Seremos tentados. Reflexiones sobre Mateo 4, 1-11 (1er. Domingo de Cuaresma)

Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.»

Mas él respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»

Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo,
y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna.»
Jesús le dijo: «También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios.»

Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, y le dice: «Todo esto te daré si postrándote me adoras.»
Dícele entonces Jesús: «Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto.»

Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.

Los evangelios de esta Cuaresma del Ciclo A tendrán como trasfondo cinco lugares a los que nos convocan estos domingos de Cuaresma. El desierto de Judea, la montaña de la transfiguración, el pozo de Siquem, la alberca de Siloé y la tumba de Lázaro.

El corazón de las lectura de hoy gira en torno a la tentación, en torno a la posibilidad de elegir sabiendo que existe la seducción constitutiva de todo acto volitivo del hombre. Este saber elegir es lo que Jesús entendía como la voluntad del Padre, y para nosotros supone el “hágase tu voluntad”. No obstante, el escenario el desierto no es un lugar de tentación, sino un lugar de encuentro con Dios. Es el espacio para que se desvele la lucidez tierna de Dios que ilumina la respuesta a la tentación. Recordemos al profeta Oseas cuando decía: “la llevaré al desierto, y le hablaré al corazón”. (2,14).

Jesús trayecta los caminos de nuestra historia y en ella es tentado. Nuestro estar-en-el-mundo supone embutirnos en una atmósfera de fascinación por todo lo que nos rodea. Los discípulos de Jesús, ya desde el comienzo, no quisieron olvidar los conflictos que vivenció el Mesías para mantenerse siempre fiel al Padre. En estos vieron, y nos invitan a ver, toda una fuente de inspiración y aprendizaje. Tomar la decisión de seguir a Jesús y enfocarnos hacia su Reino permaneciendo proyectados hacia este horizonte requiere voluntad de conciencia sobre la crudeza y aridez del camino y la seducciones de un mundo que nos tira y descentra hacia otros senderos nada evangélicos.

Todo este relato de Mateo esta preñado de símbolos e imágenes de la A.T.. Jesús atraviesa cuarenta días en  el desierto que nos recuerdan los cuarenta años del pueblo de Israel hasta alcanzar la tierra prometida. Las claves de lectura nos las da Jesús con la citas bíblicas en cada una de las tentaciones. Así, Jesús es tentado desde las distintas concepciones mesiánicas:

  • El pueblo con hambre en el desierto y la necesidad de un mesianismo materialista y sólo social: al que responde Jesús con la cita del Deuteronomio: “no sólo de pan vive el ser humano”.
  • Un mesianismo espectacular y mágico: cuando el Pueblo ponía a Dios a prueba, no confiando en su palabra y reclamaba a Moisés agua de la roca, de donde hacía salir agua. Jesús responde con un versículo del Deuteronomio que comenta el relato de Masá.
  • Contesta con una frase del Deuteronomio  (6, 13) ante la tentación del poder y prestigio: es el mesianismo político. La dominación de los pueblos y naciones. El escalar poder y pisotear al prójimo obedeciendo a las vigencias de lo “vale”.

Jesús rechaza cristalinamente cualquier tentación mesiánica. Las propuestas mesiánicas que existían las tenía presente el pueblo. El Mesías del reino tenía otros caminos, era fácil después de una multiplicación de los panes que le quisieran hacer rey.

Vivimos rodeados de estímulos que no nos ayudan a discernir adecuadamente qué es lo que es de Dios, qué es lo que Dios quiere de nosotros. Hay demasiados cantos de sirena a nuestro alrededor, y la clave está en no olvidar aquello que Jesús repite: “está escrito”, o, lo que es lo mismo, ¿qué es lo que Dios quiere? ¿Cuál es su proyecto?¿Qué papel juego en él? ¿Qué me desvía de este horizonte?

Las dos tentaciones primeras tocan aquello que responde a nuestro mundo sensible. El hedonismo que nos empuja a buscar lo más cómodo, lo más fácil, lo más agradable, creyendo que ahí está la felicidad. El bienestar, la comodidad, el resultado fácil y espectacular se ha convertido en una forma de vida que organiza la sociedad. La llamada de Jesús nos puede ayudar a tomar más conciencia de que no sólo de bienestar vive el ser humano.

El hombre necesita también cultivar el espíritu, conocer el amor y la amistad, desarrollar la solidaridad con los que sufren, mirar su interior con empatía y responsabilidad. Abrirse al misterio último de la vida con esperanza. Eso lleva también a la austeridad, a tener menos para que otros por lo menos puedan tener un poco de dignidad.  A que hagamos milagros nosotros y no pedírselos a Dios para quedarnos en nuestro bienestar.

La tercera tentación toca algo que hace cambiar tanto a las personas cuando se acercan: el poder. Cuánta gente hemos visto cambiar cuando tocan poder. Cuánta gente se vende por un poco de poder o prestigio. Ser más que los demás. Ser considerados mejores. Cuánta prepotencia cuando estamos encima de la ola y rodeados de aduladores que mendigan un poquito de poder, un poquito de yo soy, yo conozco, yo sé, yo estoy y damos el salto por encima del resto.

Fueron tentaciones de Jesús. Son tentaciones de la Iglesia, es decir, las tentaciones de cada uno de nosotros los creyentes. Jesús nos pone en guardia, seguirle es tomar el rumbo con firmeza, pero la seducción de los valores de este mundo está en cada paso que damos, necesitamos la fuerza del Espíritu, el discernimiento, la comunidad para dar paso de fidelidad como Jesús.

Es siguiendo sus huellas como podemos “sobrevolar” las tentaciones de las vigencias de este mundo, pidamos la gracia para poder sobrellevarlas.

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