Apuntes sobre evangelios sinópticos #7: la dimensión teológica mateana

En esta séptima entrada estudiaremos los principales hilos teológicos de la trama narrativa mateana. Para ver las entradas anteriores, visitar los siguientes enlaces: parte #1, parte #2parte #3, parte #4parte #5 y parte #6.


1. El rechazo de Israel y la Iglesia cristiana

La relación con el judaísmo fue un problema clave en la Iglesia primitiva. El evangelio de Mt no está exento de ello y en él nos encontramos con un autor judío pero que, a la vez, contiene la polémica antijudía más dura de todo el NT. Este evangelio se nos desvelará como un evangelio judeo-cristiano abierto a los gentiles.

1.1  El Mesías enviado a Israel

El evangelista subraya que Jesús es el Mesías enviado al pueblo de Israel. Ya en el primer versículo del evangelio se le vincula con David y Abraham. También, para los dos primeros capítulos (llamados también «evangelio de la infancia»), Mt se sirve de la infancia de Moisés y de Israel para interpretar el origen de Jesús.

Es interesante notar cómo Mt plasma en dos dichos de Jesús restringiendo, sólo a las ovejas de Israel, su ministerio y el de sus discípulos (10,6; 15,24).

Por otro lado, con el uso de las citas de cumplimiento tan propias de Mt, se pone de manifiesto su intención de presentarle a la luz del AT y como su cumplimiento.

1.2  El Mesías rechazado

Mt también subraya que Israel rechaza al Mesías que le ha sido enviado. Esto ya se vislumbra en el prólogo, mediante la perversidad de Herodes, rey de Israel (2,1-12) y la actitud negativa de «todo Jerusalén» (2,3) y de los responsables del judaísmo.

En los capítulos posteriores, se reafirma este rechazo del Mesías por parte de todo el pueblo judío. Jesús entabla una dura polémica contra aquella «generación malvada y perversa» (12,39.41.45). Las tres parábolas de 21,28—22,14 expresan el juicio de Jesús sobre Israel (22,43): «se os quitará el Reino de Dios y será dado a un pueblo (ethnei) que dé sus frutos». También el texto de la comparecencia ante Pilato (27,15-26) es muy significativo al respecto; en el v. 25, exclusivo de Mt, se dice: «todo el pueblo dijo: “la sangre suya (caiga) sobre nosotros y sobre nuestros hijos”». Incluso después de la muerte de Jesús, se puede ver cómo continúa el rechazo en 22,62-66 y 28,11-15.

1.3  El nuevo pueblo de Dios

En Mt surge un nuevo pueblo de Dios, abierto a todas las naciones, a gentiles y judíos sin discriminación. Se acaba la situación privilegiada de Israel, pero no lo excluye. Está abierto a todas las gentes: es universal. Este nuevo pueblo se funda en la aceptación de Jesús —en la fe en Él— y en el cumplimiento de sus enseñanzas.

Este universalismo, proclamado programática y solemnemente al final, en 28,16-20, se viene anunciando continuamente a lo largo de todo el evangelio.

1.4  La polémica antijudía

Esta polémica se podría explicar por la siguiente razón: a la comunidad mateana —siendo de tipo judeo-cristiana en la que también habría etno-cristianos— le era urgente delimitarse respecto al judaísmo oficial de corte farisaico que se impuso después del año 70.

Se ha solido acusar a Mt de anti-judío. De hecho 27,25 ha sido usado muchas veces a lo largo de la historia como argumento legitimador del anti-semitismo. En primer lugar, la expresión de este versículo proviene del AT (Lv 20,9; Dt 19,10; Jos 2,19; 2 Sam 1,16). Este «anti-judaísmo» se debe entender en el contexto de una fuerte polémica sociológica y teológica entre la Sinagoga y la Iglesia de Mt, en la que abundaron frases duras por ambas partes. Incluso no debemos descartar el que Mt usara este modo de polémica con Israel para advertir críticamente a su propia Iglesia de lo que también a ella le podía acontecer. Como botón de muestra, tenemos el durísimo cap. 23 dirigido a la gente y a sus discípulos. Los vv. 8-12 muestra cómo esos reproches a los escribas y fariseos son una advertencia actual a la comunidad cristiana.

Con todo esto, podemos deducir que Mt pretende hacer ver a su lector que se dan a la vez: una ruptura con el antiguo pueblo de Israel, una continuidad y un progreso. 1º Se acaba la prerrogativa de Israel. 2º se da una continuidad de la Iglesia con respecto de Israel («ekklesía» es traducción griega de «qahal» que significa «asamblea religiosa del pueblo de Israel»). 3º se abre universalmente a todos los pueblos de la tierra pero sin excluir a aquellos de Israel que acepten a Jesús como Mesías.

2. Jesucristo

Veamos ahora los títulos cristológicos más importantes que Mt aplica a Jesús a lo largo de su evangelio.

2.1  Cristo (Mesías) e Hijo de David

Son los dos primeros títulos cristológicos que aparecen en el evangelio mateano.

«Cristo» (Mesías) se repite varias veces en el evangelio de la infancia (1,1.16.17.18). Se debe a que Mt desea presentar desde el principio a Jesús como el Mesías enviado a Israel y como un modo de personificar el cumplimiento de las promesas en Él. Pero después, en el resto de la obra, este título aparece muy poco (11,2-3; 16,16; 26,63). Así pues, podemos deducir que es correcto aplicar este título a Jesús, pero que sería insuficiente y que podría correr peligro de ser ambiguo por el modo en que el pueblo podría interpretarlo.

Igualmente, el título «Hijo de David» también abunda en el evangelio de la infancia mateano (1,1.6.17.20; 2,6). De hecho, Mt es el que más utiliza esta expresión de todos los autores del NT (de las 9 veces totales, 7 veces son de Mt). Mt lo sigue usando en el resto de su evangelio. La gente le aclama entrando a Jerusalén con ramos y palmas usando este título (21,9.15). También recurren a Él implorando su misericordia y considerándole Señor (9,27-28; 15,22.25; 20,30-33). Pero también el uso de este título sigue corriendo el peligro de una comprensión ambigua en el pueblo. Mt quiere evitar las interpretaciones triunfalistas y meramente humanas de estos títulos.

2.2  Hijo Dios

Es el título más importante de Jesús, pues refleja el misterio íntimo de su persona.

Jesús es el Hijo de Dios (2,15) que cumple el designio de Israel y que será proclamado Hijo por el Padre (3,17). También la voz de lo alto lo proclamará de nuevo Hijo cuando comienza la etapa más dura de su misión (17,5). Así pues, la confesión de la filiación no se reserva para el final, como en Mc. En Mt este título es confesado también por la Iglesia (14,33; 16,16). Igualmente en la pasión se da este título pero en un contexto de tentación (27,39-43); Jesús es tentado en la cruz en su calidad de Hijo de Dios y muestra su filiación al Padre en su obediencia. Estas tres tentaciones del crucificado están estrechamente ligadas a las del inicio (4,1-11), las cuales terminan con la proclamación como Hijo de Dios en el bautismo.

La actitud de Jesús en la cruz, encuentra la respuesta del Padre. En 27,54, un grupo de paganos confiesan la filiación divina de Jesús ante los fenómenos apocalípticos que acompañan la muerte de Jesús. Así, el Padre, con su poder, responde a las tentaciones de algunos opositores de Jesús.

En el texto final, 28,16-20, convergen todas las líneas teológicas del evangelio, proclamando a Jesús como Hijo de Dios.

Un dato literario importante que corrobora la importancia de este título en Mt es que es el sinóptico que con más frecuencia habla de Dios como Padre y en el que más veces habla Jesús de «mi Padre» (ninguna vez en Mc; 4 veces en Lc; 18 veces en Mt).

Así pues, Jesús se manifiesta como Hijo de Dios en la aceptación de la condición humana y en la plena fidelidad a la voluntad de Dios, su Padre.

2.3  Señor

Por lo general, y en citas y alusiones al AT, Mt sigue el uso de los LXX donde el título «ho Kyrios» (el Señor) es el nombre de Dios.

También es muy característico de Mt la frecuencia con que Jesús es invocado como Señor por distintos personajes (discípulos y enfermos especialmente). Suele estar en contexto de respeto, de reconocimiento de autoridad, de solicitud de ayuda y de fe; incluso a veces también en contexto de juicio final y de venida de Jesús. Nunca es llamado así por sus adversarios (los cuales le suelen llamar más bien «maestro»).

Pero, ciertamente, en Mt es una invocación a Jesús resucitado, Señor presente y actuante con poder en la Iglesia y que un día se manifestará glorioso como juez definitivo. (No olvidemos que Mt escribe su evangelio pasado ya un cierto tiempo de los acontecimientos pascuales).

Quizás sería exagerado decir que Mt aplica el título a Jesús con el mismo sentido que los LXX lo aplica a Dios, pero el lector del evangelio puede darse cuenta del uso del mismo sustantivo «Kyrios» tanto para Dios en el AT de los LXX como para Jesús en este evangelio.

2.4  «Dios con Nosotros»

Mt con este título hace una reinterpretación cristológica de una fórmula de alianza propia del AT. Para Mt, en Jesús se realiza la presencia de Dios en medio de su pueblo y este nuevo pueblo de Dios se caracteriza por su relación con Jesús.

La inclusión literaria, generada entre el relato del nacimiento de Jesús en 1,23 «Emmanuel – Dios con nosotros» (cita tomada de Is 7,14) y la última frase del evangelio en 28,20 «yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» y que engloba todo el evangelio, tiene una gran importancia teológica. Jesús, por su nacimiento humano era «Dios con nosotros». En 18,20, Jesús funda el poder de la comunidad y la eficacia de su oración en la promesa de que «donde estén dos o más reunidos en mi nombre, allí estoy en medio de ellos». Con esta promesa, Jesús continuará desempeñando este papel incluso más allá de su vida terrena. Si para Lc se da eclesiológicamente un antes (evangelio) y un después (Hch) de la ascensión de Jesús al cielo; en Mt, desde el punto de vista cristológico, no hay distinción entre el tiempo de Jesús y el tiempo de la Iglesia; es una misma época de la historia de la salvación caracterizada por la presencia del Señor en medio de los suyos.

Es cierto que Mt no dice explícitamente que Jesús sea Dios, pero habla de tal forma que insinúa su pertenencia a la esfera de la divinidad (7,21-23; 9,2; 11,27.28-30; 10,37-39).

2.5  El Hijo del Hombre

Buscar el origen de este título es muy complicado. En los sinópticos hay tres clases de dichos sobre el Hijo del Hombre: los referidos al ministerio terrestre de Jesús (Mt 8,20); los relacionados con su pasión y resurrección (Mt 17,22; 20,18; 26,2); los referidos a la parusía del hijo del hombre. Todos estos dichos se encuentran en boca de Jesús y como una auto-designación.

Es peculiar en Mt la expresión «Reino del Hijo del Hombre» (13,41; 16,28; 19,28; 25;31-34). Pero lo más característico de Mt son sus dichos del Hijo del Hombre futuro como juez (en la mayoría de los casos, referido a Dan 7,13-14). El Hijo del Hombre recibe la soberanía de parte de Dios y ocupa el trono de Dios para juzgar. Describe el juicio usando elementos de las teofanías veterotestamentarias, buscando subrayar el poder y la dignidad de Jesús. Pero este título no sólo tiene una vertiente de parusía y de juicio futuro. Ya antes de la parusía, Jesús es el Hijo del Hombre al que se le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra (28,18 en referencia a Dn 7,14).

3. Teología de la Historia

Para Mt, Juan Bautista, Jesús y los enviados post-pascuales pertenecen a la misma época de la historia de la salvación. Todos predican lo mismo —el Reino de los Cielos—  y todos encuentran el mismo rechazo de Israel.

Como ya indicábamos, Mt no distingue entre el tiempo de Jesús y el tiempo de la Iglesia. El Jesús exaltado es el mismo que el terrestre y mantiene la misma presencia entre los suyos (28,20 y 1,23).

Mt proyecta sobre el relato de Jesús todo lo que tiene que decir sobre la Iglesia. Por esta razón, su evangelio resulta especialmente transparente de preocupaciones eclesiales.

La Iglesia sustituye a Israel, verificándose esto dentro de la época salvífica del cumplimiento. Mt explica y describe este proceso en su obra: rechazo de Israel a los enviados (5,12); llegando al límite del rechazo y muerte del Hijo, perdiendo sus prerrogativas (21,40.43); lo cual se explicará posteriormente, histórica y visiblemente, por la destrucción de Jerusalén a manos de los romanos (22,7).

4. La Iglesia

Mt es el evangelio eclesial por antonomasia por dos razones:

  • Es el único evangelio en que aparece la palabra griega «ekklesia» (dos veces referida a la comunidad en 18,17 y una a todo el nuevo pueblo del Cristo Jesús en 16,18).
  • La obra entera transparenta la vida de la Iglesia y, en cierto modo, sus ministerios. Mt está interesado por la actualización eclesial de lo que Jesús dijo e hizo.

4.1  La Iglesia de Jesús

Jesús promete la construcción de «su» Iglesia en 16,18. La Iglesia surge después de que Jesús y los anteriores enviados divinos son rechazados por parte de Israel. Por tanto, la «aceptación de Jesús» será la primera característica del nuevo pueblo de Dios. La Iglesia mateana se cualifica, por tanto, cristológicamente.

4.2  Fundamento cristológico de la Iglesia de Mt

Para Mt, Jesús está siempre presente en medio de su comunidad. En Él se verifica la presencia de Dios que caracterizaba al pueblo de Dios, como decía la fórmula de la alianza en el AT. Ya vimos algo de esto en el análisis del título cristológico «Dios con nosotros». Mt quiere subrayar la presencia permanente de Jesús con los suyos, la relación Jesús-comunidad. Es la fundamentación cristológica de la vida y del ser de la Iglesia.

Mt establece una continuidad muy estricta entre Jesús y la comunidad. Esto lo comprobamos por ejem. al describir el envío de los discípulos en el cap. 10, subraya con mucho detalle la continuidad de los discípulos con el mensaje, las obras, los comportamientos y hasta con los conflictos de Jesús. Incluso, a continuación en 11,2-6, se presentan formando unidad las obras de Jesús y las de los discípulos.

La Iglesia es una fraternidad en la que está presente siempre Jesús. Jesús llama «hermanos» a sus discípulos en 28,10. Los que cumplen la voluntad de su Padre forman la familia de Jesús (12,46-50). Deben abolirse desigualdades porque sólo en torno a Dios Padre y a Jesús se forma la fraternidad radical (23,8-10). Los miembros de la comunidad son hermanos y más ante las dificultades y conflictos que pudieran amenazarla (18,15.21.35).

4.3  Los discípulos

En Mt predomina el concepto de «discípulo» frente al de «apóstol» (usado sólo en 10,2). Los discípulos están especialmente vinculados al Jesús terrestre. Pero su realidad se actualiza eclesiológicamente. De tal modo que, en Mt, la realidad de «ser discípulo» se convierte claramente en modelo del «ser cristiano». Baste de ejem. ver el paralelo sobre José de Arimatea entre Mc 15,43 (José esperaba el Reino) y Mt 27,57 (José se había hecho discípulo).

Mt indica que los discípulos «entienden». Por ejem., en 13,10-23 donde se habla del porqué usa Jesús las parábolas y del tema de entender de los discípulos. Esta inteligencia o comprensión se refiere a la enseñanza de Jesús y es un presupuesto de la fe. Según Mt, la comprensión y la fe son dos aspectos complementarios e inseparables del discípulo.

Mt tipifica a los discípulos, en los cuales ve a los cristianos de todos los tiempos. Sin idealizarles, pues conoce sus luces y sombras, sí que hace por mejorar la imagen tan negativa que Mc trasmite de ellos; sobre todo elimina la incapacidad total de comprender. Ver por ejem. los paralelos de Mc 6,52; Mt 14,33; o también Mc 4,40 y Mt 8,26.

A los discípulos de Jesús en Mt les afecta «la poca fe», que es un término propio de Mt (6,30; 8,26; 14,31; 16,8; 17,20). Los discípulos son creyentes, tienen fe, pero ésta se encuentra siempre amenazada. Y esto se refleja también en la comunidad mateana. El problema no es tanto creer, sino mantenerse firmes y fieles en la fe a lo largo de la vida.

4.4  La figura de Pedro

La figura de Pedro es de gran importancia en el primer evangelio. Además de los textos de triple tradición referidos a él, Mt tiene importantes tradiciones petrinas propias (14,28-33; 16,17-19; 17,24-27). En su evangelio se hacen tanto afirmaciones positivas como negativas de su modo de actuar y decir. Según el evangelista, los pecados de Pedro son pecados típicos que pueden cometer todos los cristianos.

También Pedro es a veces el portavoz de los demás discípulos. En ocasiones, las intervenciones de Pedro cerca de Jesús y en nombre de los demás discípulos se refieren a cuestiones de normas prácticas de comportamiento (por lo general, sobre problemas importantes para la vida de una comunidad de corte judeo-cristiana); y es él el que recibe respuesta de Jesús.

En Mt, Pedro es el prototipo de los discípulos. Este papel es muy claro en 14,28-33. Pero además, Pedro es una figura del pasado con un papel eclesial irrepetible y decisivo. En 16,17-19, Jesús declara a Pedro como piedra sobre la que va a edificar su Iglesia. Recibe un poder decisivo que se le confiere con la metáfora de las llaves, en orden al reino de los Cielos, pero que debe ejercerse en la tierra. Lo que caracteriza a Pedro es ser quien pregunta a Jesús en nombre de todos los demás discípulos y ser quien recibe sus enseñanzas. Es una función doctrinal lo que le constituye en fundamento (roca) y clave (llave) de la Iglesia de Jesús. Para Mt, Pedro es el supremo rabí de la Iglesia.

Por otro lado, en medio de la diversidad de tradiciones que existían en el cristianismo primitivo, en la comunidad de Mt acabó imponiéndose la tradición que reivindicaba la autoridad de Pedro, caracterizada por su capacidad de síntesis y mediación entre posturas más extremas, como podían ser las del paulinismo y las del judeo-cristianismo. Mt impone la tradición petrina como la que debe fundamentar y cohesionar a toda la Iglesia.

Al evangelista le interesa garantizar la vinculación con la enseñanza moral de Jesús. Pedro es el intérprete autorizado de dichas enseñanzas. Su puesto especial reside en que fue testigo de la obra del Jesús terrestre y principalmente de sus instrucciones éticas. Por esto, su función eclesial es irrepetible y decisiva.

4.5  Profetas y escribas

En Mt encontramos una comunidad organizada. En su obra se vislumbran algunos de los ministerios que tenían.

En 23,34 se habla de «profetas, sabios y escribas» y antes, en 10,41, se habla de profetas ambulantes a los que se debe acoger.

En 13,51-52 se habla de «maestros de la ley que se han hecho discípulos del Reino», una especie de escribas cristianos que entienden todo lo que Jesús ha enseñado en parábolas. Enseñan a su comunidad contemporánea y le presentan el sentido actual de la enseñanza de Jesús (lo nuevo), pero sin desvincularse de la acción de Dios en el AT ni de las tradiciones evangélicas recibidas (lo viejo).

Es interesante la acción disciplinar descrita en 18,15-20. Estos escribas cristianos corrían el peligro de constituirse en un estado por encima de la comunidad, dominándola y rompiendo la fraternidad. Parece que este texto, si no es una fuerte crítica, al menos sí es una advertencia para los que realizan este ministerio. Quizás también haya que entender el cap 23, en que se describe un ataque contra los escribas y fariseos, en esta clave de los miembros de la comunidad mateana.

Según se percibe en el evangelio, en la comunidad de Mateo parece que va perdiendo importancia el ministerio de los profetas itinerantes frente al ministerio sedentario de los escribas. Se trata pues de una comunidad preponderante-mente judeo-cristiana. Los escribas tienen un papel importante; lo manifiesta la esmerada elaboración y redacción del evangelio y el gran conocimiento del AT y de la tradición judía.

4.6  Conflictos en la Iglesia

En la comunidad de Mt hay conflictos internos. Se polemiza con algunos por sus defectos morales provenientes probablemente de desviaciones doctrinales.

Hay cristianos carismáticos que confiesan al Señor, pertenecientes a la comunidad pero que son falsos profetas, lobos con piel de cordero (7,15-20) y «agentes de iniquidad» (7,21-23); creyentes pero que no dan frutos y no obran la justicia cristiana.

En 24,4-5.9-13 nos aclara la naturaleza del problema. Se habla de una persecución durante la que crecerá la mala conducta que enfriará el amor de la comunidad. En su base está el engaño de los falsos profetas. Con dicho engaño, Mt expresa desviaciones doctrinales. Pero el Hijo del Hombre, el día del juicio, extirpará del Reino a todos los agentes de iniquidad (13,41-42).

Posiblemente, esas desviaciones morales consistían en una especie de entusiasmo espiritual que les llevaba a considerarse por encima de la Ley y a promover actitudes libertinas. Tales doctrinas y sus consecuencias morales se dieron en la Iglesia entre sectores helenistas.

5. Las obras y la Ley

Mt acentúa el aspecto moral de la enseñanza de Jesús. Insiste en practicar la justicia, hacer las obras y en dar buenos frutos. También combate a la auto-seguridad de la Iglesia, pues «muchos son los llamados pero pocos los escogidos» (22,14). Lo que ha sucedido a Israel se convierte en aviso de lo que puede sucederle a la Iglesia.

Para la comunidad judeo-cristiana de Mt, la Ley es un tema central. Es importante la perícopa de 5,17-20. En ella Mt combate dos posturas opuestas: anti-nomismo (desprecio de la Ley) y legalismo. Jesús no viene a abolir la Ley, sino a llevarla a cumplimiento, a plenitud. Esta perícopa programática y fundamental, se desarrolla en seis antítesis en los vv. 21-48 «Habéis oído… pero yo os digo…». En ellas se hace una crítica a la observancia de los preceptos aislada-mente, perdiendo el sentido último y profundo de la ley, el sentido original que Dios diera en el AT. Las dos últimas de esta serie hacen referencia al amor a los enemigos y a la no violencia. Esta es la justicia última que Jesús quiere llevar a cumplimiento y que pide a sus discípulos, y que es superior a la de escribas y fariseos, encuentra su plenitud en el amor total, desinteresado y gratuito.

La crítica decisiva a los escribas y fariseos radica en la falsedad e hipocresía de su religiosidad. Con su legalismo, usan la Ley para ocultar su falta de misericordia, de fe y de justicia verdadera (cap. 23).

El destino del hombre ante Dios se juega según sea su misericordia con los pobres y necesitados. La interpretación que da Jesús a la Ley en Mt culmina aquí y, de tal modo se basa en una misericordia por los que sufren, que llega a hacerse misericordiosamente solidario con ellos hasta la muerte en cruz.

6. Escatología y vigilancia

Mt subraya que Jesús vendrá como Hijo del Hombre con una función de paz, juez universal y glorioso. Es el único evangelista que usa la expresión «parusía» para hablar de la venida del Hijo del Hombre (24,3.27.37.39). Es el que más subraya el juicio futuro. Los cinco discursos terminan con una evocación del juicio más o menos clara. La mayor parte del último discurso trata sobre el juicio, la parusía, la venida inesperada del Señor y el comportamiento consiguiente.

La comunidad de Mt no vive en la espera de una parusía inminente. Lo constatamos en las parábolas del mayordomo infiel (24,48) y de las diez vírgenes (25,5).

Mt subraya el carácter amenazante del juicio para quienes no hayan obrado justamente. Habla del juicio fundamentalmente no tanto para consolar a los buenos, sino más bien para exhortar urgentemente y casi amenazante a la conversión y a dar buenos frutos. La gran insistencia escatológica de Mt tiene el interés de invitar a la vigilancia y a actuar bien. Como vemos, este énfasis escatológico está vinculado con los temas de la preocupación moral y con el de poner la vida cristiana y a la misma Iglesia bajo la instancia crítica del juicio futuro de Dios, evitando toda falsa seguridad.

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