Apuntes sobre evangelios sinópticos #3: Evangelio de Marcos. Dimensión literaria.

Continuamos con la parte tercera de nuestros apuntes sobre evangelios sinópticos. Esta vez sobre la dimensión literaria del evangelio de Marcos. Pueden leerse la primera y segunda parte en estos enlaces.


1. El texto

1.1  Crítica Textual

El evangelio de Marcos fue escrito originariamente en griego.

El texto primitivo ha llegado hasta nosotros de forma completa y sustancialmente buena, según atestiguan documentos antiguos (Cf. papiro nº 45 datado en el primer tercio del s. III y los manuscritos Vaticano y Sinaítico datados ambos en el s. IV).

1.2  Contenido

La obra tiene carácter narrativo y trata de la predicación y obras de Jesús de Nazaret.

La narración consta de unos 95 relatos aproximadamente de una extensión global entre 11.229 y 11.242 palabras. Es el más corto de los cuatro evangelios. El contenido de Mc, más o menos, está contenido en Mt y Lc (excepto unos 50 versículos de material propio de Mc).

Los relatos, por lo general, son unidades narrativas completas en sí mismas, de diversos tipos o “formas”, unidas muchas veces por la conjunción copulativa “y” (raras veces por “pero”) y otras veces por algún recurso literario como “sumarios-anuncios” que resumen lo anterior e introducen lo que se narrará a continuación.

En una visión de conjunto de la obra de Mc, da la impresión de ser el resultado de una suma de relatos que han sido escritos con un cierto orden y que previamente han podido circular independientemente, y que después han sido recopilados en esta obra por medio de procedimientos literarios.

Una cuestión abierta es definir cual es el final original del evangelio: ¿16,8 ó 16,20? Los manuscritos antiguos más importantes nos ofrecen cinco posibilidades distintas del final del evangelio. Lo más probable, según se puede deducir de la crítica textual, es que acabara en 16,8: a) bien porque el autor quisiera terminar así, de modo abierto invitando al lector a “ir a Galilea y ver” allí al resucitado; b) bien por la simple razón de que el evangelio no fue acabado y se interrumpió aquí; c) o bien porque el evangelio perdiera su última hoja antes de comenzar a ser copiado. Los vv. posteriores, 9-20, están bien atestiguados por los manuscritos antiguos pero se ve que el vocabulario y estilo son distintos al del resto de la obra. La conexión entre los vv. 8 y 9 no es muy buena. Más bien parece que este final añadido fuera tomado de un documento, quizás del segundo tercio del s. II, redactado en medios misioneros helenistas. Así pues, 16,9-20 sería como un apéndice del evangelio de Mc. Aunque el final no es auténtico, la Iglesia católica lo considera canónico y, consiguientemente, inspirado y Palabra de Dios.

1.3  Lengua y estilo

La lengua original fue el griego de la koiné[1], con influencias también de las lenguas semíticas (hebreo y arameo).

En cuanto al estilo, el autor:

  • tiene un uso poco cuidado del vocabulario,
  • usa la sintaxis de modo muy libre
  • y sus relatos tienen una gran viveza expresiva y realismo capaces de captar la atención del lector.

Una cuestión abierta es hasta qué punto Marcos sería deudor, literaria y teológicamente, de las fuentes que utilizó para redactar su evangelio. Los estudios al respecto han sido muchos y no es fácil determinar las diferencias entre tradición y redacción. Pero se puede afirmar que el autor habría dado una unidad de estilo a las fuentes empleadas insertándolas en su obra. El estilo final resultante no es una creación original de Marcos, pues de hecho lo comparte con otras obras y posiblemente lo aprendiera en el uso de la tradición oral, como misionero, al igual que su teología que, aunque tiene rasgos propios, pertenece al fondo común de la tradición cristiana primitiva.

1.3.1  El vocabulario

Está compuesto de unas 1.345 palabras. Pero es muy irregular en el uso de las mismas:

  • a veces atribuye sentidos distintos a una misma palabra;
  • repite unas serie de “muletillas”, perdiendo el sentido propio de dichas palabras;
  • emplea diminutivos de carácter popular;
  • usa vulgarismos;
  • utiliza aramaísmos[2] de tipo topográfico, onomástico o de instituciones israelitas;
  • usa latinismos provenientes del lenguaje técnico, militar, comercial y jurídico;
  • también contiene 46 palabras propias del lenguaje cristiano.

1.3.2  La sintaxis

Es la propia del lenguaje popular, poco trabajado estilísticamente.

Predomina la parataxis[3] y es pobre el uso de conjunciones, siendo frecuente el asíndeton[4]. Con frecuencia emplea el plural impersonal o el sustantivo abstracto “gente” como sujeto del verbo, el anacoluto[5], las formas perifrásticas del verbo, la unión de dos o más participios, la doble negación, el uso correcto de preposiciones, etc.

1.3.3  Los semitismos

Usa, no sólo palabras de origen de las lenguas semíticas (especialmente del hebreo y del arameo) sino, también expresiones y frases, giros lingüísticos y modos sintácticos propios de estas lenguas.

1.3.4  El estilo

Es popular y vivo, más propio de la lengua hablada que de la escrita. Tiene muchas incorrecciones gramaticales griegas. Sabe mantener el interés empleando algunos recursos como el uso del presente histórico, del estilo directo y multiplicando los participios. También subraya las ideas por medio del “casus pendens” [6], los pleonasmos[7], la repetición de la misma frase por los diversos personajes de la acción, los sinónimos en palabras y frases, la repetición de una o varias palabras de la misma raíz, la doble negación, la doble pregunta. Usa de cláusulas explicativas, presenta detalles y sentimientos de los personajes. También el autor utiliza recursos retóricos como la inclusión[8], o el comienzo con una pregunta retórica y un coro como conclusión, o la división ternaria de un relato, etc.

Con todo esto, Mc visualiza y hace presente la acción ante el lector, consiguiendo mantener vivo su interés.

Estamos, pues, ante una obra escrita, no tanto para ser leída, sino más bien para ser escuchada.

1.3.5  Agrupaciones literarias

La obra está estructurada en pequeñas escenas sucesivas (unidades literarias generalmente completas en sí mismas). Éstas, a su vez, pueden estar vinculadas entre sí con diversos recursos más o menos logrados, formando secciones narrativas más grandes.

Los nexos a veces son simplemente conjunciones u otras expresiones temporales o locativas; pero otras veces se usan sumarios, coros, escenas de reacciones, relatos conclusivos, anuncios proféticos de la muerte y resurrección de Jesús, agrupaciones ternarias (trías de días, de grupos de personajes, de enseñanzas, etc.), algunos temas teológicos (el de la revelación de Jesús y el de las reacciones ante Él).

2. Estructura literaria

2.1  División general

En 1,1 se inicia con un sumario-anuncio donde se nos presenta  el contenido de lo que el autor pretende desarrollar: “Evangelio de Jesús Cristo, Hijo de Dios”. Estos dos títulos de Cristo (Mesías) y de Hijo de Dios, reaparecerán más adelante en dos escenas distintas de confesión: en la de Pedro, el título de “el Cristo” (8,27-30); en la del centurión al pie de la cruz (15,39) el de “Hijo de Dios”. Ambas escenas, por tanto, dividen toda  la obra en dos partes:

  • La primera parte (1,1—8,30) está orientada al mesianismo; dominada por los temas de “Cristo” (Mesías) y “Reino de Dios”. Por otro lado, se constata que está localmente más centrada en Galilea.
  • La segunda parte (8,31—16,8) está orientada a la filiación divina de Jesús; dominada por el tema de la pasión y muerte de Jesús. También se puede constatar que pone al lector en dirección hacia Jerusalén.

2.2  Subdivisiones

2.2.1  1ª parte.- 1,1—8,30

Literariamente, vemos una división tripartita en la primera parte con una secuencia también terciaria común:

Sumario-anuncio Escena de discipulado Desarrollo (escenas variadas) reacción
1,14-15 1,16-20 1,21—3,5 3,6 (dirigentes)
3,7-12 3,13-19 3,20—5,43 6,1-6a (paisanos de Nazaret)
6,6b 6,7-13 6,14—8,26 8,27-30 (discípulos)

Las reacciones están relacionadas con los tres grandes grupos interlocutores de Jesús: dirigentes, pueblo y discípulos; que a su vez son los más mencionados en cada parte.

2.2.2  2ª parte.- 8,31—16,8

También puede dividirse tripartidamente, siguiendo criterios literarios, topográfico-cronológicos y de contenido.

Primeramente aparecen tres anuncios de la muerte y resurrección seguidos de una serie de enseñanzas (8,31; 9,30-31; 10,32-34).

Después, continúa con dos agrupaciones literarias con unidad geográfico-cronológica, ambas en Jerusalén: una referida a los tres días antes de la pasión (11—13) o la otra que narra la pasión, muerte y resurrección (14,1—16,8).

2.3  Estructura general

  • Introducción (1,1-13)
  • 1ª parte.- Evangelio es Jesús, Cristo (Mesías), que anuncia el Reino de Dios (1,14—8,30)
    • 1ª sección.- Actuación de Jesús y respuesta de los fariseos (1,14—3,6)
    • 2ª sección.- Actuación de Jesús y respuesta del pueblo (3,7—6,6a)
    • 3ª sección.- Actuación de Jesús y respuesta de los discípulos (6,6b—8,30)
  • 2ª parte.- Evangelio es Jesús, Hijo de Dios, que muere y resucita (8,31—16,8)
    • 1ª sección.- Caminando por Galilea y Judea, Jesús se dirige a Jerusalén, anunciando su muerte y resurrección (8,31—10,52)
    • 2ª sección.- Actividad de Jesús en Jerusalén antes de la Pasión (11—13)
    • 3ª sección.- Pasión muerte y proclamación de la resurrección en Jerusalén (14,1—16,8)

2.4  Género literario

Es cierto que en Mc hay algunas lagunas geográficas y cronológicas que nos impedirían considerar su obra como una crónica o biografía en el sentido moderno de la expresión. Pero, por otro lado, podemos decir que Mc muestra un interés histórico sobre la acción pública de Jesús (desde la actividad bautismal de Juan Bautista hasta la Pasión de Jesús). Procuró situar las numerosas y diferentes perícopas de la tradición sobre Jesús en este marco y en una cierta sucesión cronológica y geográfica, en un camino desde Galilea a Jerusalén. De este modo, Mc quiso asegurar la historicidad de la revelación acontecida en Jesucristo.

Esta idea del camino responde a un interés teológico. Con esto entra en juego el kerigma, que en Mc se concentra en la cruz y la resurrección. También el aspecto kerigmático se expresa en la última frase de su evangelio (16,8b) que refleja un final abierto de cara a que el oyente o lector tome partido frente al mensaje de la cruz y la resurrección.

La relación existente en el Evangelio de Mc entre el interés histórico y el kerigmático, entre relato y anuncio, nos hace pensar  que estamos ante un relato en forma de anuncio o al servicio del anuncio.

Por otro lado, el hecho de que la obra esté estructurada desde la tesis expuesta en 1,1, y de las reacciones de los diversos personajes a la misma nos hace pensar que estamos ante una historia interpretada teológicamente. Su inspiración está en la historia teológica del Antiguo Testamento. Más en concreto, por el modo como emplea las fuentes para su obra. Ésta será el fruto final de un proceso dinámico que nace del hecho Jesús, pasando después por el kerigma y la catequesis. Así pues, Marcos crea una catequesis narrativa en la que expone teología por medio de tradiciones históricas sobre Jesús, ordenadas genéricamente de acuerdo con unas líneas generales inspiradas en su ministerio histórico y específicamente de acuerdo con criterios catequéticos. Marcos es el primer catequista cristiano que aplica el género historia teológica a toda la tradición de Jesús.


[1] O “común”, era la lengua griega vulgarizada y bastante extendida en el tiempo de Jesús y en la época apostólica.

[2] Palabras de origen arameo.

[3] Colocación de dos oraciones, una a continuación de otra, sin indicación de dependencia mutua o subordinación alguna.

[4] Figura retórica que consiste en omitir la conjunción en la construcción de una frase compuesta para dar viveza o energía a lo que se quiere transmitir.

[5] Dejar la frase incompleta.

[6] Figura gramatical que deja un caso pendiente que está por resolverse. Por ejemplo, dejar pendiente la identidad de un personaje con un pronombre para generar expectación hasta que, al final, dice su nombre propio.

[7] Figura retórica consistente en emplear en la oración uno o más vocablos innecesarios para el sentido de la misma pero que, con su uso, se da más viveza.

[8] Recurso retórico que consiste enmarcar un relato (al principio y al final) por una misma idea o expresión, dando unidad a toda una escena o sección narrativa.

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