Apuntes sobre evangelios sinópticos #10: dimensión teológica en Lucas y Hechos de los Apóstoles

Ésta es la décima entrada de nuestros apuntes sobre Evangelios sinópticos. Mientras que en nuestra anterior entrada tratamos la dimensión literaria en Lucas, esta vez abordaremos su dimensión teológica. Para visitar los apuntes en entradas anteriores, clicar los siguientes enlaces: parte #1, parte #2parte #3, parte #4parte #5, parte #6parte #7parte #8 y parte #9.


Lucas presenta una historia de salvación, dividida en varios periodos. Muestra esta historia como un camino profético y salvador, programado y dirigido por Dios Padre mediante el Espíritu Santo y los profetas (los del A. T. y Jesús-profeta) y mediante la Iglesia (pueblo de profetas).

1. El camino profético

1.1  Camino

La categoría «camino» aparece en Lc-Hch en función de los grandes personajes y de su obra: Juan Bautista, María, Jesús, La Iglesia, Pablo, Pedro.

Juan Bautista prepara el camino al Señor.

María se puso en camino con prisa.

Jesús crea el camino de Dios, de la paz, de la vida. Lo abre y lo recorre Él mismo con su ministerio y que le lleva a la plenitud con su resurrección. Lo enseña y, aún siendo rechazado, lo lleva hasta su consumación. Después de su resurrección, continúa caminando con sus discípulos como protagonista de la Iglesia.

Para la Iglesia, «el camino» resume toda la obra de Jesús y su razón de ser. Es un camino salvador. Ha de vivirlo y anunciarlo a todos los hombres y mujeres, pues Jesús quiere salir al paso de todos. Se anuncia a los judíos aunque éstos lo rechazan, por eso Pablo lo anuncia a los gentiles. La Iglesia se edifica recorriendo el camino con seriedad a pesar de las persecuciones, que no podrán detenerlo, por que lo dirige el Espíritu Santo. La parusía del Señor Jesús pondrá fin a todo este camino de salvación.

1.2  Etapas del camino

Son fundamentalmente dos: 1ª la preparación y 2ª el cumplimiento por Jesús. Dentro de esta segunda, hay dos fases de acuerdo con la cristología de los dos estadios: a) su ministerio terreno en Palestina y b) su actividad como Señor glorioso por medio del testimonio de la Iglesia.

a) Tiempo de preparación

Este tiempo fue el del tiempo del A.T. representado ahora por Juan el Bautista. Él es el último y mayor de los profetas de esta etapa y en él culmina la obra de los patriarcas, de Moisés y David. Por medio de ellos ha actuado  Dios Padre, que es el verdadero protagonista de todo el camino, lo promete y lo programa. Por esto, Lucas presenta las grandes etapas y los grandes hechos de este camino como cumplimiento, especialmente los más desagradables. Todo el camino tiene carácter de cumplimiento, revela la fidelidad de Dios y es motivo de acción de gracias y confianza y, en los casos negativos, de consuelo. Juan Bautista, pues, prepara inminentemente la siguiente etapa con su mensaje de cumplimiento. Él se eclipsa y toma el relevo el mismísimo Señor Jesús.

b) Tiempo de cumplimiento

+ El ministerio terreno

El ministerio terreno fue el comienzo del cumplimiento de las promesas de su actuación como profeta escatológico. Jesús comienza su camino en Galilea, proclamando el cumplimiento de las promesas de la salvación con palabras y obras, pero rechazado como lo fueron los profetas. Elige a Doce como testigos cualificados de su ministerio. Y desde Galilea se encamina a Jerusalén donde consuma su camino por medio de la muerte hacia la exaltación, constituido Mesías y Señor. Su camino termina en «la derecha del Padre». Este final coronó su existencia profética, sacerdotal y regia. Por esto, Lucas describe la ascensión como un subir al cielo mientras da la bendición sacerdotal y como unción profética, quedando constituido como Palabra viviente que Dios dirige a los hombres.

+ El ministerio del Jesús glorioso y el de su Iglesia

Durante el tiempo de la Iglesia, el Señor resucitado continúa ejerciendo como Mesías, Señor y Profeta. La Iglesia recorre esta etapa del camino como etapa de testimonio. Durante ella, ha de proclamar con obras y palabras que ya ha comenzado el cumplimiento de la promesa del Reino en Dios por medio de Jesús resucitado. Jesús sigue íntimamente unido a su Iglesia y recorre con ella en estado glorioso este camino, ofreciendo la salvación a todos: a judíos y a gentiles. Jesús, que ha recibido la plenitud del Espíritu, lo ofrece a la Iglesia para hacerles capaces de ser sus testigos. El camino de la Iglesia se sitúa entre la ascensión y la parusía del Señor, entre el Reino presente y futuro. Este camino está al servicio de dicha venida del Señor (parusía). La Iglesia hace este servicio de una doble manera: 1º con su vida filial y fraternal y 2º con la proclamación de la exaltación de Jesús. En Hch este camino de testimonio tiene la siguiente ruta: Jerusalén, Judea, Samaria y hasta «los confines del mundo», desde los judíos hasta los gentiles y con un sentido, que podríamos llamar, centrípeto. Así expresa Lucas su convicción de que el Señor es el protagonista del camino de la Iglesia y que es actualización del camino del Siervo también con dificultades, llegando a Roma (al final de Hch), corazón del mundo gentil y, de ahí, a los confines.

c) La parusía

Ésta marcará el final del camino salvador. Entonces Jesús aparecerá como Mesías y Salvador —ante Israel y ante todos los demás pueblos—, como restaurador de todas las cosas, consuelo de todas las aflicciones pasadas en este camino.

2. Características del camino

2.1  Animado por el Espíritu

El Espíritu es «la promesa del Padre» y es un don prometido y enviado por el Padre. La tarea del Espíritu es doble: 1º ungir y capacitar a los profetas, que han de recorrer este camino y 2º dirigir y confirmar este camino.

a) El Espíritu unge a los profetas, convirtiendo este camino en profético

Juan Bautista fue lleno del Espíritu y capacitado para actualizar el profetismo de Elías. María también le recibe, convirtiéndose en virgen-madre. Isabel, Zacarías y Simeón profetizan inspirados por el Espíritu.

De manera especial, el camino de Jesús fue profético: fue ungido por Él, oye la Palabra del Padre y siendo enviado por Él. Jesús mismo se hizo «palabra profética» en su resurrección. Su profetismo consistió en dar la «palabra» con hechos y palabras a todos los hombres, cuyo contenido es la paternidad de Dios, que ya comienza con su Reino en función de la obra de Jesús.

Igualmente, el camino de la Iglesia es profético. Pentecostés es un bautismo en el Espíritu de la Iglesia donde se recibe su poder, consuma su nacimiento y queda convertida en pueblo profético. Es una presencia dinámica y constante del Espíritu que se renueva por la oración en los momentos difíciles, capacitando para realizar signos y dando audacia para continuar la proclamación. El profetismo de la Iglesia consiste en dar y servir la palabra, bajo el impulso del Espíritu, proclamando las grandezas de Dios y, en concreto, la muerte y resurrección de Jesús y realizando los signos que muestran la presencia del Reino por Jesús. Así, realizaron su profetismo la comunidad, Pedro, Esteban, Bernabé, Pablo, los presbíteros, los discípulos. Resistirlos a ellos y a su palabra es resistir al Espíritu.

b) El Espíritu es un don

El Espíritu es un don que garantiza los pasos del camino de Jesús y de la Iglesia. Este don ayuda a los apóstoles y demás responsables en el gobierno de la comunidad. El Espíritu es una garantía fundamental que asegura la continuidad entre el camino de Jesús y el de la Iglesia. Éste guía, ilumina, fortalece y dirige a los «episkopoi» («vigilantes» en griego, obispos), que Él pone para dirigir la comunidad. No hay oposición entre la acción del Espíritu y la acción apostólica.

c) La oración es fundamental en este camino

El Espíritu se comunica en la oración, ilumina y fortalece para la acción de la Iglesia. Una Iglesia orante es una Iglesia que camina en el Espíritu.

2.2  Apostólico

Los Doce-Apóstoles, bajo la acción del Espíritu, son los garantes de la continuidad entre el pasado y el presente. Forman el grupo especial de testigos cualificados de toda la obra de Jesús. Por tanto, serán así garantes, junto con el Espíritu, de la autenticidad de la continuación del camino de Jesús por la Iglesia. Jesús les había prometido el Espíritu para que les ayudara a dar este testimonio cualificado. Lo recibirán en Pentecostés; así realizarán su tarea de diversas maneras: dan testimonio de la resurrección y de toda la obra de Jesús con palabras, con signos y señales, a pesar de las persecuciones, porque su obligación es proclamar lo que han visto y oído. Por esto, es fundamental para la comunidad perseverar en la enseñanza de los Apóstoles. Ellos convocan y completan la obra evangelizadora de los demás testigos, disciernen las actitudes de los discípulos y los pasos que ha de dar la comunidad.

Para Lucas, los Doce son el ministerio fuente, creado por Jesús, del que se derivan los demás ministerios eclesiales que van naciendo en la Iglesia de su tiempo. La Iglesia nace y se aglutina en torno a los Doce. Así, la Iglesia es apostólica y en torno a los Doce se agregan los que se van a salvar. A su vez, los Doce son tipo y modelo de los dirigentes que van surgiendo en la Iglesia de su tiempo; son elegidos por los doce y por Pablo. A estos nuevos dirigentes se les aplican las mismas instrucciones que Jesús dirigió a los Doce, ya que mediante ellos queda asegurado en la Iglesia el servicio de los Doce.

Pablo ocupa un lugar peculiar en Hch. Para Lucas, Pablo no es apóstol, pero es algo equivalente. No es independiente ni tampoco dependiente de los Doce, sino que actúa en comunión con ellos. Ellos le reconocen y él los consulta. Pablo predica y actúa lo mismo que ellos. Lucas defiende su obra y la prestigia, justificándole por su actuación y, con ello, legitimando las comunidades creadas por él.

Pero el relieve que tienen los Doce no significa que tengan la exclusiva de la competencia de la misión: toda la Iglesia es enviada como testigo. Lucas presenta la misión de los 72 como tipo de la misión universal de todos los cristianos. Para Lucas, todo el que camina con Jesús ha de ser su apóstol y testigo.

2.3  Camino recto e imparable

Para Lucas —que se sirve de la geografía para expresar su teología—, el camino es recto, imparable e irreversible, de acuerdo con el plan de Dios, dirigiéndose de Galilea a Jerusalén, de Jerusalén a Antioquía y de Antioquía a Roma. La realidad debió ser mucho más compleja, pero Lucas la simplifica para explicar la situación que vive, en que Jerusalén ha dejado de ser el centro de las promesas cumplidas en Jesús. En ella, los judíos matan a Jesús, pero Dios lo resucita. Por ello, las persecuciones, en lugar de detener el camino, favorecen su avance. Ante esto, hay que evitar oponerse a él, pues sería oponerse a Dios mismo.

2.4  Camino actual

Lucas invita a sus contemporáneos a tomarse en serio la tarea que les toca en este camino que tiene su «hoy» con una tarea propia para cada generación. Ciertamente el cristiano ha de vivir entre el pasado (tiempo de Jesús que es base y fundamento del presente) y el futuro (la parusía, que es consumación de la salvación), pero sin que le impidan descubrir y realizar la propia tarea en su «hoy». Lucas subraya el presente actualizando en tiempos del lector los hechos ocurridos en tiempos del Jesús terrestre. Ahora es tiempo de conversión. Ahora hay que dar testimonio y pedir fuerzas para hablar y anunciar. El «hoy» concreto de cada generación es dar testimonio del Reino de Dios, proclamándolo y realizando los signos que muestran que ya ha comenzado la presencia de este Reino por la exaltación de Jesús. Por ello, estos signos estarán relacionados con las diversas facetas de este Reino.

3. Camino Salvador

Es uno de los temas más importantes en la teología lucana. Es muy indicativo que, proporcionalmente, Lc-Hch solo emplea más veces el vocabulario referido a «salvación» que el resto del N. T. También es otro indicador de esta importancia temática el que, en los sumarios, Lucas resume como salvación la obra de Jesús y la actividad apostólica. Jesús aparece así como camino de salvación para judíos y gentiles frente a los falsos caminos de salvación ofrecidos por las interpretaciones religiosas fariseas o paganas. Ante judíos, Jesús es presentado como cumplimiento de salvación prometida por el Padre y que se recibe por pura misericordia y por el reconocimiento de la propia condición pecadora y no por méritos propios. Ante los paganos, es presentado como respuesta a sus deseos, tan vivos en aquella época, de dicha salvación; es presentado como verdadero «sotér» («salvador» en griego), pues Jesús es Salvador también para ellos.

3.1  La salvación

El N. T. emplea el vocabulario de salvación con muchos matices que pueden resumirse en dos: 1º sacar del mal, de una situación que amenaza y 2º dar un bien, situando en un estado que realiza.

Según Lc-Hch, la salvación que Jesús ofrece al ser humano cubre diversos aspectos. Por un lado, el objetivo de dicha salvación es librar de las tinieblas y, en concreto, del pecado, de Satanás y sus demonios, del dolor y la enfermedad, de la muerte, de la incredulidad y de los incrédulos. Por otro, quien salva es Dios y es Él el que concede una felicidad escatológica, o al menos la comienza en el salvado. Esto lo hace mediante la incorporación a Jesús y a su comunidad.

3.2  Salvación radical y universal

Por un lado, Lucas subraya la importancia del perdón de los pecados. Se trata de una salvación radical, que libera al hombre del corazón de piedra y le da un corazón nuevo, aspecto al que nunca llegarán las salvaciones que ofrecen las religiones paganas. Por otro lado, esta liberación radical implica un dinamismo liberador, que lleva a la liberación de todo tipo de esclavitudes. Jesús mismo se ofrece como liberación, como cumplimiento de la promesa jubilar, que implica la abolición de todo tipo de esclavitud. Así pues, la oferta de este perdón está asociada a la liberación de las mismas esclavitudes y Lucas une estrechamente los aspectos materiales y espirituales de la salvación. Jesús autentifica su misión presentándose como iniciador y creador del Año de Gracia de YHWH, dando ya el perdón de los pecados, liberando de Satanás. Esto es una señal de la presencia del  Reino (Lc 11,20), evangelizando a los pobres y realizando otros signos que anuncian la futura liberación del dolor y de la muerte (Lc 7,18-23; 21,28). Igualmente, La Iglesia ha de autentificar su misión compartiendo los bienes y realizando la promesa del Año Jubilar, que anuncia una comunidad en la que no habrá ya más pobres (cf. Hch.2,42-47; 4,32-36).

Estos diversos aspectos de la salvación se realizan a lo largo de las etapas del camino, en un proceso histórico-escatológico. Comienza en nuestra historia concreta —irrumpiendo por los profetas, por Jesús y la Iglesia—, pero se consuma trascendiendo esta historia, en la parusía de Jesús (Lc 21,28), que manifestará la plenitud de esta liberación.

3.3  Agentes de la salvación y proceso de la misma

Son Dios Padre y Jesús.

Dios Padre, protagonista del camino salvador, promete la salvación, la prepara y la da, envía a Jesús, concebido virginalmente.

Jesús, el profeta escatológico, es el Salvador por antonomasia, que trae dicha salvación con su actuación profética, con sus palabras y signos, con su muerte-exaltación y con la donación del Espíritu.

Ahora, durante el camino de la Iglesia, Jesús sigue ofreciendo su salvación por medio de su Espíritu, que crea testigos-profetas que proclaman y ofrecen la salvación. Hch 2,37s resume todo el proceso del camino de salvación por medio del cual, el hombre se salva y queda capacitado para testimoniarla en los siguientes actos: 1º recibiendo la palabra, convirtiéndose y creyendo y 2º bautizando, recibiendo el perdón de los pecados y recibiendo el don del Espíritu.

1º En el contexto teológico lucano, la palabra tiene mucha importancia como medio normal por el que se invita a la salvación. Es palabra de gracia y de salvación; se la personaliza y se la presenta como resumen de todo el mensaje de salvación e, incluso, como resumen de todo el proceso de salvación. Es poderosa pero en función de la situación del corazón del que la escucha. Se la acoge con la conversión, necesaria para todos y consistente en dejar la incredulidad y la idolatría. La fe es fundamental; de hecho, las palabras «fe» y «creyentes» las usa Lucas para designar a los discípulos y a toda la obra de la salvación. Consiste en fiarse de Dios y del Señor Jesús, aceptando sus palabras y poniéndolas por obra, consiguiendo así la salvación.

2º El bautismo en el nombre de Jesús sella y consuma la salvación del que se ha convertido y cree. Es el bautismo de los tiempo escatológicos, que ya han llegado, porque Jesús ha muerto y resucitado y ha sido constituido Señor y Mesías. Todo el que invoque su Nombre, el único salvador, se salvará. El bautismo aparece así como la celebración en que formalmente se invoca el Nombre; en ella, el creyente lava sus pecados y queda agregado oficialmente a la comunidad. Finalmente, la donación del Espíritu termina este proceso y convierte al bautizado en testigo de la resurrección, miembro de un pueblo de profetas, por el que Jesús, por medio de su Espíritu, ofrece a su vez su salvación a todos los hombres. Según Lc-Hch, no hay oposición entre la acción del Señor por su Espíritu realizada sin mediación eclesial y entre la realizada por su Iglesia; al contrario, son acciones complementarias.

3.4  Destinatarios de la salvación

a) Universalismo y privilegiados

La salvación que ofrece Jesús es total, pues cubre todas las necesidades del ser humano y llega a todos, aunque «privilegia» a los marginados y, por ello, es causa de alegría. Por tanto, es universal por su contenido y por sus destinatarios.

Esta faceta universal en cuanto a los destinatarios está presente en todo el camino salvador, aunque de diferentes formas en las diversas etapas del mismo. En la etapa de la promesa (A. T.) y en la etapa de la vida terrena de Jesús, esta salvación, aunque tenía una proyección universal, todavía se circunscribía tan sólo a Israel. Pero en el camino terreno de Jesús se ponen ya los pilares para este universalismo efectivo, que será más explícito en la etapa de la Iglesia (Hch). El Jesús resucitado, presente en ella por medio de su Espíritu, ofrecerá la salvación a todos los hombres y mujeres por medio del testimonio de sus testigos.

En el marco de este universalismo, los marginados —pecadores, pobres, mujeres y samaritanos- son destinatarios «privilegiados» de la salvación:

+ Los pecadores

La razón de este privilegio es teológica. Radica sólo en la misericordia de Dios Padre, que desea ardientemente la vuelta de todos sus hijos a la casa, y para ello envió a Jesús. Éste realiza una amnistía radical, recibiéndola por medio del reconocimiento del propio pecado y acudiendo a la misericordia de Dios.

+ Los pobres

Forman un conjunto heterogéneo según su grado de carencia de bienes y según la razón de dicha pobreza, teniendo así diferentes connotaciones teológicas cada uno de los grupos. Éstos son tres:

  • Los pobres miserables, los «anawim» del A. T.: miserables, mendigos, humillados, hambrientos, lisiados, cojos, mancos, ciegos, viudas necesitadas, mujeres estériles, etc. Son destinatarios privilegiados por razones teológicas que radican en las promesas de Dios (Lc 4,18; 7,22) y en la ley de compensación dispuesta por Él (Lc 16,25). Dios no quiere este tipo de carencias, muchas veces ocasionadas por el egoísmo de sus congéneres. Él les promete la salvación (Lc 1,53) en el presente, urgiendo la cooperación de los hombres.
  • Los cristianos perseguidos, que han sido reducidos a situaciones de miseria por su fidelidad a la fe. Ahora la connotación teológica de éstos es positiva, no por la situación misma en que se hayan, sino por la causa que la provoca: la fidelidad a la fe. Lucas consuela a estos perseguidos invitándoles a la alegría: relativizando los bienes terrenos (que no dan la salvación absoluta) y esperando por la ley de compensación (Lc 16,25).
  • Los que viven la pobreza como signo de austeridad. Este valor teológico es plenamente positivo. Es obligatorio para todos los discípulos, que deben evitar la codicia y el poner la confianza en el dinero, porque es una falsa esperanza. El centro de interés del discípulo será el Reino de Dios y no la inquietud por los bienes. Hay incompatibilidad entre el servicio a Dios y al dinero. La plena salvación y la verdadera seguridad existencial está en el cielo; por ello ha de vender y compartir sus bienes con los miserables para tener así un tesoro en el cielo, para ser ricos para Dios y recibir la vida eterna. De este modo nacerá la verdadera fraternidad cristiana, en la que no hay necesitados. El uso que haga el discípulo de los bienes determinará su acceso a los bienes escatológicos.

La postura de Lucas ante los ricos y las riquezas ayuda a comprender y matizar su postura ante los pobres. Jesús es mostrado por el autor como enemigo de riquezas pero amigo de los ricos: acepta sus invitaciones a comer, dialoga con ellos, acepta su seguimiento, se deja servir por ellos, pero invita a la conversión, que implica restituir lo robado y compartir los bienes propios. Pero claramente es enemigo de la riqueza, a la que llama inicua (Lc 16,11) porque aliena al hombre —haciéndole avaro y esclavo (Lc 12,15; 16,13.14)—, le impide oír la palabra de Dios, convertirse y seguirle, vigilar y esperar la parusía. Por ello, es muy difícil que un rico se salve, aunque no imposible para Dios (Lc 18,24-27).

Para Lucas, rico es sinónimo de condenado, a la luz de la ley de la compensación. Se trata de un juicio práctico, como en el caso de Ananías y Sáfira (Hch 5,1-11), donde se afirma que no estaban obligados ni a vender ni a entregar a la comunidad el importe de lo vendido.

Curiosamente, son los ricos quienes rechazan el Reino y los pobres quienes lo acogen. Lc-Hch exhorta al total abandono de la riqueza (Lc 5,11.18; 14,33; Hch 2,44; 4,32.34s.37) o a una distribución tan generosa que de hecho equivale a desprenderse de todo (Lc 6,30.34s; 12,21.33). No se trata de dejar de ser rico o de hundir a los ricos para hacer nuevos ricos a los miserables —pues las riquezas son perniciosas para todos—, sino de compartir para que no haya miseria, creando un mundo fraternal, signo del Año de Gracia anunciado por Jesús. La finalidad del desprendimiento del cristiano consiste en una conversión-fe y en un compartir.

+ Las mujeres

Las mujeres ocupan también un espacio muy especial entre estos grupos de marginados privilegiados. Lc-Hch las mencionará más que los demás autores del N. T. En el relato de la infancia, María e Isabel son protagonistas. También aparece Jesús curándolas, defendiéndolas, perdonándolas, resucita a una joven y al hijo de una viuda, acepta sus servicios materiales, las admite en su seguimiento como discípulas, les enseña… Serán las primeras testigos de la resurrección y reciben el encargo de anunciarlo a los discípulos. Entre las mujeres que aparecen en la obra lucana, María, la madre de Jesús, ocupa un puesto privilegiado.

+ Los samaritanos

Estos no tienen tanto relieve como los grupos anteriores. Rechazan a Jesús y, por ello, su evangelización pertenece al camino de la Iglesia. Sin embargo, aparecen como personas modelo de agradecimiento (Lc 17,11-19) y de misericordia (10,29-37).

3.5  La alegría

Es una consecuencia de esta presencia de la salvación. Es don de Dios, junto con el don de la salvación mesiánica. Es signo de la presencia divina. Lucas lo subraya en varios momentos principales del camino salvador: el nacimiento de Juan y de Jesús, las obras de Jesús, su resurrección, la evangelización de los gentiles, etc. Se manifiesta especialmente en los que reciben el don de la salvación, en la vida comunitaria reflejada en Hch, en la superación de los problemas eclesiales y en la esperanza de la salvación final. Está presente en los que cooperan en el apostolado, en la predicación y siendo perseguidos. De hecho, evangelizar significa llevar la buena y alegre nueva y Lucas subraya la presencia de este gozo como respuesta a la evangelización.

3.6  María, modelo en el camino profético salvador

Lucas es el autor del N. T. que más ha elaborado las tradiciones sobre María, la madre de Jesús, presentándola, en función de su teología lucana, como modelo del discípulo que ha de recorrer el camino, recibiendo la salvación y dando testimonio profético de ella.

En el comienzo del camino recibe la plenitud de la gracia que la trasforma totalmente y le ofrece una tarea concreta: la maternidad virginal y mesiánica, que será expresión de toda su pobreza como criatura. María personifica a la Hija de Sión, el pueblo de los pobres que ha puesto su confianza en Dios y en Él espera la salvación. María acepta su misión con el sí del pobre de YHWH. El Magníficat es la expresión de todos sus sentimientos. María se pondrá en camino, como profetisa, llevando la palabra de salvación a la casa de Isabel y, con ella, la alegría ante esta salvación mesiánica. Servirá así a la primera necesitada. Camina en la fe, fiándose del Dios fiel que cumple sus promesas, profundizando constantemente en el don recibido a través de los acontecimientos (a veces oscuros y dolorosos) guardándolos en su corazón y obrando de acuerdo con la palabra de Dios. Lucas la caracteriza como la creyente, la que oye y practica la palabra de Dios. Recorre igualmente su camino en la oración que se caracteriza por la acción de gracias y por la constancia. Como discípula, su camino está asociado al de Jesús en su muerte y resurrección. Así será alabada por todas las generaciones, porque Dios ha hecho obras grandes por ella.

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