Apuntes sobre evangelios sinópticos #10: dimensión teológica en Lucas y Hechos de los Apóstoles

2. Características del camino

2.1  Animado por el Espíritu

El Espíritu es «la promesa del Padre» y es un don prometido y enviado por el Padre. La tarea del Espíritu es doble: 1º ungir y capacitar a los profetas, que han de recorrer este camino y 2º dirigir y confirmar este camino.

a) El Espíritu unge a los profetas, convirtiendo este camino en profético

Juan Bautista fue lleno del Espíritu y capacitado para actualizar el profetismo de Elías. María también le recibe, convirtiéndose en virgen-madre. Isabel, Zacarías y Simeón profetizan inspirados por el Espíritu.

De manera especial, el camino de Jesús fue profético: fue ungido por Él, oye la Palabra del Padre y siendo enviado por Él. Jesús mismo se hizo «palabra profética» en su resurrección. Su profetismo consistió en dar la «palabra» con hechos y palabras a todos los hombres, cuyo contenido es la paternidad de Dios, que ya comienza con su Reino en función de la obra de Jesús.

Igualmente, el camino de la Iglesia es profético. Pentecostés es un bautismo en el Espíritu de la Iglesia donde se recibe su poder, consuma su nacimiento y queda convertida en pueblo profético. Es una presencia dinámica y constante del Espíritu que se renueva por la oración en los momentos difíciles, capacitando para realizar signos y dando audacia para continuar la proclamación. El profetismo de la Iglesia consiste en dar y servir la palabra, bajo el impulso del Espíritu, proclamando las grandezas de Dios y, en concreto, la muerte y resurrección de Jesús y realizando los signos que muestran la presencia del Reino por Jesús. Así, realizaron su profetismo la comunidad, Pedro, Esteban, Bernabé, Pablo, los presbíteros, los discípulos. Resistirlos a ellos y a su palabra es resistir al Espíritu.

b) El Espíritu es un don

El Espíritu es un don que garantiza los pasos del camino de Jesús y de la Iglesia. Este don ayuda a los apóstoles y demás responsables en el gobierno de la comunidad. El Espíritu es una garantía fundamental que asegura la continuidad entre el camino de Jesús y el de la Iglesia. Éste guía, ilumina, fortalece y dirige a los «episkopoi» («vigilantes» en griego, obispos), que Él pone para dirigir la comunidad. No hay oposición entre la acción del Espíritu y la acción apostólica.

c) La oración es fundamental en este camino

El Espíritu se comunica en la oración, ilumina y fortalece para la acción de la Iglesia. Una Iglesia orante es una Iglesia que camina en el Espíritu.

2.2  Apostólico

Los Doce-Apóstoles, bajo la acción del Espíritu, son los garantes de la continuidad entre el pasado y el presente. Forman el grupo especial de testigos cualificados de toda la obra de Jesús. Por tanto, serán así garantes, junto con el Espíritu, de la autenticidad de la continuación del camino de Jesús por la Iglesia. Jesús les había prometido el Espíritu para que les ayudara a dar este testimonio cualificado. Lo recibirán en Pentecostés; así realizarán su tarea de diversas maneras: dan testimonio de la resurrección y de toda la obra de Jesús con palabras, con signos y señales, a pesar de las persecuciones, porque su obligación es proclamar lo que han visto y oído. Por esto, es fundamental para la comunidad perseverar en la enseñanza de los Apóstoles. Ellos convocan y completan la obra evangelizadora de los demás testigos, disciernen las actitudes de los discípulos y los pasos que ha de dar la comunidad.

Para Lucas, los Doce son el ministerio fuente, creado por Jesús, del que se derivan los demás ministerios eclesiales que van naciendo en la Iglesia de su tiempo. La Iglesia nace y se aglutina en torno a los Doce. Así, la Iglesia es apostólica y en torno a los Doce se agregan los que se van a salvar. A su vez, los Doce son tipo y modelo de los dirigentes que van surgiendo en la Iglesia de su tiempo; son elegidos por los doce y por Pablo. A estos nuevos dirigentes se les aplican las mismas instrucciones que Jesús dirigió a los Doce, ya que mediante ellos queda asegurado en la Iglesia el servicio de los Doce.

Pablo ocupa un lugar peculiar en Hch. Para Lucas, Pablo no es apóstol, pero es algo equivalente. No es independiente ni tampoco dependiente de los Doce, sino que actúa en comunión con ellos. Ellos le reconocen y él los consulta. Pablo predica y actúa lo mismo que ellos. Lucas defiende su obra y la prestigia, justificándole por su actuación y, con ello, legitimando las comunidades creadas por él.

Pero el relieve que tienen los Doce no significa que tengan la exclusiva de la competencia de la misión: toda la Iglesia es enviada como testigo. Lucas presenta la misión de los 72 como tipo de la misión universal de todos los cristianos. Para Lucas, todo el que camina con Jesús ha de ser su apóstol y testigo.

2.3  Camino recto e imparable

Para Lucas —que se sirve de la geografía para expresar su teología—, el camino es recto, imparable e irreversible, de acuerdo con el plan de Dios, dirigiéndose de Galilea a Jerusalén, de Jerusalén a Antioquía y de Antioquía a Roma. La realidad debió ser mucho más compleja, pero Lucas la simplifica para explicar la situación que vive, en que Jerusalén ha dejado de ser el centro de las promesas cumplidas en Jesús. En ella, los judíos matan a Jesús, pero Dios lo resucita. Por ello, las persecuciones, en lugar de detener el camino, favorecen su avance. Ante esto, hay que evitar oponerse a él, pues sería oponerse a Dios mismo.

2.4  Camino actual

Lucas invita a sus contemporáneos a tomarse en serio la tarea que les toca en este camino que tiene su «hoy» con una tarea propia para cada generación. Ciertamente el cristiano ha de vivir entre el pasado (tiempo de Jesús que es base y fundamento del presente) y el futuro (la parusía, que es consumación de la salvación), pero sin que le impidan descubrir y realizar la propia tarea en su «hoy». Lucas subraya el presente actualizando en tiempos del lector los hechos ocurridos en tiempos del Jesús terrestre. Ahora es tiempo de conversión. Ahora hay que dar testimonio y pedir fuerzas para hablar y anunciar. El «hoy» concreto de cada generación es dar testimonio del Reino de Dios, proclamándolo y realizando los signos que muestran que ya ha comenzado la presencia de este Reino por la exaltación de Jesús. Por ello, estos signos estarán relacionados con las diversas facetas de este Reino.

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