Influencias culturales en las comunidades

¿Qué tal, socios? Aquí traemos la continuación de nuestro taller sobre Hechos de los Apóstoles. Hoy hablaremos de las influencias culturales en las primeras comunidades.

¡A disfrutar!


No cabe duda que la vida de la fe siempre se da encarnada, es decir, se vive en medio de los acontecimientos humanos de la vida misma. No existe una fe aséptica, aislada de todo, sino que siempre necesita expresarse mediante los diversos elementos culturales.

Las primeras comunidades cristianas estaban formadas por personas de su época, con sus costumbres sociales y culturales, sus concepciones de la vida, sus expresiones artísticas, sus modos de organización, etc. Estas mismas personas escucharon el mensaje de Jesús y siguieron sus huellas pero sin dejar de ser hombres y mujeres de su tiempo. Es lo que hoy conocemos con el nombre de ‘inculturación’. A veces, su cultura les ayudaba a vivir la fe y otras era motivo de tensiones y conflictos.

En este tema destacaremos sobre todo tres aspectos que marcaron culturalmente al cristianismo naciente: su origen judío, la cultura griega ‘infiltrada’ y los intereses del Imperio Romano.

1. El origen Judío

El origen judío del cristianismo se puede descubrir en todo aquello que está unido al nacimiento del Evangelio en Palestina:

  • la cultura judía de origen tribal (tribus de Israel) y rural,
  • la Escritura de los judíos con sus diferentes interpretaciones,
  • el hecho de que Jesús nace judío y elige entre sus discípulos y apóstoles a gente de Palestina y del pueblo judío,
  • sigue inicialmente el modo de organizarse judío, con sus tradiciones, observancias de la ley y costumbres (la llamada “tradición de los antiguos”; cf. Mc 7,5),
  • las tensiones y contradicciones entre los diferentes movimientos y grupos religiosos existentes en el judaísmo:
    • sumos sacerdotes y saduceos más próximos a ser condescendiente con el poder romano;
    • los grupos de los fariseos, los esenios o los zelotas más opuestos al régimen opresor,
    • los grupos más marginados y populares como eran los ‘anawim’ (pobres de Yavé), los ‘hassidim’ (piadosos), los samaritanos, los publicanos.

Veamos alguno de los aspectos de esta influencia o inculturación del judaísmo en el cristianismo.

A.    La fuerza ambivalente de la “Tradición de los Antiguos”

En la vivencia de la religión, la cultura y la fe siempre caminan unidas. La “tradición de los antiguos” recogían todas las observancias de la Ley de Moisés y las diversas interpretaciones prácticas que ésta conllevaba: rituales religiosos de pureza legal, alimentos lícitos e ilícitos, la observancia del sábado, etc. Muchas de estas observancias nacieron en el marco cultural de tipo rural y nómada que tuvo Israel en sus orígenes y de la reforma que hicieron Esdras y Nehemías después del destierro de Babilonia. Éstas se respetaban y se vivían como expresión de la voluntad de Dios. Sirvieron durante muchos siglos para que el pueblo se mantuviera fiel y no perdiera su identidad ante las culturas y religiones de los otros pueblos circunvecinos. No cabe duda que la fidelidad a dichas normas ayudó a que éstas llagaran hasta el tiempo de Jesús. Es más, Jesús mismo las vivió toda su vida.

Pero esta Tradición, que para los judíos era voluntad de Dios, no significaba casi nada para los cristianos que venían de otras etnias y culturas. Es cierto que alguno llamados ‘prosélitos’ (Hch 2,11; 13,43), ‘adoradores de Dios’ (Hch 16,14; 17,4.17) o ‘temerosos de Dios’ (Hch 13,16.26) se sentían atraídos por la seriedad de la doctrina y la moral judías. También es cierto que los llamados ‘hermanos de Jesús’, dirigidos por el apóstol Santiago, se consideraban continuadores da la tradición iniciada por Jesús, formando la ‘familia de Jesús’ y coordinaban la iglesia de Jerusalén. Pero los evangelios reaccionaron contra esta interpretación reduccionista e insistieron en que pertenecer a la ‘familia de Jesús’ no es una cuestión de simple parentesco. Para ser hermano o hermana de Jesús será necesario simplemente cumplir con la voluntad del Padre (Mc 3,35).

[El mismo conflicto aparece en el martirio del diácono Esteban, que no era judío. Hasta ese momento el acceso a Dios y el ser justos ante Él se obtenía por el cumplimiento de la Ley de Moisés y de la tradición de los antiguos. Pero Pablo reconocerá la incapacidad total de dicha Ley para alcanzar el ideal de justicia (Rom 7,14-25). Esteban poseerá esa justicia sin haber cumplido esa ley, viendo ‘el cielo abierto’ (Hch 7,55s). Su actitud cuestiona la tradición de los antiguos y la declara superada como único camino para llegar a Dios. Jesucristo, pues, ha abierto un camino nuevo].

B.     La tarea difícil del discernimiento

Así pues, los judíos que abrazaron el cristianismo tuvieron que replantearse todo lo que habían vivido hasta aquél momento. La realización de las antiguas promesas sobre el Mesías se estaba cumpliendo de un modo distinto a lo que ellos esperaban. La cruz era motivo de escándalo para ellos. Era impensable un Mesías crucificado. Y esto generó un grave conflicto en las primeras comunidades: la fidelidad al origen judío era una fuerza que mantenía a unos y alejaba a otros.

Surge la necesidad de un discernimiento a la luz de las nuevas circunstancias. No es fácil. El Espíritu Santo será quien guíe esta búsqueda.

Este problema está de base en el evangelio de Mateo y en las cartas paulinas a los Gálatas y a los Romanos y en la carta de Santiago.

C.    La fuerza de la “memoria peligrosa de Jesús”

La nueva experiencia de Dios en Cristo Jesús es lo que llevó a algunos judíos, que abrazaron la Buena Noticia, a cuestionar lo que, hasta ese momento, había sido enseñado y aceptado como expresión de la voluntad de Dios, especialmente la “tradición de los antiguos”. A la luz de los hechos y dichos de Jesús, releían Las Escrituras y descubrían en ellas un nuevo sentido (2Cor 3,16) y eran capaces de discernir la llamada de Dios dentro de los acontecimientos.

Jesús era un judío fiel, fiel a la identidad más profunda de su pueblo. Pero mostró que no todo lo que se enseñaba en nombre de la Tradición pertenecía a la Tradición (Mc 2,25; 7,8-16).  Por eso Jesús fue acusado de infiel a la Tradición (Mc 2,16.24; 7,5), pero Él tan sólo descubrió las trabas culturales del judaísmo que impedían lucir la Verdad del Padre.

Así pues, el recuerdo de la actitud de Jesús en su modo de vivir el judaísmo era más fuerte que las tradiciones judías meramente culturales. Ahora llega el momento de abrir el Evangelio a todos los gentiles, venciendo dichas trabas culturales. Judeo-cristianos y étnico-cristianos comenzaron a hacer una nueva lectura de las Escrituras y de su origen cristiano. El comienzo de dicha relectura aparece en las cartas de San Pablo. Nos dice que todo ha sido escrito para nosotros que hemos llegado a la plenitud de los tiempos (1Cor 10,11) para no equivocarnos nosotros donde se equivocaron los judíos (1Cor 10,6-10).

No obstante, el deseo de fidelidad al origen judío, que es la memoria de Jesús, llevó a los cristianos de ambos orígenes a guardar las palabras y gestos de Jesús. En este sentido, el origen judío marcaba y sigue marcando profundamente la identidad cristiana y la vivencia de las comunidades. En los Hch el contacto con la fuente se expresa a través de la acción del Espíritu Santo.

[A la hora de analizar el problema se muestra más complejo de lo que parece. La Buena Noticia se encarnó en unas culturas determinadas y asumió un vocabulario y unos valores concretos. Hacer una “des-culturación” y una “in-culturación es algo complejo y delicado que requiere discernimiento y prudencia por parte de nuestros dirigentes cualificados (pastores y teólogos) que han de guiarnos iluminados por el Espíritu Santo].

2. La cultura griega

Se entiende por cultura griega todo aquello que, de alguna manera, era portador de los valores y contravalores de la forma de vivir griega o helenista: su economía, organización social y política, su visión del mundo, del ser humano y de la divinidad, etc.

A.    La cultura griega: su difusión, ambivalencia y fuerza

La sociedad griega se fundamentaba en la explotación del trabajo esclavo para poder dedicarse a la vida tranquila, al estudio, a la meditación y a generar diversos aspectos culturales sin hacer trabajo manual alguno. Esta forma de vida chocó con el judaísmo y con el Evangelio (1Cor 4,12; 1Tes 4,11).

La cultura griega era una cultura eminentemente urbana. El centro era la ‘polis’, la ciudad; con una mentalidad distinta a la judía, que era fundamentalmente rural. La cultura griega se difundía por todas partes y resultaba muy atractiva: su estilo de vida, organización, democracia; su comercio, productos, monedas; su administración eficiente; su desarrollo agrícola; su cobro de impuestos, tributos y tasas; sus viajeros, médicos, filósofos itinerantes (estoicos, gnósticos, epicúreos, cínicos); su lengua, la ‘koiné’ lengua internacional del comercio; su religión (politeísta) con su ‘pantheon’ y su mitología; sus artes y modos de diversión con escuelas, gimnasios y teatros, hipódromos, y circos cada cuatro años; su arquitectura, etc. Muchos consideraban que “lo que era de Grecia era mejor” y esto hacía que el Imperio romano se sintiera atraído por dicha cultura. La rígida estratificación social (libres, libertos, esclavos y extranjeros) fue imitada por Roma. Sólo los varones libres formaban parte de la ‘demos’ (pueblo).

La influencia griega o helenística entre los judíos venía ya desde antes de Alejandro Magno (323 a. C.). Para unos era atrayente y para otros había una fuerte aversión contra todo lo extranjero. A favor estaba por ejemplo la comunidad judía de la ciudad de Alejandría (Egipto) famosa por su gran biblioteca. Allí, los judíos llegaron a un nivel de inculturación helénica que incluso tradujeron las Escrituras al griego. Sin embargo, entre los judíos de Palestina, el helenismo provocó gravísimas divisiones internas. Mientras los sacerdotes y saduceos eran más aperturistas, la mayoría de los fariseos y de la gente llana del pueblo eran conservadores de la “tradición de los antiguos”.

B.     Conflicto cultural en las comunidades cristianas

Ese conflicto entre judaísmo y helenismo entró también en las comunidades cristianas.

Uno de los problemas que más dificultó la convivencia dentro de las comunidades mixtas (cristianos venidos del judaísmo y venidos del paganismo) fue el de la ‘pureza legal’ relacionada con la comunión en la mesa, con las costumbres alimentarias y con los ritos de purificación. Estaba prohibido entrar en casa de un pagano (Hch 10,28), comer con alguien que fuera impuro (Mc 2,16), comer carne con sangre (animales estrangulados sin desangrar; Gn 9,4-5; Hch 15,20). ¿Podía comer un cristiano-judío con un cristiano-pagano? Según Pablo sí podía; según Santiago, no (Hch 15,20-21). La Iglesia estaba dividida al respecto; no había acuerdo, incluso en el mismo Concilio de Jerusalén.

C.    Escuela de formación permanente

Problemas, conflictos, tensiones y desafíos no faltaron a los primeros cristianos. Muchas veces, en la base de los conflictos cotidianos, estaban las diferencias culturales (1Cor 7,12-16; Gal 2,14; Hch 15,36-40). Lo que aparentemente parecía ser un problema de fe, en realidad era un problema cultural.

En algunos casos hubo problema en la forma de ejercer la autoridad. Entre los judíos, la autoridad se imponía a través del argumento de la ‘Tradición’ (1Cor 15,3; 11,16.23); y entre los griego se ejercía a través de la participación y discusión en las asambleas.

Pablo también, en su intento de inculturizar en el areópago en Atenas (Hch 17,22-31) aprovechando la existencia de un altar dedicado al “dios desconocido” anunció el Evangelio, pero tuvo un fracaso casi rotundo. El escollo fue la resurrección de los muertos, difícil de comprender y de aceptar para un griego.

El choque o conflicto cultural fue uno de los problemas más graves que tuvieron que afrontar los primeros cristianos. Era un problema práctico, donde religión, fe y cultura estaban tan mezcladas en cada grupo étnico y judío que dificultaban la convivencia y la comunión. Y sin embargo fue uno de los conflictos más fecundos de toda la Historia de la Iglesia pues generó pensamiento, búsqueda de la verdadera comunión y conversión comunitaria. No había nada escrito por parte de Jesús al respecto que orientara en todo esto. Fue la acción del Espíritu Santo en los corazones de cada uno y en el corazón de la Iglesia la que llevó a afrontarlo con creatividad. Era una auténtica escuela de formación permanente donde el Espíritu de Jesús resucitado seguía siendo el Maestro.

3. Los intereses del Imperio Romano

A.    Cómo entender el Imperio Romano

En aquél tiempo no había naciones o países como hoy. El Imperio romano era un mosaico de reinos, pueblos, ciudades y tribus. Cada uno mantenía sus propias religiones y leyes, e incluso en algunas épocas, su propio autogobierno. Pero todos debían estar integrados dentro de los intereses del Imperio: pagar tributos, impuestos y tasas, no hacerse la guerra entre sí, mandar soldados para el ejército romano, reconocer la autoridad divina del emperador, rendir culto a las divinidades romanas, etc.

También los cristianos tuvieron conflicto con el sistema romano: con la autoridad militar, con la justicia romana, con la opinión pública, con la ideología, con la religión oficial, con las autoridades locales, con los grupos de interés o de presión por motivos económicos o sociales, etc. En muchas ocasiones, las diversas instituciones romanas fueron movilizadas contra ellos.

B.     La “Pax Romana”: instrumento de dominación

Durante el periodo de tiempo del 30 al 70 d. C., el Imperio romano continuaba sus esfuerzos para concentrar el poder y la riqueza en Roma. Con el paso turbulento de República a Imperio en tiempos del emperador Augusto, las guerras civiles habían destruido economía y comercio y era necesario un tiempo de paz para recuperar la economía y poder avanzar después en nuevas conquistas. Así pues, se declaró la ‘Pax romana’. Se veneraba al emperador como instrumento privilegiado de los dioses romanos para el establecimiento de la paz y la armonía en el mundo.

Pero en el fondo, el objetivo de esta paz romana era la legitimación y el dominio romano en el mundo, favorecer el comercio internacional, garantizar el cobro de impuestos, tributos y tasas y, por supuesto, intensificar la concentración de riquezas en Roma.

El resultado fue la esclavitud creciente en las periferias y un exceso de lujo en el centro de Roma (Ap 18,9-20). Esto contrajo por un lado, sufrimiento y revueltas, por otro, insensibilidad, alienación y relajamiento de las costumbres (Rom 1,18-32).

C.    ¿Cómo sobrevivir en un sistema que amenaza con la muerte?

El gobierno era propiamente romano, pero que la cultura era griega o helenística. Mientras las comunidades cristianas no interferían en los intereses del Estado, podían vivir y crecer. Si representaban una amenaza, se las perseguía sin piedad.

Los cristianos estaban divididos en cuanto a la actitud que había que tener frente a la autoridad del Imperio:

  • Unos querían evitar conflictos y estaban a favor de la obediencia (Rom 13,1-7).
  • Otros, sobre todo después de la persecución de Nerón, veían en el Imperio la encarnación del mal (Ap 13,18; 17,9).

Para poder sobrevivir, las comunidades adaptaron su organización a las posibilidades que les ofrecían las leyes del Imperio. Había dos instituciones romanas que tuvieron gran influencia en la vida de las comunidades: la domus (casa) y el collegium (la asociación).

D.   La casa como lugar donde la comunidad se reúne

La palabra ‘oikós’  (‘domus’ o casa) aparece con cierta frecuencia en la organización de las primeras comunidades (Rom 16,5.15; 1Cor 16,19; Flm 2; Hch 16,15; Col 4,15).

La casa romana indicaba la unidad básica de la sociedad. En ella se producía prácticamente todo lo necesario para vivir. Todos los que vivían en ella se consideraban de la casa: varón (pater familiae), mujer, hijos, parientes, amigos, trabajadores y esclavos. No tener casa era peor que ser esclavo. El emigrante no tenía nada. El sistema era patriarcal: el padre o patriarca era el que tenía el poder absoluto dentro de la casa. El poder tenía tres dimensiones: 1ª potestas (dominio sobre los hijos) 2ª dominium (sobre animales, esclavos y cosas) y 3ª manus (dominio sobre la mujer). Aunque había matrimonios sine manu, es decir, en que la mujer permanecía independiente. La mujer era quien organizaba y administraba la casa, la “matrona”. La casa tenía también una dimensión religiosa. Se veía el universo entero como la casa de Dios, donde Él hacía de “Pater familiae”. Esto justificaba el poder del padre en el hogar y el del emperador, como padre de todo el imperio. Desobedecer al padre o al emperador era desobedecer a la divinidad.

La casa adquiere un nuevo sentido entre los cristianos. Dios ejerce en ella el papel de Padre de Familia y a sólo Él le corresponde el triple poder de la potestas, el dominium y el manus. Así los cristianos encuentran su raíz y su identidad en este nuevo modo de ver la casa. ¿Cómo se organizaban dentro de la casa? Por medio de lo que llamaban el ‘collegium’.

E.     El “collegium” y su influencia

Esta institución consistía en la asociación de personas de una misma categoría. Dichas asociaciones eran reconocidas jurídicamente y servían para ayudar a defender los derechos de dicho grupo dentro de la ciudad (polis). Había asociaciones de profesionales (panaderos, herreros, etc.). También existía el collegium de pobres para garantizar un entierro digno. También para extranjeros que se reunían en torno a su fe y a su dios. Este es el caso de los cristianos en esta época. Mientras la institución de la casa sostenía el régimen patriarcal, la del collegium representa una tendencia más democrática de organización. Ésta podía ser de esclavos y libres, de varones y de mujeres, de personas de distintas razas y clases sociales, de ricos y pobres, etc. Ésta tenía una tendencia más igualitaria.

El collegium solía tener una dimensión religiosa. Había un dios como factor de unión. Era una especie de hermandad o cofradía. Los judíos en la diáspora, durante mucho tiempo, asumieron esta realidad jurídica del collegium en sus sinagogas para defender sus derechos y sus costumbres. Los cristianos también la asumieron para organizarse con cierta autonomía. En estas iglesias domésticas convivían los de procedencia judía y los de procedencia pagana, esclavos y libres, varones y mujeres (Gal 3,28). Las comunidades o iglesias domésticas ofrecían una casa a los cristianos sin techo, a los inmigrantes y excluidos de la época.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Blog, Hechos de los apóstoles y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s