Apuntes sobre evangelios sinópticos #9: dimensión literaria en Lucas y hechos de los apóstoles

Esta es la novena entrada sobre nuestros apuntes de evangelios sinópticos. Esta vez introduciremos al evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles. Para seguir las entradas anteriores, visitar los siguientes enlaces:  parte #1, parte #2parte #3, parte #4parte #5, parte #6parte #7 y parte #8..

1. Unidad del Evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles

La unidad de ambas obras hoy día es admitida por la generalidad de los exegetas, apoyándose sobre todo en la unidad de lengua, estilo y teología. Ambas obras constituyen un bloque de unas 37.700 palabras aproximadamente. Para unos autores, las dos fueron concebidas y editadas a la vez, como dos partes de un conjunto. Para otros, el evangelio fue concebido como una obra independiente y que después se escribió Hch como continuación de Lc, desarrollando la estructura y la teología de éste en función de la problemática de los destinatarios.

2. El texto y su estructura

2.1  El texto

Las dos obras fueron escritas en griego y han llegado a nosotros en dos tipos de texto: el texto alejandrino, hesiquiano o neutro (comúnmente aceptado) y el llamado texto occidental.

a) Evangelio

El texto alejandrino está representado por los papiros P4, P45 y especialmente por el P75 (todos del s. III) y por los grandes manuscritos Sinaítico y Vaticano del s. IV; además, posiblemente contiene un texto que se remonta al s. II. Como decíamos, es el texto más aceptado por los exegetas.

El texto occidental está avalado por el Codex Bezae del s. V/VI y las Vetus Latina del s. II/IV. Este texto —con adiciones, omisiones y cambios— está más armonizado y suavizado con respecto de los otros sinópticos.

Hay un tercer texto llamado Koiné o Textus Receptus pero que tiene poco valor y es considerado de importancia menor.

La mayoría de las ediciones críticas de Lc utilizan el texto alejandrino como base. Además, suelen suprimir como no auténticos 9,55b-56a; 23,17 y se duda de la autenticidad de 22,43-44; 23,34.

b) Hechos de los Apóstoles

El texto alejandrino está representado principalmente por los papiros P45 (s. III) y P74 (s. VII) y por los manuscritos Sinaítico, Vaticano, Alejandrino, Ephraemi Rescriptus y otros muchos. Se trata de un texto breve y en general suele ser considerado como el más auténtico por la mayoría de los críticos.

El texto occidental está representado principalmente por los papiros P38 (s. IV) y P48 (s. III) y especialmente por el manuscrito Codex Bezae y la Vetus Latina (s. II/IV). Este texto contiene una décima parte más de texto que el texto alejandrino con más de 400 adiciones, atenuando dificultades, corrigiendo inexactitudes, ofreciendo detalles pintorescos  e incluyendo textos litúrgicos.

Se discute sobre la relación de las dos formas del texto pero, por lo general, prevalece el alejandrino sobre el occidental, aunque se admite la posibilidad de que el occidental también contenga lecturas originales. Lo cierto es que el texto base de ambos se estaría remontando al s. II.

Las ediciones críticas ofrecen el alejandrino y suelen suprimir como no auténticos 8,37; 15,34; 24,6b-8a; 28,29.

2.2  Contenido

Ambas obras tienen fundamentalmente un carácter narrativo, presentando la acción de Jesús y la de algunas comunidades cristianas de la primera generación; ambas acciones como etapas de una misma historia de salvación. De hecho, la segunda parte (Hch) comienza resumiendo lo dicho en la primera (Lc) como fundamento de la continuidad del relato.

a) Evangelio

El contenido es similar a los otros dos sinópticos, tanto en los hechos narrados como en el orden. Tras el prólogo y los relatos de la infancia de Jesús, se centra en su ministerio público. Este ministerio se desarrolla geográficamente en tres escenarios: Galilea, el camino hacia Jerusalén y en Jerusalén mismo.

Comparado con Mc, hay coincidencia sustancial de contenido y secuencia de hechos entre Lc 3—24 y Mc 1—16, pero con dos interpolaciones lucanas: 6,20—8,3 y 9,51—18,4. Además tiene algunas diferencias: colocación de la visita de Jesús a la sinagoga al principio del ministerio de Jesús, las primeras vocaciones no al principio del mismo sino un poco después, los relatos de la pasión y apariciones.

Comparando con Mt coinciden en incluir una serie de tradiciones no contenidas en Mc (propias de la fuente Q) y en anteponer un relato de la infancia aunque de contenido diferente.

Finalmente, contiene una serie de tradiciones propias de Lc.

La narración consta de unas 19.400 palabras con 146 unidades narrativas. Es la obra más extensa del N.T. y el más largo de los cuatro evangelios.

b) Hechos

Comienza con un breve prólogo donde repite el relato de la última aparición y ascensión de Jesús al cielo ya narrado al final del evangelio. Después presenta la comunidad de Jerusalén, la elección de Matías. Después Pentecostés y el relato de la actividad misionera de la Iglesia de Jerusalén, protagonizada por Pedro, y la actividad de los helenistas. Después de narrar la conversión de Pablo y la de los primeros gentiles y la fundación de la Iglesia en Antioquía, el relato se centra en la expansión misionera por el mundo gentil, protagonizado por Pablo. Termina todo el relato con la llegada de Pablo, prisionero, a Roma.

La obra tiene unos 86 relatos con unas 18.300 palabras aproximadamente.

2.3  Lengua y estilo

El griego que usa Lucas, junto con el de la carta a Hebreos, se considera como el más cuidado y elegante de todo el N.T. Emplea con corrección el griego de la koiné, con un nivel superior al del uso común y vulgar pero sin llegar tampoco a ser el de los clásicos. Lo usa con diversidad de estilos: más literario en el prólogo del evangelio, más semejante al de los LXX en otras partes, más semitizante en los relatos de la infancia, corriente en el resto del evangelio; el de los Hch lo usa con más libertad. Esta diversidad de estilo quizás sea por su deseo de acomodar la lengua a la materia que narra en cada momento.

Lucas es un verdadero historiador helenista menor —a veces elegante, a veces vulgar— que no llega a alcanzar la altura de los grandes literatos de su época.

a) Vocabulario

En general, emplea un vocabulario abundante, cuidado y bastante parecido al de los autores de la prosa post-clásica y al de los LXX. Las dos obras usan unas 1.000 palabras diferentes.

La calidad general del vocabulario es aceptable, empleando una serie de palabras propias de un aticista[1]. Comparado con Mc, evita vulgarismos y palabras extranjeras, tanto semitas como latinas. Usa también una serie de palabras con sentido técnico cristiano (camino, creyente, naciones = pagano, evangelizar, Señor = Jesús, palabra, etc.). Por último, el vocabulario lucano en el campo de la medicina no tiene nada de técnico, como afirmaron algunos autores para confirmar su profesión médica.

b) Gramática

Su gramática es muy rica e incluso emplea recursos no usados por otros autores del N.T. Comparándolo con Mc vemos que en general mejora su gramática, especialmente en los relatos, aunque también en esto es inconsistente Lucas, pues algunas veces empeora algunos usos elegantes de Mc.

c) Estilo

Lucas construye un estilo que es el mejor de todo el N.T. y que se manifiesta mejor en Hch (donde escribe con más libertad) que en el evangelio (en el que sigue a Mc aunque lo mejora estilísticamente hablando).

Lc-Hch no es la obra de un estilista sino la de un pastor. Para él, la lengua y sus recursos están al servicio de la fe.

Lucas conoce los recursos estilísticos semitas y helenistas. Emplea escenas-tipo, personificaciones, prólogos, cartas, oraciones. Son frecuentes en él las metáforas, el estilo directo, los discursos, los sumarios y los coros (grupo de personas que hablan a una sola voz). También ofrece rasgos psicológicos que evocan magistralmente la presencia de lo divino. Usa la dialéctica ignorancia-reconocimiento, que da una gran viveza al relato.

Por otro lado, Lucas domina, tanto las técnicas que ayudan a una presentación viva de los materiales recibidos de la tradición, como las que facilitan una adecuada composición de ellos. Enlaza redaccionalmente los materiales estrecha y coherentemente formando una historia, pero evitando bloques narrativos demasiado grandes para facilitárselo al lector. Esta historia entrelazada está guiada por un principio sobrenatural, el plan salvador de Dios, junto con otros principios basados en causas humanas. Para ello une los hechos narrados con las categorías «promesa» (o sus equivalentes «anuncio, predicción y proyecto») y «cumplimiento». Además, usa frecuentemente la combinación «sumario – episodio concreto – sumario» que le permite crear un estilo episódico ágil y dramático al servicio de un conjunto coherente. Mediante paralelismos, presenta hechos, personas y secuencias de hechos. También emplea el quiasmo (que, como recordaréis, con una especie de bocadillos redaccionales simétricos). En general, suele respetar el contenido y orden interno de los materiales que le ofrecen sus fuentes, pero suele reelaborar ampliamente las introducciones y las conclusiones de las perícopas, uniéndolas estrechamente entre sí y al contexto más amplio de las distintas secciones, y da más relieve a los oyentes y a los testigos de los hechos narrados. Evita los duplicados mayores y las repeticiones menores tan frecuentes de Mc, con lo que el relato avanza con más claridad.

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