impenetrable

la modificación

Ayer, tomando un café, el amigo Víctor, pastor protestante y psicoanalista, me comenta algo que desconocía, a saber, que la gente guapa son, literalmente, intratables. El psicoanálisis no les hace mella. La razón es simple: un hombre o una mujer bellos son cuerpos completos, como quien dice, y por eso mismo nos excluyen. No hay grietas por las que acceder. Toda belleza es hierática. De ahí que una mujer bella sea como una diosa. Y de ahí también que no podamos abrazarla. Siempre permanece más allá, distante en su dura perfección. Sin embargo, su más allá es inerte. Un cuerpo sin resquicio es un ídolo de piedra. No es casual que el Dios cercano del cristianismo, sea un Dios herido en su divinidad —un Dios que, de tan próximo, incluso huele mal. Como huelen los mendigos.

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Apuntes sobre evangelios sinópticos #10: dimensión teológica en Lucas y Hechos de los Apóstoles

Ésta es la décima entrada de nuestros apuntes sobre Evangelios sinópticos. Mientras que en nuestra anterior entrada tratamos la dimensión literaria en Lucas, esta vez abordaremos su dimensión teológica. Para visitar los apuntes en entradas anteriores, clicar los siguientes enlaces: parte #1, parte #2parte #3, parte #4parte #5, parte #6parte #7parte #8 y parte #9.


Lucas presenta una historia de salvación, dividida en varios periodos. Muestra esta historia como un camino profético y salvador, programado y dirigido por Dios Padre mediante el Espíritu Santo y los profetas (los del A. T. y Jesús-profeta) y mediante la Iglesia (pueblo de profetas).

1. El camino profético

1.1  Camino

La categoría «camino» aparece en Lc-Hch en función de los grandes personajes y de su obra: Juan Bautista, María, Jesús, La Iglesia, Pablo, Pedro.

Juan Bautista prepara el camino al Señor.

María se puso en camino con prisa.

Jesús crea el camino de Dios, de la paz, de la vida. Lo abre y lo recorre Él mismo con su ministerio y que le lleva a la plenitud con su resurrección. Lo enseña y, aún siendo rechazado, lo lleva hasta su consumación. Después de su resurrección, continúa caminando con sus discípulos como protagonista de la Iglesia.

Para la Iglesia, «el camino» resume toda la obra de Jesús y su razón de ser. Es un camino salvador. Ha de vivirlo y anunciarlo a todos los hombres y mujeres, pues Jesús quiere salir al paso de todos. Se anuncia a los judíos aunque éstos lo rechazan, por eso Pablo lo anuncia a los gentiles. La Iglesia se edifica recorriendo el camino con seriedad a pesar de las persecuciones, que no podrán detenerlo, por que lo dirige el Espíritu Santo. La parusía del Señor Jesús pondrá fin a todo este camino de salvación.

1.2  Etapas del camino

Son fundamentalmente dos: 1ª la preparación y 2ª el cumplimiento por Jesús. Dentro de esta segunda, hay dos fases de acuerdo con la cristología de los dos estadios: a) su ministerio terreno en Palestina y b) su actividad como Señor glorioso por medio del testimonio de la Iglesia.

a) Tiempo de preparación

Este tiempo fue el del tiempo del A.T. representado ahora por Juan el Bautista. Él es el último y mayor de los profetas de esta etapa y en él culmina la obra de los patriarcas, de Moisés y David. Por medio de ellos ha actuado  Dios Padre, que es el verdadero protagonista de todo el camino, lo promete y lo programa. Por esto, Lucas presenta las grandes etapas y los grandes hechos de este camino como cumplimiento, especialmente los más desagradables. Todo el camino tiene carácter de cumplimiento, revela la fidelidad de Dios y es motivo de acción de gracias y confianza y, en los casos negativos, de consuelo. Juan Bautista, pues, prepara inminentemente la siguiente etapa con su mensaje de cumplimiento. Él se eclipsa y toma el relevo el mismísimo Señor Jesús.

b) Tiempo de cumplimiento

+ El ministerio terreno

El ministerio terreno fue el comienzo del cumplimiento de las promesas de su actuación como profeta escatológico. Jesús comienza su camino en Galilea, proclamando el cumplimiento de las promesas de la salvación con palabras y obras, pero rechazado como lo fueron los profetas. Elige a Doce como testigos cualificados de su ministerio. Y desde Galilea se encamina a Jerusalén donde consuma su camino por medio de la muerte hacia la exaltación, constituido Mesías y Señor. Su camino termina en «la derecha del Padre». Este final coronó su existencia profética, sacerdotal y regia. Por esto, Lucas describe la ascensión como un subir al cielo mientras da la bendición sacerdotal y como unción profética, quedando constituido como Palabra viviente que Dios dirige a los hombres.

+ El ministerio del Jesús glorioso y el de su Iglesia

Durante el tiempo de la Iglesia, el Señor resucitado continúa ejerciendo como Mesías, Señor y Profeta. La Iglesia recorre esta etapa del camino como etapa de testimonio. Durante ella, ha de proclamar con obras y palabras que ya ha comenzado el cumplimiento de la promesa del Reino en Dios por medio de Jesús resucitado. Jesús sigue íntimamente unido a su Iglesia y recorre con ella en estado glorioso este camino, ofreciendo la salvación a todos: a judíos y a gentiles. Jesús, que ha recibido la plenitud del Espíritu, lo ofrece a la Iglesia para hacerles capaces de ser sus testigos. El camino de la Iglesia se sitúa entre la ascensión y la parusía del Señor, entre el Reino presente y futuro. Este camino está al servicio de dicha venida del Señor (parusía). La Iglesia hace este servicio de una doble manera: 1º con su vida filial y fraternal y 2º con la proclamación de la exaltación de Jesús. En Hch este camino de testimonio tiene la siguiente ruta: Jerusalén, Judea, Samaria y hasta «los confines del mundo», desde los judíos hasta los gentiles y con un sentido, que podríamos llamar, centrípeto. Así expresa Lucas su convicción de que el Señor es el protagonista del camino de la Iglesia y que es actualización del camino del Siervo también con dificultades, llegando a Roma (al final de Hch), corazón del mundo gentil y, de ahí, a los confines.

c) La parusía

Ésta marcará el final del camino salvador. Entonces Jesús aparecerá como Mesías y Salvador —ante Israel y ante todos los demás pueblos—, como restaurador de todas las cosas, consuelo de todas las aflicciones pasadas en este camino.

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La fe y las creencias, con ejemplos

Fe y creencias no comparten una relación de identidad. Se comprueba una y otra vez que  la fe es prácticamente lo contrario de las creencias, i.e.,  sistemas de referentes que surgen y se configuran espontáneamente en la sociedad y que se imponen por la fuerza y dinámica de las vigencias, articulando y fundamentando algunas de sus costumbres, por irracionales e inhumanas que puedan ser, mientras que la fe bíblica —que orienta escatológicamente al sujeto—  siempre ha implicado una ruptura con la opinión general  de una sociedad.  De ahí que en el periodo de la monarquía isrraelo-judía se  diera la tendencia constante a la recaída en el politeísmo, y la apostasía fácil en tiempos de la islamización en la España visigoda, con una finalidad meramente pragmática, pues así se podía seguir en posesión de las tierras, obtener exención de impuestos o acceder al poder.

Las principales familias visigodas de terratenientes o administradores de Al-Andalus, Emérita, Pax Augusta, Toledo, Murcia, Valencia y Aragón apostataron con facilidad para con ello conservar su estatus: así surgieron los Tudmir de Murcia tras el Pacto de Teodomiro, o la familia muladí de los Banu Qasi de Toledo o los Mahmud en Zaragoza. La trama social de la clase dominante de la Hispania musulmana jamás estuvo constituida por “árabes” como vulgarmente se dice —los invasores originarios fueron unos 4.000 árabes del entorno de Tárik y Muza, el resto fueron beréberes norteafricanos—, sino por las tradicionales familias hispanorromanas y visigodas de Al-Andalus, La Mancha, Extremadura y Levante, superficialmente islamizadas para  mantener sus ya seculares privilegios fiscales, políticos y económicos.

Los islámicos desembarcan en la península sesenta años después de la muerte del Profeta, el Corán aún no había sido redactado y aún no existían los grandes juristas de fines del siglo VIII que elaborarían la doctrina oficial ya sistematizada del Islam —que es, de suyo, principalmente un sistema de derecho canónico más que sistema teológico); ni siquiera el “arte árabe” se había acabado de formar.

Por eso es inexacto decir que el arte mozárabe hispánico es un impacto del arte “árabe” en la arquitectura española: el conjunto monástico de Santa María de Melque, en Toledo (que era la capital del reino visigodo), es ya mozárabe y se construyó en los últimos años de la monarquía visigoda y primeros años de la ocupación musulmana.

Evidentemente, el arte califal de Córdoba se fue desarrollando paralelamente al mozárabe. Y durante un siglo las tropas de ocupación acamparían sistemáticamente en las afueras de Córdoba, de Granada, de Jaén y de otras ciudades y para su culto compartirían una iglesia del casco de la población con los cristianos.

Aquellos ocupantes lo que de positivo ofrecían, ante la desorganización y la corrupción de la administración visigoda, era un sistema mucho más racional y práctico de organización de la vida civil y administrativa, y a fin  de cuentas eran monoteístas y de una religión todavía aún no bien cimentada y definida para los extranjeros; quizás sus contemporáneos de la península supondrían en un primer momento —cuando se islamizaron— que se trataba de una “herejía” más de tantas como pululaban en el oriente bizantino. Y esto en una España religiosamente dividida también por las “herejías”: el priscilianismo en el norte —condenadas como herejía en el Concilio de Braga y ya debatido en el previo Concilio de Toledo—, el arrianismo —ya considerado herético desde el Primer Concilio de Nicea— entre los visigodos, y los monofisitas centro/levante—heréticos desde el Concilio de Éfeso, más puede hablarse aún hoy día de un “criptomonofisismo” en la mentalidad cristiana del pueblo llano…— .

Y precisamente el cristianismo que había conocido Mahoma antes de arrancar  su doctrina era precisamente el monofisismo de Siria. En la incursiones en Septimania (Mediodía francés) ya no encontrarían los musulmanes una porosidad en el tejido mental religioso semejante, pues el cristianismo allí  era mucho más homogéneo.

La tolerancia que reinaba entre cristianos y musulmanes —que  étnicamente eran hispanorromanos— es patente por ejemplo en la serie de matrimonios mixtos cristiano-mulsulmanes que se contrajeron durante más de un siglo entre miembros de la familia cristiana de los Arista de Navarra (cuna de la monarquía castellana) y las de los Banu Qasi y Mahmud de Zaragoza. Y, ya en el Califato, la madre de Hisham II, sucesor de Al-Hakam II, era conocida en las crónicas cristianas como “Aurora la Vasca”, anteriormente una joven sayyida, “esclava”.

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Corpus Christi: la unión vital y de por vida (por Luis Cencillo)

La entrada de hoy corresponde a un sermón  del profesor Luis Cencillo para  la festividad de Corpus Christi, realizado en los 90 y tomado  del capítulo 32 de su libro Los riesgos de la palabra (Ed. Fundación).

Las lecturas de ese día fueron Dtr 8,2-3. 14-16; 1 Cor 10, 16-17; Jn 6,51-58.

La unión vital y de por vida

Hoy es uno de esos días en que es muy claro lo que hay que decir; está muy claro, pero hay que acentuar algo que la costumbre nos ha llevado a ver, quizá,  con  una cierta rutina; parque al fin y al cabo la Eucaristía no es un sacramento más (sacramentos, por otra parte santísimos, como el bautismo, o el orden, o la confirmación, o la extremaunción, o el matrimonio) sino que, además, es la anticipación escatológica de la venida de Cristo; o sea, que es a la vez señal y realidad, y los demás sacramentos son en sí un signo, pues es el baño, es la unción, es la autoacusación, es el consentimiento contractual, es también la unción en el orden, pero aquí es la realidad por encima de la Historia, y en dos sentidos: en un sentido hacia el pasado, porque reactualizamos (como dice san Pablo: celebraréis la muerte del Señor hasta que vuelva) reactualizaremos la crucifixión y la resurrección, y en un sentido futuro porque anticipamos la venida, escatológicamente. Tiene pues una doble dimensión de eficacia temporal: a la vez nos resitúa en el Calvario y nos trasporta hasta la parusía.

En realidad Jesús siempre está viniendo y estando con nosotros, eso es lo que quiere decir escatológico. Escatológico no quiere decir que al final del tiempo se va a producir un acontecimiento más, que en ese sentido sería también histórico, historiable, porque viene después de la Historia, sino que lo escatológico está como superpuesto a la Historia.

Es exactamente como una cuestión de física actual, como el infinito, el espacio infinito o el tiempo infinito superpuesto al tiempo finito o al tiempo medible, o al espacio medible; es esa inconmensuralidad de que habla Einstein también según la cual el tiempo real no se conmensura con el tiempo convencional de la tierra, porque el tiempo real abarcaría toda la simultaneidad de todas las galaxias, de todo lo que está pasando, en todas las galaxias; pues esto que es puramente físico y natural extraña todavía más, yo diría con más “;misterio”; lo mismo que en esa presencia divina escatológica en la Historia por lo menos desde la encarnación, y antes también puesto que la encarnación también ha valido para el tiempo anterior a ella. Eso que a veces dicen: “¿Cómo vino tan tarde Jesucristo?” No es problema: da igual cuando viniera, o cuando hubiera de venir; desde el momento en que se encarna el Verbo Divino, toda la Historia, desde la Prehistoria hasta el final, queda redimida y santificada.

Dicen: No había entonces nadie que predicase, y ahora, ¿Quién oye a los que predican? No seamos en eso tan activistas que creamos que la redención solamente surte efecto cuando alguien la acepta; evidentemente el hombre de CroMgnon no podía “aceptar” la redención porque no sabía nada de eso y carecía además de capacidad: no podía casi pensar, pero estaba ya redimido; esa visión antigua, arcaica de que los paganos están empecatados, infernados hasta que viene Cristo, que entonces trae la luz al mundo, eso solamente está pensado a nuestra medida, como el tiempo de los relojes, pero en realidad toda la Humanidad, desde su origen, queda redimida desde el momento en que Cristo nos redime abarcativamente a todos.

Por eso, no sé si os habrá chocado a alguno, esa proposición del Credo que suena muy arcaica: “descendió a los infiernos” (yo antes de caer en la cuenta de esto decía, pero ¿por qué en el Credo esa preposición?, porque eso suena a una nekya como la de Eneas o la de Ulises a los infiernos). Pero lo que significa es que la redención de Cristo (fíjense que lo tenemos en el Credo pero no nos hemos dado cuenta) que la redención de Cristo surte efecto hacia el pasado también, y por eso Cristo ha de “ir”, según la mentalidad judía de la época, ha de “ir a sacar” del inframundo, no digo de los infiernos porque eso suena muy mal, del inframundo a los que habían muerto antes de su venida, porque también estaban redimidos; eso es lo que profesamos como artículo de fe con ese enunciado del Credo, de manera que fíjense si es verdad esto que voy diciendo.

Y aquí hay una frase, ya sobre la Eucaristía, importantísima, que es “el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”, primera revelación; todo el evangelio de San Juan es casi eucarístico, desde el signo de Caná, que ya ese vino de Caná anticipa la Eucaristía, en la intención de sus autores, por la multiplicación de los panes, hasta la resurrección, pasando por beber el agua de la Vida y por la luz, es casi todo eucarístico.

Segunda idea: “Y yo le resucitaré en el último día”. Son dos cosas o si se quieren tres: una es participar en un sacramento, así que cada vez que participamos en una misa, (la misa se ha banalizado mucho en el habla: “mandaré decir unas misas”, “que me digan unas misas…”); oiga Vd., pero si la misa es la reactualización de la pasión de Cristo y la anticipación de la parusía, imagínese lo que es la misa; teníamos que temblar ante la misa, porque es como una condensación de todo lo más profundo, grande y trascendental de nuestra fe y de nuestra praxis cristiana.

Pero no es solo eso, sino que ya adquirimos por ese sacramento la vida eterna. Uno puede ordenarse y no adquirir la vida eterna; uno puede casarse y no adquirir la vida eterna, sobre todo si está en mala situación de conciencia; uno puede ser confirmado y si no está en las debidas condiciones, no adquiere la vida eterna, adquiere el Espíritu Santo para que le lleve a la vida eterna; pero uno comulga y si en el momento de comulgar se arrepiente, no hace falta que esté purísimo antes; Vds. Pongan un cumplimiento pascual en un cuartel o en una cárcel como se hacía en tiempos de Franco, y claro, pues esa gente ni ha sabido confesarse, ni tal vez se ha confesado válidamente…Pero si no van de mala fe y con enemistad hacia lo divino, quedan justificados, perdonados, purificados, como haya que decirlo.

Yo me acuerdo, para que vean la preparación de mucha gente, de un candidato a novicio que tenía sobre la confesión la peregrina idea, porque se lo había dicho su padre campesino, de que le dijera al cura lo que se le ocurriese, pero que no le hablase de sus… yo digo de sus intimidades, ¡y era un candidato a novicio! ¡Qué será un candidato a paracaidista! O sea que el pueblo, en eso de la confesión está muy mal formado.

Ahora bien; Dios es tan bueno (parece eso un tópico) Jesucristo es tan grande en su corazón que si en el momento de comulgar una persona así no quiere estar en enemistad con Él, y de alguna manera quiere congraciarse con Él, adquiere la vida eterna; esto es de fe, y todo lo que se diga de otra manera no es de fe; estoy como San Pablo con los Corintios, ya saben lo que le pasaba a San Pablo, que predicaba la libertad, la misericordia de Dios, el  llamamiento a todos los hombres, paganos o judíos, a los frutos de la redención, y en cuanto se iba de Corinto, o de Filipos o de Galacia (Galacia era una provincia, no una ciudad) venían los judeocristianos detrás a predicar la circuncisión y las observancias de la Ley, y entonces Pablo se indignaba, y escribía esas cartas como la de los Gálatas llamándoles insensatos por hacer caso a esos fundamentalistas judíos. Y daba la casualidad de que ese rigorismo de los pseudoapóstoles, como él dice: los “superapóstoles”, o los superministros, que iban detras de él a desprestigiarle, caía mejor a la gente que su predicación de la libertad, en Cristo.

¿Por qué? Pues porque todos queremos seguridades y da mucha más seguridad que te digan: “mira aquí tienes la Torá, aquí tienes la Ley, si te circuncidas, guardas el sábado, ayunas y celebras la Pascua comiéndote un corderito, pues te salvas”, que decir: “mira, ahí tienes tu libertad, ahí tienes a Jesucristo, síguele”; entonces es cuando se nos crea el problema de cómo le seguimos. Pero ese es el cristianismo, no una serie de prácticas rituales que no conducen a más que a creernos justos cuando no somos justos, sino que toda la justicia (y estoy apuntando a toda la teología más profunda de Pablo) toda la justicia nos viene de Cristo y de su muerte y de su Eucaristía, que es la aplicación de los efectos de su muerte.

Por lo tanto: por muy impuros que nos sintamos, por muy mala que sea la situación en que vivimos o nos parece vivir, los adolescentes sobre todo, si comulgamos con un deseo de no estar en esa situación, adquirimos la vida eterna, y, además, la promesa escatológica: “vais a resucitar” por mucho que muramos, por mucho que se descomponga nuestro cuerpo, por mucho que sea frágil y caduco, ya está Cristo, hombre como nosotros pero Dios como el Padre para resucitarnos.

Si bajó al inframundo para recuperar a los hombres prehistóricos y arcaicos, a nosotros que le conocemos y que le comulgamos, y que vivimos en unión con él aunque con interrupciones a veces, ¿Qué no nos dará? Y puede que en el momento de la muerte, ya no haya que esperar al juicio final.

Así que dos conclusiones: La primera, que tomemos tan en serio la comunión…, incluso la palabra “comunión” ha perdido su relieve, “comunión” quiere decir “unión íntima”, “cum unio”, “cum unio”, “unión con”, pero una unión real y profunda, que tratemos de vivir unidos realmente, personalmente (eso quiere decir “carne”) con el Señor.

O sea que esta frase que puede sonar tan dura “si no coméis mi carne, y el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”, y en el texto al decir “comer”, dice trogo,  en griego, quiere decir “masticar”; vuelvo a decir lo que dije el otro día, esa gente que cree que no puede masticar la sagrada forma… ¡Que no! Que está hecha para que se mastique, que es más real así la incorporación, que no es una especie de caricatura de un espíritu; claro, como se ven las formas tan blancas…, pero los antiguos comulgaban con pan ordinario, y hay unas benedictinas alemanas y en nuestro país en consuegra que hacen unas formas que parecen galletas, para que la gente tenga que masticar de verdad, porque es que parece que no tomamos pan, que tomamos un espíritu semimaterial, un cuerpo astral; ¡y no! Que aquí se trata de una comida de verdad para incorporarnos a Cristo de verdad, y en el vino, de una sangre de verdad para impregnarnos de la redención de Cristo de Verdad, como ha dicho antes el Señor. ¿no es este trozo en el sermón alethinos? Quiere decir “verdadero”, “el pan es mi verdadero cuerpo”.

Entonces si nos unimos a él tan realmente y vivimos así unidos, estaremos a lo largo de los años creciendo, aunque no lo notemos; dice Piny, un dominico francés del siglo XVII, muy poco conocido pero magnífico, en su libro, lo más perfecto, que Dios puede destinar a un religioso, a una religiosa, a una persona muy metida en cosas de devoción, a sentirse toda su vida como un pecador o un principiante, a no sentir el menor consuelo en la oración, ni la menor devoción al comulgar, nunca; cuando él lo dice sería porque lo sentiría o porque conocía gente a quien le pasaba esto.

Es decir, no tiene nada que ver la sensibilidad mística, porque ahora con todo eso de las apariciones parece que vamos a que el que no tenga apariciones o no viva fenómenos paranormales no está en Dios; ¡que no! Que eso va por otro camino; es más: en la epístola a los corintios, cuando Pablo dice que si hay que vanagloriarse, “vengamos al discurso insensato: que él también ha subido al tercer cielo”; (porque esos pseudoapóstoles que iban desprestigiándole presumían de dones místicos, y decían que lo que predicaban lo habían sacado de sus experiencias místicas)  San Pablo se alza y dice: “Mirad eso viene de Cristo, no hay experiencia mística [es decir el fundamento no es tal experiencia], lo único que hay es la palabra de fe, con mística o sin mística”.

Por lo tanto, aunque no lo notemos, estaremos siempre creciendo porque está con nosotros precisamente la Vida misma y la verdad misma, y finalmente, podemos adquirir la seguridad para no morir con miedo… el miedo a la muerte en un cristiano no es demasiado propio, demasiado pertinente, porque la muerte es la incorporación a Cristo, y podemos tener la seguridad de que Él nos resucitará, es decir, nos hará íntegros otra vez, por lo menos, si no ya, en el último día.

En los cuatro evangelios aparecen especialmente asociados el manah, la multiplicación de los panes y la última cena. Aparte de las tres reviviscencias es la multiplicación de los panes el signo de mayor trascendencia que realizó Jesús, por como lo narran y del significado y comentarios o gestos de que lo rodean los evangelistas. Lo mismo que en el éxodo, tras el paso del mar (que algunos minimizan) es el manah el principal milagro de Moisés. En una economía antigua, es decir de hambre y de subsistencia, proporcionar alimento en el desierto o en la carestía (como Eliseo) era el signo o acto de poder más apreciado que podía hacer un profeta o taumaturgo.

El primer signo de su vida pública versó acerca del VINO en Caná, el signo culminante versó acerca del PAN y el acto final de su vida antes de entregarse al tormento, también: unió VINO y PAN en un signo de amistad y de entrega real y dinámica al hombre.

Fue un acto de locura divina llevada del amor. Tras el progresivo acercamiento de Dios al hombre desde la figura de dios celeste y sancionador, inicialmente como otros, hasta su humanación y finalmente su apariencia de alimento para ser física y espiritualmente asimilado por el hombre siempre que lo desee y lo necesite, es todo ello un proceso de locura de amor omnipotente.

Ahora bien, alguna vez tenía que revelar y dar conocimiento de este proceso y de esta locura, y eso fue según Juan, en Cafarnaum, en su sinagoga después del signo de los panes cuando todos le buscaban… Allí, la revelación de toda la verdad fue demasiado y la inmensa mayoría lo abandonó (de momento al menos). No podían sufrir toda la verdad, que era necesario revelar de una vez, aunque discretamente, a saber:

  1. Que se trataba de una persona divina, lo cual era para los monoteístas orgullosos de ello absolutamente inaceptable, si no se mostraban en principio dóciles a Jesús para que se lo aclarase, y no lo fueron, dóciles (es decir docebiles, capaces de ser enseñados…)
  2. Que esta persona divina tenía el poder de operar algo inimaginable, ”loco” para el sentido común que no ama: hacerse PAN (tomar sus apariencias) para intimarse más en cada uno de sus creyentes o de todos.
  3. Que cada vez que en determinadas circunstancias se le invocase iba a hacerse realmente presente entre y en sus fieles e iba a ser localizable en esos signos del pan y del vino, para ser comido y bebido… ¡era demasiado!

Dadme alguien que ame con locura y lo comprenderá, comprenderá que sí se puede (y Dios lo puede y Cristo en Dios) hará lo imposible por entrañarse en cada uno de los que ama y le aman.

Y no es tan imposible tampoco físicamente supuesto el poder divino, pues que él, en su divinidad y su humanidad, con su cuerpo real sólo que en y en otra dimensión, es verosímil que se pueda hacer presente entre quienes se reúnen en su nombre para acercarse a él. Y que una cosa pueda transignificarse (término técnico desde Pablo VI) y con sus mismas propiedades físicas y su ubicación comenzar a mediar dialécticamente la presencia real del Señor (siendo ella y no siendo ella en un proceso de entrega y asimilación), tampoco es ningún imposible. Sobre todo si se tiene en cuenta que las cosas no son substancias pétreas, sino vórtices de energía dotados de significado y de función… Sólo queda rogaros que, en vuestros problemas y desfallecimientos (aunque se trate de caídas  y de indiferencia o desamor) no desaprovechéis el medio de remediarlo todo, tan casero, tan fácil, tan a mano, como es acercarse a Él, unirse, asimilar su energía para superar cualquier dificultad, siquiera sea la del tedio de una vida tan monótona, cansada y aburrida como la que hemos de llevar hasta que se cumpla el fin de unirnos a Él por la muerte.

Pues hemos de morir pero no para mal, ni para perdernos en un laberinto de reencarnaciones o de purgatorios, sino para encontrarle a Él de inmediato. Todo depende de que nuestra vida sea, suplementariamente por lo menos, una progresión del deseo de encontrarle, nutrido por el encuentro frecuente y momentáneo de cada comunión.

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Debate sobre la natividad de Jesús, con L. Cencillo, Puente Ojea y A. Piñero

Ahora sí que sí, haciendo arqueología por la web he dado finalmente con un debate del 93, la Hora Bruja de RNE, donde Puente Ojea y Luis Cencillo tienen espacio de sobra para darse cachetadas y encima en compañía del gran Antonio Piñero —que afortunadamente aún vive—, y todo ello con Adestes fideles de fondo. ¡Insuperable!

¿De verdad soy el único friki aquí que disfruta con estas cosas…?

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Apuntes sobre evangelios sinópticos #9: dimensión literaria en Lucas y hechos de los apóstoles

Esta es la novena entrada sobre nuestros apuntes de evangelios sinópticos. Esta vez introduciremos al evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles. Para seguir las entradas anteriores, visitar los siguientes enlaces:  parte #1, parte #2parte #3, parte #4parte #5, parte #6parte #7 y parte #8..

1. Unidad del Evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles

La unidad de ambas obras hoy día es admitida por la generalidad de los exegetas, apoyándose sobre todo en la unidad de lengua, estilo y teología. Ambas obras constituyen un bloque de unas 37.700 palabras aproximadamente. Para unos autores, las dos fueron concebidas y editadas a la vez, como dos partes de un conjunto. Para otros, el evangelio fue concebido como una obra independiente y que después se escribió Hch como continuación de Lc, desarrollando la estructura y la teología de éste en función de la problemática de los destinatarios.

2. El texto y su estructura

2.1  El texto

Las dos obras fueron escritas en griego y han llegado a nosotros en dos tipos de texto: el texto alejandrino, hesiquiano o neutro (comúnmente aceptado) y el llamado texto occidental.

a) Evangelio

El texto alejandrino está representado por los papiros P4, P45 y especialmente por el P75 (todos del s. III) y por los grandes manuscritos Sinaítico y Vaticano del s. IV; además, posiblemente contiene un texto que se remonta al s. II. Como decíamos, es el texto más aceptado por los exegetas.

El texto occidental está avalado por el Codex Bezae del s. V/VI y las Vetus Latina del s. II/IV. Este texto —con adiciones, omisiones y cambios— está más armonizado y suavizado con respecto de los otros sinópticos.

Hay un tercer texto llamado Koiné o Textus Receptus pero que tiene poco valor y es considerado de importancia menor.

La mayoría de las ediciones críticas de Lc utilizan el texto alejandrino como base. Además, suelen suprimir como no auténticos 9,55b-56a; 23,17 y se duda de la autenticidad de 22,43-44; 23,34.

b) Hechos de los Apóstoles

El texto alejandrino está representado principalmente por los papiros P45 (s. III) y P74 (s. VII) y por los manuscritos Sinaítico, Vaticano, Alejandrino, Ephraemi Rescriptus y otros muchos. Se trata de un texto breve y en general suele ser considerado como el más auténtico por la mayoría de los críticos.

El texto occidental está representado principalmente por los papiros P38 (s. IV) y P48 (s. III) y especialmente por el manuscrito Codex Bezae y la Vetus Latina (s. II/IV). Este texto contiene una décima parte más de texto que el texto alejandrino con más de 400 adiciones, atenuando dificultades, corrigiendo inexactitudes, ofreciendo detalles pintorescos  e incluyendo textos litúrgicos.

Se discute sobre la relación de las dos formas del texto pero, por lo general, prevalece el alejandrino sobre el occidental, aunque se admite la posibilidad de que el occidental también contenga lecturas originales. Lo cierto es que el texto base de ambos se estaría remontando al s. II.

Las ediciones críticas ofrecen el alejandrino y suelen suprimir como no auténticos 8,37; 15,34; 24,6b-8a; 28,29.

2.2  Contenido

Ambas obras tienen fundamentalmente un carácter narrativo, presentando la acción de Jesús y la de algunas comunidades cristianas de la primera generación; ambas acciones como etapas de una misma historia de salvación. De hecho, la segunda parte (Hch) comienza resumiendo lo dicho en la primera (Lc) como fundamento de la continuidad del relato.

a) Evangelio

El contenido es similar a los otros dos sinópticos, tanto en los hechos narrados como en el orden. Tras el prólogo y los relatos de la infancia de Jesús, se centra en su ministerio público. Este ministerio se desarrolla geográficamente en tres escenarios: Galilea, el camino hacia Jerusalén y en Jerusalén mismo.

Comparado con Mc, hay coincidencia sustancial de contenido y secuencia de hechos entre Lc 3—24 y Mc 1—16, pero con dos interpolaciones lucanas: 6,20—8,3 y 9,51—18,4. Además tiene algunas diferencias: colocación de la visita de Jesús a la sinagoga al principio del ministerio de Jesús, las primeras vocaciones no al principio del mismo sino un poco después, los relatos de la pasión y apariciones.

Comparando con Mt coinciden en incluir una serie de tradiciones no contenidas en Mc (propias de la fuente Q) y en anteponer un relato de la infancia aunque de contenido diferente.

Finalmente, contiene una serie de tradiciones propias de Lc.

La narración consta de unas 19.400 palabras con 146 unidades narrativas. Es la obra más extensa del N.T. y el más largo de los cuatro evangelios.

b) Hechos

Comienza con un breve prólogo donde repite el relato de la última aparición y ascensión de Jesús al cielo ya narrado al final del evangelio. Después presenta la comunidad de Jerusalén, la elección de Matías. Después Pentecostés y el relato de la actividad misionera de la Iglesia de Jerusalén, protagonizada por Pedro, y la actividad de los helenistas. Después de narrar la conversión de Pablo y la de los primeros gentiles y la fundación de la Iglesia en Antioquía, el relato se centra en la expansión misionera por el mundo gentil, protagonizado por Pablo. Termina todo el relato con la llegada de Pablo, prisionero, a Roma.

La obra tiene unos 86 relatos con unas 18.300 palabras aproximadamente.

2.3  Lengua y estilo

El griego que usa Lucas, junto con el de la carta a Hebreos, se considera como el más cuidado y elegante de todo el N.T. Emplea con corrección el griego de la koiné, con un nivel superior al del uso común y vulgar pero sin llegar tampoco a ser el de los clásicos. Lo usa con diversidad de estilos: más literario en el prólogo del evangelio, más semejante al de los LXX en otras partes, más semitizante en los relatos de la infancia, corriente en el resto del evangelio; el de los Hch lo usa con más libertad. Esta diversidad de estilo quizás sea por su deseo de acomodar la lengua a la materia que narra en cada momento.

Lucas es un verdadero historiador helenista menor —a veces elegante, a veces vulgar— que no llega a alcanzar la altura de los grandes literatos de su época.

a) Vocabulario

En general, emplea un vocabulario abundante, cuidado y bastante parecido al de los autores de la prosa post-clásica y al de los LXX. Las dos obras usan unas 1.000 palabras diferentes.

La calidad general del vocabulario es aceptable, empleando una serie de palabras propias de un aticista[1]. Comparado con Mc, evita vulgarismos y palabras extranjeras, tanto semitas como latinas. Usa también una serie de palabras con sentido técnico cristiano (camino, creyente, naciones = pagano, evangelizar, Señor = Jesús, palabra, etc.). Por último, el vocabulario lucano en el campo de la medicina no tiene nada de técnico, como afirmaron algunos autores para confirmar su profesión médica.

b) Gramática

Su gramática es muy rica e incluso emplea recursos no usados por otros autores del N.T. Comparándolo con Mc vemos que en general mejora su gramática, especialmente en los relatos, aunque también en esto es inconsistente Lucas, pues algunas veces empeora algunos usos elegantes de Mc.

c) Estilo

Lucas construye un estilo que es el mejor de todo el N.T. y que se manifiesta mejor en Hch (donde escribe con más libertad) que en el evangelio (en el que sigue a Mc aunque lo mejora estilísticamente hablando).

Lc-Hch no es la obra de un estilista sino la de un pastor. Para él, la lengua y sus recursos están al servicio de la fe.

Lucas conoce los recursos estilísticos semitas y helenistas. Emplea escenas-tipo, personificaciones, prólogos, cartas, oraciones. Son frecuentes en él las metáforas, el estilo directo, los discursos, los sumarios y los coros (grupo de personas que hablan a una sola voz). También ofrece rasgos psicológicos que evocan magistralmente la presencia de lo divino. Usa la dialéctica ignorancia-reconocimiento, que da una gran viveza al relato.

Por otro lado, Lucas domina, tanto las técnicas que ayudan a una presentación viva de los materiales recibidos de la tradición, como las que facilitan una adecuada composición de ellos. Enlaza redaccionalmente los materiales estrecha y coherentemente formando una historia, pero evitando bloques narrativos demasiado grandes para facilitárselo al lector. Esta historia entrelazada está guiada por un principio sobrenatural, el plan salvador de Dios, junto con otros principios basados en causas humanas. Para ello une los hechos narrados con las categorías «promesa» (o sus equivalentes «anuncio, predicción y proyecto») y «cumplimiento». Además, usa frecuentemente la combinación «sumario – episodio concreto – sumario» que le permite crear un estilo episódico ágil y dramático al servicio de un conjunto coherente. Mediante paralelismos, presenta hechos, personas y secuencias de hechos. También emplea el quiasmo (que, como recordaréis, con una especie de bocadillos redaccionales simétricos). En general, suele respetar el contenido y orden interno de los materiales que le ofrecen sus fuentes, pero suele reelaborar ampliamente las introducciones y las conclusiones de las perícopas, uniéndolas estrechamente entre sí y al contexto más amplio de las distintas secciones, y da más relieve a los oyentes y a los testigos de los hechos narrados. Evita los duplicados mayores y las repeticiones menores tan frecuentes de Mc, con lo que el relato avanza con más claridad.

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Tú, déjate hacer despacito…

Se lee en la Bhagavad Gita lo siguiente:

“Hijo de Pritha, ¿cómo puede ese hombre, que sabe que el sí mismo es indestuctrible, perdurable, no nacido e inextinguible, decidir a quién puede matar, a quién puede causarle la muerte? […] Las armas no separan el sí mismo en secciones; el fuego no lo quema; las aguas no lo mojan; no necesita que se lo seque. No es divisible, no es combustible; no se moja ni debe secarse. […] Se dice que es imperceptible, que es inconcebible, que es invariable. […] Por lo tanto, no deberías lamentar la muerte de ningún ser.”

Moraleja: no te lamentes incluso de ningún holocausto. Como decía un cierto limpiador de lentes, tú vive en plan sub specie aeternitatis, en plan rollo ataraxia e indiferencia total. En otras palabras: tú, déjate hacer despacito, sin resistirte a nada…

Which translation of Gita did Hitler, Himmler and other Nazis read?

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Apuntes sobre evangelios sinópticos #8: la dimensión socio-histórica en Mateo

Tratamos ahora en esta entrada la dimensión socio-histórica de la trama narrativa en Mateo. Para ver las entradas anteriores, visitar los siguientes enlaces: parte #1, parte #2parte #3, parte #4parte #5, parte #6 y parte #7.

1. Lugar de composición de la obra

1.1  La comunidad de Mt

En los dos capítulos anteriores ya hemos ido viendo las características de la comunidad mateana.

  • Es heterogénea. Hay judeo-cristianos pero también cristianos venidos del paganismo.
  • Polemiza con el judaísmo fariseo reorganizado tras la conquista, expolio y destrucción en Jerusalén por los romanos en el año 70. Posiblemente, a estas alturas, la Iglesia ya se ha separado de la Sinagoga.
  • Tiene problemas internos debido a la falta de coherencia de vida de algunos cristianos que no dan buenos frutos, que muestran «poca fe». Hay falsos profetas que escandalizan y extravían a los más débiles de la comunidad.
  • Está establecida en un centro urbano y tiene una cierta organización interna con algunos ministerios dentro de la comunidad. Parece que existían escribas cristianos, dado el uso que se hace de las Escrituras y de las tradiciones judías.

1.2  La Iglesia de Antioquía de Siria

La opinión más extendida considera que el evangelio de Mt tuviera su origen en Antioquía, capital de la provincia romana de Siria y tercera ciudad del imperio (después de Roma y Alejandría). Era una ciudad cosmopolita, con el griego como lengua franca y el helenismo como trasfondo cultural dominante. La colonia judía era importante, también muy empapada de dicho helenismo.

En un primer momento, la Iglesia es fundada en esta ciudad por judeo-cristianos de corte helenista que habían huido de Jerusalén en el momento de la primera persecución (Hch 8,1-3; 11,19-21). Por primera vez se acepta en la Iglesia la entrada de gentiles sin ser sometidos a circuncisión ni a otras prescripciones judías. Posteriormente a este momento, Pablo jugará un papel importante en esta Iglesia (Hch 11,25-26; 13,1). Antioquía y Jerusalén serán los dos grandes centros del cristianismo en esta primera hora de la Iglesia. Jerusalén es una comunidad judeo-cristiana estricta, vinculada a la Ley. Antioquía es mucho más libre respecto a la Ley, dado que tiene judeo-cristianos helenistas abiertos a los gentiles. El llamado «Concilio de Jerusalén» (Gal 2,1-10; Hch 15,1-29) fue, en realidad una asamblea de ambas iglesias, en la que se reconoció la legitimidad tanto del cristianismo jerosolimitano como del antioqueno.

Un segundo momento lo provoca el conflicto que se dio entre Pedro y Pablo en esta comunidad antioquena (Gal 2,11-14). El asunto se concluye con la promulgación del llamado «decreto apostólico» (Hch 15,19-20.28-29) que pretendía promover la convivencia y la comunión entre judeo-cristianos y pagano-cristianos. Es una solución intermedia. Como ya dijimos en el capítulo anterior, esta actitud de síntesis es lo que caracteriza a la tradición petrina, y quizás al mismo Pedro, en el cristianismo de los orígenes. Es una tradición que acabó prevaleciendo en la comunidad antioquena. Así pues, en este segundo momento, la Iglesia de Antioquía funda su unidad sobre la tradición petrina y Pedro se convierte en la gran autoridad de esta comunidad.

1.3  Mt, el evangelio de la Iglesia de Antioquía

Las características literarias y teológicas del evangelio mateano, junto con la situación vital (sitz in leben) de la iglesia antioquena apoyan la idea de ser esta ciudad en la que se compuso este evangelio. Veámoslas:

  • Mt es el único evangelio que habla del eco de la actividad de Jesús en Siria (4,24). Además, es una obra escrita en griego, lengua usada prevalentemente en las ciudades de Siria occidental.
  • El origen antioqueno de este evangelio se confirma por el uso que hace de él san Ignacio de Antioquía.
  • Mt realiza una síntesis de Mc y Q. Tanto por motivos geográficos como teológicos, Antioquía es un lugar muy propicio para que tal encuentro se haya podido dar.
  • Hch 13, 1 habla de la existencia de «profetas y maestros» en la iglesia de Antioquía, y se confirma la existencia de estos ministerios en el evangelio de Mt.
  • Los conflictos que se dan en Antioquía (y que están referidos en Hch) se ven reflejados en el evangelio de Mt. Por un lado, están los judeo-cristianos de corte farisaico que se abanderaban como los promotores de la Ley, generando conflicto dentro de la Iglesia. Por otro lado, estaba el conflicto de los judeo-cristianos helenistas, más liberales y carismáticos con los menos legalistas, herederos de un paulinismo desenfocado. Antioquía es el sitio donde mejor se explican estas dos tendencias y sus conflictos.
  • En Mt, Pedro es el prototipo de los discípulos y el garante de las tradiciones disciplinares y doctrinales de Jesús. Además, en 16,17-19, Mt expone la bienaventuranza dicha por Jesús y referida a Pedro, usando un género literario de investidura divina del transmisor de la revelación. Con ello, parece que Mt busca legitimar su obra en nombre de Pedro.

Así pues, con esto comprobamos que el texto del evangelio mateano y la historia de la iglesia de Antioquía se explican e iluminan recíprocamente.

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El secreto de la justicia (divina) explicado por Teresa de Lisieux

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“Quisiera intentar haceros comprender por medio de una comparación muy sencilla cuánto ama Jesús a las almas, aun imperfectas, que se confían a Él. Supongo que un padre tiene dos hijos traviesos y desobedientes, y que, al ir a castigarlos, ve que uno tiembla y se aleja de él con terror, teniendo, sin embargo, en el fondo del corazón el sentimiento de que merece ser castigado; su hermano, al contrario, se arroja en los brazos del padre, diciendo que siente haberlo disgustado, que lo ama y que, para probarlo, de ahora en adelante se portará bien. Después, si este hijo pide a su padre que lo “castigue” con un “beso”, no creo que el corazón del padre dichoso pueda resistir a la confianza filial de su hijo, cuya sinceridad y amor le son conocidos. No desconoce, sin embargo, que más de una vez su hijo caerá en las mismas faltas, pero está dispuesto a perdonarlo siempre, si siempre su hijo “lo toma” por “el corazón”…” (18 julio 1897).

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Apuntes sobre evangelios sinópticos #7: la dimensión teológica mateana

En esta séptima entrada estudiaremos los principales hilos teológicos de la trama narrativa mateana. Para ver las entradas anteriores, visitar los siguientes enlaces: parte #1, parte #2parte #3, parte #4parte #5 y parte #6.

1. El rechazo de Israel y la Iglesia cristiana

La relación con el judaísmo fue un problema clave en la Iglesia primitiva. El evangelio de Mt no está exento de ello y en él nos encontramos con un autor judío pero que, a la vez, contiene la polémica antijudía más dura de todo el NT. Este evangelio se nos desvelará como un evangelio judeo-cristiano abierto a los gentiles.

1.1  El Mesías enviado a Israel

El evangelista subraya que Jesús es el Mesías enviado al pueblo de Israel. Ya en el primer versículo del evangelio se le vincula con David y Abraham. También, para los dos primeros capítulos (llamados también «evangelio de la infancia»), Mt se sirve de la infancia de Moisés y de Israel para interpretar el origen de Jesús.

Es interesante notar cómo Mt plasma en dos dichos de Jesús restringiendo, sólo a las ovejas de Israel, su ministerio y el de sus discípulos (10,6; 15,24).

Por otro lado, con el uso de las citas de cumplimiento tan propias de Mt, se pone de manifiesto su intención de presentarle a la luz del AT y como su cumplimiento.

1.2  El Mesías rechazado

Mt también subraya que Israel rechaza al Mesías que le ha sido enviado. Esto ya se vislumbra en el prólogo, mediante la perversidad de Herodes, rey de Israel (2,1-12) y la actitud negativa de «todo Jerusalén» (2,3) y de los responsables del judaísmo.

En los capítulos posteriores, se reafirma este rechazo del Mesías por parte de todo el pueblo judío. Jesús entabla una dura polémica contra aquella «generación malvada y perversa» (12,39.41.45). Las tres parábolas de 21,28—22,14 expresan el juicio de Jesús sobre Israel (22,43): «se os quitará el Reino de Dios y será dado a un pueblo (ethnei) que dé sus frutos». También el texto de la comparecencia ante Pilato (27,15-26) es muy significativo al respecto; en el v. 25, exclusivo de Mt, se dice: «todo el pueblo dijo: “la sangre suya (caiga) sobre nosotros y sobre nuestros hijos”». Incluso después de la muerte de Jesús, se puede ver cómo continúa el rechazo en 22,62-66 y 28,11-15.

1.3  El nuevo pueblo de Dios

En Mt surge un nuevo pueblo de Dios, abierto a todas las naciones, a gentiles y judíos sin discriminación. Se acaba la situación privilegiada de Israel, pero no lo excluye. Está abierto a todas las gentes: es universal. Este nuevo pueblo se funda en la aceptación de Jesús —en la fe en Él— y en el cumplimiento de sus enseñanzas.

Este universalismo, proclamado programática y solemnemente al final, en 28,16-20, se viene anunciando continuamente a lo largo de todo el evangelio.

1.4  La polémica antijudía

Esta polémica se podría explicar por la siguiente razón: a la comunidad mateana —siendo de tipo judeo-cristiana en la que también habría etno-cristianos— le era urgente delimitarse respecto al judaísmo oficial de corte farisaico que se impuso después del año 70.

Se ha solido acusar a Mt de anti-judío. De hecho 27,25 ha sido usado muchas veces a lo largo de la historia como argumento legitimador del anti-semitismo. En primer lugar, la expresión de este versículo proviene del AT (Lv 20,9; Dt 19,10; Jos 2,19; 2 Sam 1,16). Este «anti-judaísmo» se debe entender en el contexto de una fuerte polémica sociológica y teológica entre la Sinagoga y la Iglesia de Mt, en la que abundaron frases duras por ambas partes. Incluso no debemos descartar el que Mt usara este modo de polémica con Israel para advertir críticamente a su propia Iglesia de lo que también a ella le podía acontecer. Como botón de muestra, tenemos el durísimo cap. 23 dirigido a la gente y a sus discípulos. Los vv. 8-12 muestra cómo esos reproches a los escribas y fariseos son una advertencia actual a la comunidad cristiana.

Con todo esto, podemos deducir que Mt pretende hacer ver a su lector que se dan a la vez: una ruptura con el antiguo pueblo de Israel, una continuidad y un progreso. 1º Se acaba la prerrogativa de Israel. 2º se da una continuidad de la Iglesia con respecto de Israel («ekklesía» es traducción griega de «qahal» que significa «asamblea religiosa del pueblo de Israel»). 3º se abre universalmente a todos los pueblos de la tierra pero sin excluir a aquellos de Israel que acepten a Jesús como Mesías.

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