Filosofía sin eje

Procrastinando un poco a estas horas, me rondaba por la cabeza la siguiente cuestión: ahora está de moda defender la filosofía en algunos lares haciendo preguntas retóricas tales como: “¿se puede estudiar el plano cartersiano, el cálculo diferencial o la geometría plana sin saber quienes eran Descartes, Leibniz o Euclides?” Y lo que hay que responder ante tamaña “genialidad” de pregunta es que por supuesto que sí. Importa bien poco para un estudiante de matemáticas o física el problema gnoseológico que planteaba Descartes; más bien, resultaría pedagógicamente un obstáculo mezclar ambas ramas para éstos.

Cada vez que alguien me plantea esta cuestión, me gusta “redondamente” responderle a la inversa:  ¿puedo entender a Descartes o a Leibniz sin saber de ejes de coordenadas o de cálculo infinitesimal? Y no se plantea la pregunta así porque resulta de lo más incómodo y forzaría a replantear toda la formación de los “filósofos” que pululan ahora por cualquier facultad dejando en evidencia lo inútiles que son. Y así vamos, con una filosofía de indigentes que todavía se pregunta si las mesas son reales. No es que defienda yo un positivismo ni una filosofía analítica sin más —ni mucho menos una cultura sin humanidades, que se acaba convirtiendo en una cultura des-humanizada—, pero a mi me parece que embutirse de una buena dosis de “anamnesis” platónica y recordar que hace mucho, mucho tiempo no se podía estudiar filosofía sin saber antes geometría podría resultar de lo más medicinal.

Vamos, que ya no hay gente como, por ejemplo, un Zubiri, que se dejó los codos empollando todo lo que pudo sobre la física de la época aprendiendo con y de los mejores, porque claro, hacer filosofía así, como si de una auténtica ciencia primera se tratara, implicaría dedicar toda tu vida al proyecto filosófico, y esto ya toca más bien lo vocacional. Ah… Y habrá quien me diga que esto llevaría mucho tiempo, que aprender ese curriculum de matemáticas sacrificaría gran parte de horas estudio necesarias para otras áreas importantes, y que abarcar todo eso sería imposible incluso para un genio. Pero no ha de ser así. Bastaría con que un estudiante de filosofía conozca las mismas matemáticas básicas que un estudiante de ingeniería informática, por ejemplo —lógica y estructuras discretas (para el análisis), cinemática, geometría no euclidiana (para ontología,  filosofía del espacio o hasta gnoseología), e incluso estadística (para cuestiones epistemológicas), etc.—. 

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