended bars retracting, the balls of light at his feet and shoulders shrinking, the bars of light being absorbed back into the ball of light above his head, and then the light from this ball descending into the head and being absorbed by the body.

The point of all this is to mentally form a connection with the entire universe. When extending the bars of the cross infinitely, the aspirant should try to visualize the vast extent of the universe, the infinite possibilities out there, all the galaxies and worlds. He should push this feeling of infinity until a type of ecstasy is excited within himself. He should imagine that this cross of light extending from himself is going out and touching these possibilities, and because the center of this cross is within himself, he should feel a connection with it all, the light touching all the wonders in the universe, and acting as a conduit between himself and them. He should in this way be able to see himself as a part of a vast continuum, and begin to feel an identification with the universe. When he imagines himself retracting the arms of the cross, he should feel they are bringing a part of all these wonders with it, being absorbed into the sphere above his head, and then being dissipated and integrated into his being.

We can now see the purpose of this ritual as being twofold:

To expand the aspirant’s sphere of consciousness to a universal scale; and
To make the entire universe a part of himself, or more accurately, to realize himself as a full and necessary part of it.

In a neat and simple ritual, this practice essentially sums up everything we are trying to achieve. In one way, we can look at the great work as merely being the completion of this ritual. This is without question one of the very best practices available to the neophyte at the beginning of his work, and frequent use should be made of it.

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Hipócrates ha muerto. Larga vida al hipócrita

Ningún problema con que el Estado legalice el suicidio asistido, la eutanasia. Salvo que para su ejecución se le pida a un médico realizarla. Lo digo porque, ya desde su génesis, la medicina está esencialmente constituida por una ÉTICA que exige la preservación de la vida a toda costa. Luego, si se le pide a un médico que acabe con una vida ipso facto se le exige que pierda su esencia de médico. Este razonamiento no sólo es válido sino verdadero, y cualquiera puede comprobarlo leyendo el juramento hipocrático clásico (s. V a.C.) y el contemporáneo:

Juro por Apolo médico, por Asclepio, Higía y Panacea, por todos los dioses y todas las diosas, tomándolos como testigos, cumplir fielmente, según mi leal saber y entender, este juramento y compromiso:

Venerar como a mi padre a quien me enseñó este arte, compartir con él mis bienes y asistirles en sus necesidades; considerar a sus hijos como hermanos míos, enseñarles este arte gratuitamente si quieren aprenderlo; comunicar los preceptos vulgares y las enseñanzas secretas y todo lo demás de la doctrina a mis hijos y a los hijos de mis maestros, y a todos los alumnos comprometidos y que han prestado juramento, según costumbre, pero a nadie más.

En cuanto pueda y sepa, usaré las reglas dietéticas en provecho de los enfermos y apartaré de ellos todo daño e injusticia.

Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo; tampoco administraré abortivo a mujer alguna. Por el contrario, viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura.

No tallaré cálculos sino que dejaré esto a los cirujanos especialistas.

En cualquier casa que entre, lo haré para bien de los enfermos, apartándome de toda injusticia voluntaria y de toda corrupción, principalmente de toda relación vergonzosa con mujeres y muchachos, ya sean libres o esclavos.

Todo lo que vea y oiga en el ejercicio de mi profesión, y todo lo que supiere acerca de la vida de alguien, si es cosa que no debe ser divulgada, lo callaré y lo guardaré con secreto inviolable.

Si el juramento cumpliere íntegro, viva yo feliz y recoja los frutos de mi arte y sea honrado por todos los hombres y por la más remota posterioridad. Pero si soy transgresor y perjuro, avéngame lo contrario.

Versión actualizada del «juramento hipocrático» o promesa del médico:

COMO MIEMBRO DE LA PROFESIÓN MÉDICA:PROMETO SOLEMNEMENTE dedicar mi vida al servicio de la humanidad;

VELAR ante todo por la salud y el bienestar de mis pacientes;

RESPETAR la autonomía y la dignidad de mis pacientes;

VELAR con el máximo respeto por la vida humana;

NO PERMITIR que consideraciones de edad, enfermedad o incapacidad, credo, origen étnico, sexo, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual, clase social o cualquier otro factor se interpongan entre mis deberes y mis pacientes;

GUARDAR Y RESPETAR los secretos que se me hayan confiado, incluso después del fallecimiento de mis pacientes;

EJERCER mi profesión con conciencia y dignidad, conforme a la buena práctica médica;

PROMOVER el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica;

OTORGAR a mis maestros, colegas y estudiantes el respeto y la gratitud que merecen;

COMPARTIR mis conocimientos médicos en beneficio del paciente y del avance de la salud;

CUIDAR mi propia salud, bienestar y capacidades para prestar una atención médica del más alto nivel;

NO EMPLEAR mis conocimientos médicos para violar los derechos humanos y las libertades ciudadanas, ni siquiera bajo amenaza;

HAGO ESTA PROMESA solemne y libremente, empeñando mi palabra de honor.

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El problema de distinguir la ciencia de lo que no es ciencia está…

… en que «la» ciencia no existe. 😎

Por eso es gnoseológicamente imposible demarcar de manera clara y distinta lo que es «la» ciencia de lo que no sea «la» ciencia, porque a «la» ciencia nadie la ha visto por ninguna parte… Es imposible, por tanto, por más que se empeñe quien quiera,  demarcar la «pseudociencia» de la homeopatía de la «ciencia» que hacen en el CERN.

La solución al problema de la demarcación no puede hacerse bajo el supuesto de ninguna hipóstasis gnoseológica. Hipóstasis = sustancializar aislada y independientemente a un ente del resto de realidades. Realidades está dicho así en plural porque de haber solución pasa por plantear una gnoseología pluralista y una ontología pluralista. En ese sentido, a la ciencia le pasa como a la Idea de Ser, que se predica de muchas maneras, y la relación entre las ciencias por tanto será sólo analógica. Por eso no hay respuesta unívoca a qué es la ciencia, pero tampoco la respuesta es equívoca.

Bajo este pluralismo gnoseológico-ontológico, lo que hay, por tanto, son ciencias.

¿Y qué son las ciencias? Pues distintos y heterogéneos campos de operaciones encarnados en sujetos de carne y hueso. Campos de operaciones que construyen  un conjunto abierto e ilimitado de teoremas. Estos campos están demarcados previamente por el desarrollo socio-histórico de técnicas, y que en su despliegue y enfrentamiento con otros campos se han ido «cerrando» hasta delimitar una categoría de la realidad irreducible a las demás categorías. Una ciencia se mantiene en la inmanencia de esa categoría, que no está constituida por un objeto sino por múltiples objetos que mantienen entre sí relaciones definidas. Relaciones que se componen y disocian por operaciones que generan otros términos de la categoría a partir de los precedentes. El cierre de una ciencia alude a esta capacidad de las operaciones para determinar objetos que siguen perteneciendo a la categoría y la amplían, y en la medida en que este cierre va estableciendo concatenaciones entre objetos que establecen los límites de una unidad categorial se denomina lo que Gustavo Bueno llamaba un “cierre categorial” .

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Las ciencias no se entienden como representaciones adecuacionistas de una realidad extramental,  Las ciencias tampoco  son “conocimiento de una realidad exterior a ellas”, sino más bien una re-construcción de una realidad misma que culmina en los momentos en los cuales se logra una identidad sintética entre algunos cursos de sus desarrollos, a través de la cual la identidad sintética puede definir la verdad científica. En ese sentido, las ciencias no es que «reflejen» una verdad, sino que la crean. Por tanto, la verdad de las ciencias no se predica de la ciencia en general sino de cada uno de sus teoremas. Y, por supuesto, una ciencia no se puede considerar sin más como un conjunto de verdades, puesto que un buen número de sus contenidos no son ni verdaderos ni falsos, sino puramente intercalares. Por ejemplo: la verdad del teorema de Pitágoras no consiste en la  adecuación de los triángulos rectángulos empíricos con supuestos triángulos ideales que flotasen en un cielo platónico; su verdad consiste en la identidad misma entre la suma de las áreas de los cuadrados de los catetos y el área del cuadrado de la hipotenusa.

No hay por tanto ciencia por categoría de demarcación, sino categorías demarcadas y creadas por las distintas ciencias.

Si, a efectos prácticos de «estar por casa», se aplica esta noción de cierre, se verá que mientras no se puede decir claramente qué diferencia a «la» pseudociencia de «la» ciencia, sí se puede decir con mayor grado de claridad qué diferencia a la química orgánica (puesto que no hay química sino varias químicas —orgánica, inorgánica, etc.—, como no hay matemática sino varias matemáticas—geometría, álgebra, aritmética, etc.— ) de un saber como la homeopatía.

Para una introducción al problema, recomiendo la lectura «¿Qué es la ciencia? La respuesta de la teoría del cierre categorial. Ciencia y Filosofía»

Para un tratamiento del problema con más hondura, recomiendo la lectura de los cinco tomos de la «Teoría del cierre categorial» desde las coordenadas del Materialismo Filosófico de G. Bueno.

Como recomendación muy introductoria y absolutamente incompleta al tema:

Para obras de consulta:

  • Ferrater Mora, J. Diccionario de Filosofía y
  • Giovanni reale, Historia del pensamiento filosofico y cientifico, los tomos que hablan a partir de Galileo-Descartes, que si no recuerdo mal es el tomo III. 

Como lectura secundaria:

  • Bunge, M., La investigación científica.
  • Cassirer, E. El problema del conocimiento en la filosofía y en la ciencia modernas,
  • Feyerabend, P., Contra el método. Esquema de una teoría anarquista del conocimiento.
  • Kühn, Th. La estructura de las revoluciones científicas.
  • Lakatos, I. (1983). La metodología de los programas de investigación científica.
  • Quine, W.V. Del estímulo a la ciencia.
  • ___________ Acerca del conocimiento científico y otros dogmas
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«Me gustaría creer en Dios, pero…»

Por experiencia puedo decir que varias personas de manera privada, que se consideran a sí mismas o bien ateas o agnósticas, me han confesado —y no tengo por qué dudar de su testimonio— que verdaderamente les gustaría creer en Dios, concretamente en el Dios que se muestra en Jesucristo, pero no saben qué hacer.

Mi respuesta no puede ser más sencilla y casera: si verdaderamente se quiere creer, si honestamente se desea confiar en la posibilidad de un Dios creador, personal y providente que ha asumido totalmente nuestra humanidad, con todas sus cargas, dolores, angustias y sufrimientos, liberándonos de todo ello tal y como se muestra en el mensaje de Jesús y su buena noticia testimoniada en el Evangelio, entonces, habida cuenta de esta pureza de intención, no queda más que confiarse, por fe, a este encuentro personal, «como un amigo habla a otro amigo», en palabras de san Ignacio.

Confíate a Él, de tú a tú, desde la pura honestidad existencial de saberte desde ya amado y acogido infinitamente, y te prometo, no por ser yo quien lo dice, sino por ser el mismo Cristo Jesús quien así lo ha prometido, que Dios te proveerá providencialmente de todos los medios suficientes para irte guiando, iluminando tu inteligencia e inspirando tu voluntad, exactamente según la pedagogía que necesites y desde las circunstancias biográficas en las que te encuentres, por el itinerario existencial que has de seguir. Acto de fe hecho, no te preocupes por nada, pues te encontrarás en las manos del mejor pedagogo que pueda haber, y el único «pago» que se te exigirá a cambio de tan inmenso don es amar a tu prójimo así como tú mismo estás siendo amado, ratificándose lo dicho en Mateo 11:30: «Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera».

Es en esta vivencia biográfica de fe, personal, libre y auténticamente apropiada, donde hallarás la probación de ese Dios que tanto anhelabas. Ni las vías cosmológicas ni los argumentos ontológicos, por útiles que sean para limpiar el camino de presupuestos ideológicos y filosóficos que impidan tal encuentro, «garantizan» a ciencia cierta la existencia de tal Dios personal —máxime si tenemos en cuenta la naturaleza histórica y por lo tanto provisional y contingente de todo sistema filosófico—. Es la comprobación vitalista, de carácter histórico-biográfico, de que la promesa liberadora del Evangelio se cumple desde ahora la mejor muestra en «carne viva» de esa comunicación absoluta que promete el Dios bíblico.

Ánimo.

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…διὰ τὸ θαυμάζειν

«Por el admirarse (θαυμάζειν), los hombres, tanto ahora como primeramente, comenzaron a filosofar, al principio admirándose de las cosas más inmediatas entre las extrañas (τὰ πρόχειρα τῶν ἀτόπων); después poco a poco progresando y sintiéndose perplejos ante cosas mayores, tales como las peculiaridades de la luna y las del sol y los astros, y ante la génesis del todo (τοῦ παντὸς γενέσεως). Pues los que se sienten perplejos y los que se admiran reconocen no saber, y por esto el amante del mito (φιλόμυθος) es en cierto modo filósofo. Como filosofaron para salir de la ignorancia, es obvio que perseguían el saber para conocer, y no por causa de alguna utilidad.


(Aristóteles, Metafísica, I, 2, 982b). 

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Introducción a la filosofía: algunas ideas de qué es filosofía

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«La escuela de Atenas» de Rafael Sanzio (1509 y 1510)

Por ahora, en nuestra introducción al pensamiento de Zubiri, nos hemos encargado de hacer una mera introducción a su pensamiento y de exponer cuáles han sido los problemas fundamentales del conocimiento en la historia de la filosofía. Pero no nos hemos detenido aún a determinar con más rigor qué es filosofía; a esta tarea nos dedicaremos en las siguientes entradas. Seguir leyendo

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Análisis de textos filosóficos (1j): Zubiri: origen evolutivo de la inteligencia

loffit-xavier-zubiri-filosofo-y-teologo-04-600x450-1512347462¡Buenas, socios! Finalmente llegamos al último texto que vamos a analizar en torno a los problemas generales y específicos del conocimiento y a una teoría de la Inteligencia según la filosofía de Zubiri.

Este filósofo vasco plantea el problema de la inteligencia en el ámbito de la actividad sensorial del hombre; no hay para él dualismo entre el sentir y el inteligir. Surge entonces la cuestión de la diferencia entre el sentir del hombre y el del animal, que Zubiri sitúa en la distinción estímulo-realidad. Se trata de dos formas de la aprehensión sensible: para el animal las cosas son meros estímulos de respuesta, mientras que para el hombre son realidades. Esto se explica en función de una evolución biológica que va desde los primeros homínidos hasta el homo sapiens actual. Veamos un fragmento tomado de El origen del hombre (1964) para analizar estas ideas. Seguir leyendo

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