Apuntes sobre los evangelios sinópticos #1: Introducción

He preparado una serie de apuntes tanto para estudiantes de teología como para los interesados en profundizar sobre los evangelios sinópticos, es decir, los primeros tres evangelios que presentan la misma perspectiva general de la vida y predicación de Jesús. Estos evangelios suelen agruparse juntos porque narran prácticamente los mismos hechos, coincidiendo Mateo, Marcos y Lucas en sus narraciones.

Este material es idóneo como intruducción a este complejo y rico tema y sirve de trampolín para ulteriores estudios. Agradezco cualquier sugerencia o comentario para mejorar el material pubicado.

1. Introducción

Los cuatro evangelios canónicos son composiciones anónimas escritas entre los años 65-90 d.C. y reunidas en una colección alrededor del 125.

En su origen carecen de un título explícito. Es posible que los títulos actuales que poseen se les dieran al ser unificados los cuatro en una misma colección. Constaban de dos palabras griegas: la preposición kata (“según”) más el nombre del evangelista en acusativo, a saber: “kata Markon”, “según Marcos”. Los textos reciben los nombres de los evangelistas se basaban en una tradición antigua.

“Evangelio” proviene del término en griego transliterado “eu-angelíon” y su significado literal es “buen anuncio” o “buena noticia”.

En la traducción de los LXX, la Biblia griega, no aparece este sustantivo pero sí el verbo “evangelizar”, en el II de Isaías, y hace referencia al anuncio de la intervención salvífica y liberadora de Dios que reinará en la historia a favor de su pueblo oprimido en Babilonia. Dicho libro de Isaías era muy conocido y usado en las sinagogas en tiempos de Jesús.

El sustantivo “evangelio” carece de importancia en los LXX y en la literatura del judaísmo intertestamentario. Pero, en el contexto pagano de la época,  sí se usaba con sentido religioso en el culto al emperador romano —por ejemplo, cuando se hace referencia a la buena-noticia del nacimiento de un futuro emperador o de su subida al trono o de una victoria suya—. La Iglesia primitiva adoptará el sustantivo y mantendrá en contraste que la buena-noticia no tiene más su fundamento en el poder imperial sino de Jesucristo.

Debemos tener en cuenta que el término se usó muy pronto en la tradición cristiana. En el NT el sustantivo aparece 76 veces y el verbo 28 veces. De estas, San Pablo bate el record de uso: 60 veces el sustantivo y 21 del verbo. Siempre se trata del anuncio oral de la salvación de Dios ofrecida en Jesucristo a los hombres. Mc usa el sustantivo 7 veces. Mt usa el verbo sólo una vez pero en referencia a Is 11,5; y el sustantivo lo usa 3 veces pero vinculado al Reino (evangelio del Reino). Lc no usa el sustantivo en su evangelio pero sí 2 veces en Hch para señalar las predicaciones de Pedro (Hch 15,7) y Pablo (Hch 20,24); pero sí usa abundantemente las formas verbales con el sentido del Deutero-Isaías de anunciar la buena-noticia del Reinado de Dios.

El sentido que tiene la palabra “evangelio” en los tres sinópticos en conjunto es el de la predicación oral y no tanto la escrita. Será San Justino (+ 165 d. C.) el primero en llamar a estos escritos “Evangelio”.

2. Origen de los evangelios sinópticos

El origen se encuentra propiamente en Jesús mismo: su persona, sus palabras y sus acciones.

La teoría más fiable sobre el origen del evangelio escrito sería la siguiente:

(1) Primeramente se dio una experiencia de Jesús por parte de los testigos oculares y de las personas que habrían recibido la acción sanadora y liberadora de Jesús. (2) Tras el hecho de la pasión muerte y resurrección de Jesús, la comunidad post-pascual pudo comprender con una luz nueva y plena su mensaje y su acción. Esta experiencia transformada o transfigurada se vertió en un nuevo testimonio oral, formándose así una tradición que iba pasando a los que no habían sido testigos oculares. (3) Pasado cierto tiempo, y por diversos motivos y necesidades, en la comunidad se consideró el poner por escrito la buena-noticia de Jesús.

Para estudiar el origen de los evangelios, distinguiremos tres etapas: 1) experiencia del grupo pre-pascual; 2) experiencia y testimonio del grupo post-pascual; 3) redacción de los evangelios.

2.1  Origen de la tradición: Jesús y los discípulos antes de la Pascua

a) La comunidad pre-pascual en torno a Jesús

Cuando Jesús comenzó su vida pública, en torno a Él se fue formando un grupo de discípulos y discípulas en cuyo seno se cultivó una tradición de “palabras de Jesús”. Jesús anunciaba el Reinado de Dios. Su centro de acción estaba principalmente en Cafarnaúm, a orillas del mar de Galilea, con un ministerio itinerante por los pueblos de la región. Sin ser sacerdote ni escriba y con la fuerza de su personalidad, generó un movimiento que iba más allá de los elementos institucionales de la religión judía. Prácticamente desde el principio, surge un grupo que acompañarán a Jesús y que se va incrementando según avanza su ministerio. Éste está formado fundamentalmente de varones pero también de mujeres, que irán adquiriendo una experiencia personal y comunitaria. Éstos serán alumnos de las palabras de Jesús y testigos de sus acciones (curaciones y milagros) y también entre ellos se encontrarán algunos que serán agentes pasivos de la acción sanante y liberadora de Jesús. Fuera de este grupo privilegiado también hay otros “simpatizantes” de Jesús.

Desde un punto de vista histórico, parece claro que Jesús tuvo los rasgos de maestro y de profeta. La gente le tiene por maestro y a veces se dirige a él como “rabbí” (expresión aramea que significa “mi maestro”) o “didáskalos” (expresión griega; “maestro”). También Jesús se auto-presentó directa o indirectamente como profeta.

Muy probablemente, ya en esta etapa, en el grupo debió existir una tradición cultivada de palabras del Maestro, tratando de memorizar, comprender y vivir las enseñanzas que día a día iban escuchando.

b) Cultura de la memoria y de la tradición

Una de las características importantes de Israel en todos los tiempos era el cultivo de la memoria del pasado. El grupo de discípulos de Jesús es netamente judío; la memorización y la tradición formaban parte de su modo de aprender desde la niñez en la casa paterna, en la sinagoga y en la escuela elemental que había en estas últimas. También Jesús mismo había crecido en este espíritu de tradición recitada y memorizada y usará de sus técnicas (imágenes, metáforas, simbolismos, etc.) para facilitar el aprendizaje de sus seguidores. Hablará de una forma poética e imaginativa que se grabará en la memoria mejor que los conceptos abstractos. Recordemos que estamos ante una cultura eminentemente oral, sobre todo en los estratos sociales más humildes.

c) Características propias de la tradición pre-pascual de Jesús

En la comunidad pre-pascual se dieron una serie de situaciones típicas y recurrentes que explican la necesidad que tuvieron para cultivar la tradición de palabras de Jesús, de conservarlas y transmitirlas.

-De igual manera que los maestros judíos pedían a sus discípulos la adhesión a la Ley, así también Jesús pedirá a sus seguidores la aceptación del Reino de Dios, que implica una adhesión muy peculiar a su persona y a su palabra, como el único maestro. En esta relación especial de los discípulos con Jesús y su palabra se encuentra el presupuesto y la exigencia de la formación de una tradición.

-Jesús formuló y transmitió una serie de dichos a sus discípulos a modo de subsidios para la actividad misionera que les encomendó antes de los acontecimientos pascuales. Este envío misionero aparece en los tres sinópticos con rasgos claramente pre-pascuales, que prueban un núcleo histórico en estos textos:

  • La predicación de los discípulos enviados se centra en el anuncio del Reino de Dios y no tanto en Jesús (como será en la Iglesia primitiva).
  • A dicha predicación le caracteriza la radicalidad y el desasimiento (que no seguirá en vigor después).
  • Esta predicación se dirige al pueblo de Israel (no tiene aún un horizonte universalista).

Muchos de los resúmenes doctrinales concisos, poéticos y fácilmente memorizables que encontramos en los evangelios, serían utilizados por los discípulos en sus envíos misioneros. Hay una serie de dichos que encajan muy bien con el anuncio del Reino de Dios y que responden a la situación del envío pre-pascual.

Así pues, como es lógico, todo esto requería el cultivo de una tradición de las palabras de Jesús.

-Otra situación que requería la conservación y transmisión de palabras de Jesús era la vida interna del grupo formado por Él y sus discípulos. Varias palabras suyas reflejan lo que debió ser el estilo de vida propio de los discípulos y las relaciones que debían regir entre ellos.

Resumiendo, podemos decir que el inicio de la tradición de las palabras de Jesús está en el grupo pre-pascual; más en concreto en el envío misionero antes de la Pascua de Jesús y en la vida interna del grupo.

Existe, por tanto, una tradición cultivada de palabras antes de la Pascua de Jesús. Su mensaje está fuertemente vinculado a su persona. Era imposible transmitir los dichos de Jesús sin hacer referencias a su vida y a su persona.

2.2  La comunidad post-pascual: la tradición reinterpretada a la luz de la experiencia pascual

a) Fidelidad y actualización de la tradición

Los miembros del grupo post-pascual son prácticamente los mismos que el pre-pascual, sólo que ahora han recibido una transformación importante provocada por la experiencia del encuentro con el resucitado. Por esta razón, la tradición de las palabras de Jesús cobra más importancia todavía en esta segunda etapa. Hay más razones para transmitirla pero también para reinterpretarla.

A la comunidad post-pascual le interesa la transmisión fiel de la tradición y la vinculación con el Jesús del pasado. Pero Él ya no es meramente el “rabbí” de antes, sino que ahora es el “Señor” resucitado y presente entre los suyos de un modo nuevo. Por este motivo a este grupo ya no le bastará recordar las palabras del pasado sino que necesitará oírlas en el presente. Así pues, la comunidad post-pascual actualizará la tradición recibida. Actualización ante el hecho del Jesús resucitado y del hecho de Pentecostés, pero sin desvincularse de la tradición recibida del Jesús terrestre.

Diversos factores sociales exigían la adaptación y actualización de la tradición evangélica:

-Una adaptación lingüística. Dado que la lengua propia del grupo con mucha probabilidad fuera el arameo, la tradición inicialmente sería en la misma lengua. Pero, sin embargo, en los inicios de esta etapa post-pascual ya empezaba la rápida adhesión de paganos de lengua griega.

-Una adaptación social. Unas tradiciones que nacieron fundamentalmente en el mundo rural palestino debieron adaptarse al mundo urbano, en el cual se propagaría la buena-noticia con rapidez.

-Una adaptación cultural. Desde unas costumbres semíticas palestinas a otras más helenizadas o romanizadas.

-Una adaptación eclesial. El surgimiento de nuevas comunidades cristianas con sus propios problemas y circunstancias requirió otro tipo de adaptaciones locales.

La garantía de esta tradición fiel y actualizada está en la presencia de unos testigos. La comunidad post-pascual es una comunidad organizada en torno a unas personas legitimadas como testigos que habían estado todo el tiempo con Jesús desde el bautismo de Juan hasta el día de su ascensión (Hch 1,21s.). Es más, en todo el movimiento misionero fuera de Palestina en esta etapa inmediata a Pentecostés se tiene mucho cuidado de mantener la comunión con dichos testigos que residen en Jerusalén. Un ejemplo muy claro es el del mismo San Pablo, según lo reflejan los Hch y alguna de sus cartas.

b) El recurso a la Escritura

La comunidad de discípulos y discípulas eran judíos (así como su Maestro) y tenían como referencia el AT como palabra de Dios. (Había versiones hebreas  de las Escrituras pero también estaba la versión griega, también llamada de los LXX). Para ellos era fundamental poner a Jesús como cumplimiento de lo profetizado y anunciado en las Escrituras. Pero, por otro lado, el acontecimiento Pascual les había dado unos ojos nuevos para releerlas y reinterpretarlas desde este hecho único de Jesús.

En su mentalidad judía, los discípulos usarán también las técnicas de la exegética judía (exégesis derásicas y midrásicas, interpretaciones de targumes halákicos y haggádicos, etc.), es decir, usaban de aquellos modos que tenían los judíos para interpretar y actualizar el AT y para asumir sus tradiciones.

Así pues, los primeros cristianos desde el primer momento se esforzaron en estudiar y reflexionar sobre la Torá, los Profetas y el libro de los Salmos todo aquello que ayudara a iluminar el cumplimiento del plan de Dios en la persona y misión de Jesús. Pero también hicieron a la inversa; proyectaron la luz nueva que aportaba la muerte y resurrección de Jesús sobre las Escrituras y tradiciones judías para poder así comprender mejor los hechos del pasado.

c) Las palabras de Jesús serán también Palabra de Dios

La comunidad de Jesús fue aún más allá. Llegó a atribuir a las palabras de Jesús la misma autoridad que a la Palabra de Dios de las Escrituras. Por tanto se esforzaron en esa reflexión y estudio según los métodos judíos, que se venían aplicando en el AT, para dar razón de las palabras de Jesús en continuidad de las Escrituras.

Así también, las palabras de Jesús, como las del AT, serán aceptadas y actualizadas y en ellas se buscará luz para las nuevas situaciones de la comunidad cristiana. Por tanto, las palabras de Jesús, según esas técnicas, experimentarán en el curso de su transmisión reelaboraciones y adaptaciones.

d) Cultivo de las tradiciones narrativas de Jesús

Ya en la comunidad pre-pascual existían tradiciones orales sobre la vida del Jesús terrestre, pero será después de los acontecimientos pascuales cuando estas tradiciones, estos recuerdos de las acciones y de la doctrina del Maestro se comienzan a conservar y a transmitir de una forma regular y fija.

Es en este momento cuando se empezarían a poner por escrito algunas de estas tradiciones, pasando de la tradición oral a la escrita. Entre estas tradiciones escritas destaca la narración de la Pasión. Es un relato continuo y unitario muy antiguo. Quizás sea la primera tradición oral que fue puesta por escrito. De hecho, la trama de la pasión tendrá una función clave para la existencia y organización posterior de todo el relato evangélico en su conjunto.

e) Las diversas actividades de la comunidad post-pascual

La comunidad post-pascual conserva, reelabora y transmite la tradición evangélica en el seno de las múltiples actividades que constituyen su vida:

-La catequesis. Algunas de ellas quedaron plasmadas luego en algunos textos evangélicos.

-La predicación misionera. El anuncio primero a los judíos y luego también a los gentiles. También se encuentran en el texto evangélico resúmenes de la enseñanza de Jesús que servían para dicha tarea misionera.

-Las controversias. A veces se daban enfrentamientos y disputas entre grupos cristianos diferentes, con el ambiente pagano, con las autoridades civiles o con el judaísmo y sus instituciones, siendo estás últimas de especial importancia.

-La “fracción del pan”. Esta primera comunidad post-pascual formada por judíos piadosos (hombres y mujeres), además de participar aún en el culto del Templo, tenían su propio culto. En el contexto litúrgico de dicha fracción del pan se transmitieron tradiciones evangélicas.

Estudio y reflexión de las Escrituras Sagradas judías. Lectura, actualización, reinterpretación, meditación orante, etc. Iluminación recíproca entre las Escrituras y el acontecimiento de Jesús. Como ya decíamos, en un momento dado, la palabra de Jesús llegó a ser considerada también como Palabra de Dios.

-El deseo de recordar la historia de Jesús. No sólo se trataba de iluminar las situaciones de la comunidad post-pascual, sino que también estaba el deseo de cuidar la memoria histórica y afectiva de Jesús y el deseo de cultivar su vinculación con Él. El Jesús ahora glorioso es el mismo Jesús terreno de Nazaret.

f) La complejidad de la tradición: perícopas aisladas y bloques largos, tradición oral y escrita

Hoy día, para nosotros, el estudio de la verificación de este proceso de la transmisión de la tradición evangélica es muy difícil. Fue realizado en el seno de unas comunidades vivas y organizadas, pero que sufrieron una rápida evolución expansiva. No es fácil seguir su pista dada la falta de datos más concretos que nos iluminen dicho proceso.

Por estudios lingüísticos y redaccionales de los textos evangélicos, intuimos que se transmitieron perícopas aisladas y colecciones o bloques de cierta amplitud. El hecho de que dichas tradiciones orales se empezasen a poner por escrito, no supuso la desaparición de las primeras; ambas coexistieron y se influyeron recíprocamente.

También, las diversas tradiciones conservadas en las primeras comunidades cristianas se debieron intercambiar, influyéndose entre sí.

2.3  La redacción de los evangelios sinópticos.

El tercer momento de este proceso de gestación y generación de los evangelios es la redacción.

Los evangelistas recogieron y transmitieron las tradiciones orales y escritas existentes en las comunidades eclesiales de su momento. Eran portavoces de sus iglesias locales y de ellas recibieron dichas tradiciones.

Pero a la vez fueron verdaderos autores. Usaron cada uno su peculiar estilo literario, su manera de conformar, seleccionar y ordenar la tradición, su propia impronta teológica a la luz de las situaciones de sus respectivas comunidades.

En el documento Dei Verbum del Concilio Vaticano II nos describe muy densamente el modo en que compusieron los evangelistas sus respectivas obras (D.V. nº 19):

Seleccionaron datos de la tradición oral y escrita. (Cf. Jn 20,30-31; 21,25; Lc 1,1-4).

Realizaron una síntesis de todo el material previo que tenían. (Por ejem.   Sermón del monte en Mt 5—7).

Adaptaron la tradición recibida a las situaciones de las diversas Iglesias. A veces encontramos un mismo material tratado de modo diferente en cada evangelio.

Conservaron el estilo de la proclamación. No quisieron ofrecer simples datos biográficos de la vida de Jesús, sino que buscaban ofrecer a las comunidades eclesiales la base de la fe y de la vida cristiana.

3. Naturaleza de los evangelios sinópticos

3.1  Los evangelios son textos narrativos

Lo característico de la narración es transmitir acontecimientos y experiencias históricas. “Narratividad” e “historicidad” son términos correlativos, entendiendo como historicidad la descripción de acontecimientos relevantes ocurridos y contenidos en coordenadas espacio-temporales.

Un elemento literario fundamental de la narración es la trama o intriga. Es la trabazón interna que relaciona los distintos personajes, con sus motivaciones y actuaciones, con sus conflictos y resoluciones. Leer un texto narrativo consiste en descubrir el o los hilos conductores del texto. Texto viene de latín “textum” con significado de “tejido”.

La trama narrativa es similar en los tres sinópticos. (Se basa en unos personajes y se dan: un inicio, un desarrollo, un nudo y un desenlace narrativo; también se dan cuadros narrativos y escenas espacio-temporales; etc.). Esta trama narrativa es la que capta la atención del lector durante toda la obra. Obviamente, la trama sólo se percibirá cuando se lea un evangelio desde el principio hasta el final, como una obra unitaria.

El origen de la trama evangélica está en las perícopas aisladas y en los bloques narrativos más extensos de la tradición evangélica que, inicialmente, carecían de trama narrativa unificadora común. Sin embargo ésta sí existía en el antiguo relato de la Pasión del Señor, poseyendo un carácter eminentemente narrativo, largo, unitario y bien trabado. Con toda probabilidad, esta trama del relato de la Pasión se extendió retrocediendo en el tiempo narrativo hacia la vida pública de Jesús desde los inicios, de manera que, recopilando una serie de tradiciones preexistentes, se redactó un relato bien trabado recorriendo una trama que va in crescendo hasta un final de pasión-muerte-resurrección. Exagerando, podríamos decir que los evangelios serían el relato de la Pasión con una larga introducción.

El carácter narrativo es muy claro en Mc (probablemente el evangelio más antiguo), porque en él las palabras de Jesús son mucho más escasas que en Mt y Lc. Es muy probable que Mt y Lc conocieran y usaran la narración de Mc para elaborar las suyas. Ambos también usaron además otra fuente narrativa que contenía una colección de dichos de Jesús y que no usó Mc. Con todo, hemos de subrayar que los evangelistas no hicieron una simple enumeración de dichos, sino que, como verdaderos autores, supieron ensamblar un texto narrativo coherente, con una trama sólida. Mt y Lc quizás sean más discursivos (usan el lenguaje directo y dialogal) que Mc, pero también la naturaleza de sus respectivas obras son narrativas.

Así pues, estamos ante tres obras unitarias, coherentes y bien ensambladas y no ante unas simples recopilaciones de tradiciones preexistentes. Es importante que hagamos una lectura continuada de cada evangelio para percibir toda su riqueza narrativa.

3.2  Los evangelios son narraciones teológicas

Son narraciones teológicas porque descubren la actuación de Dios y el cumplimiento del AT en la vida de Jesús. Los evangelios son textos religiosos que parten de la fe en el Dios de las Escrituras y en Jesucristo. Los evangelistas, como los otros autores sagrados del AT, descubrirán y narrarán la actuación de Dios en la historia, en concreto en la vida de Jesús de Nazaret. Pero lo harán partiendo de una fe, elaborando una reflexión creyente teológica desde la vida histórica de Jesús; una fe que nace en el Jesús terrestre, pasando por el Jesús de la cruz y que evoluciona hasta el Jesús resucitado. Es por esto que harán una relectura de toda la vida del Jesús terrestre partiendo de la fe en el resucitado.

Sin embargo, se trata de una fe esencialmente comunitaria; es expresión no sólo del evangelista sino de la comunidad desde la que escribe. No intentaron hacer tratados teológicos tal y como los concebimos hoy día, ni mucho menos, sino más bien buscaban interpretar y actualizar teológicamente el acontecimiento de Jesús manifestado en la historia humana para sus comunidades receptoras de sus obras escritas.

Desde aquí se entiende la labor redaccional tan importante y minuciosa que habrían de hacer a la hora de elegir y seleccionar las perícopas, los bloques narrativos, los dichos del Maestro, las citas explícitas o implícitas del AT y también el modo de ordenar y ensamblar narrativamente estos elementos mencionados. Y todo esto lo hicieron desde unas motivaciones y fines teológicos propios.

3.3  Los evangelios no son crónicas históricas, pero sí están basados en la historia

Conviene resaltar que  los evangelios no son informes históricos ni crónicas del pasado. Tampoco son biografías tal y como las entendemos hoy. No olvidemos que el concepto de historia, tal y como la concebimos en la actualidad, es muy reciente.

Pero los evangelios están basados en hechos históricos, en datos reales y pretenden transmitir con fidelidad palabras, acciones y acontecimientos de la vida de Jesús. El modo en que los evangelistas recopilaron, seleccionaron, ordenaron y actualizaron las tradiciones para redactar sus evangelios tenían un límite bien preciso: no disolver la referencia a una historia pasada.

Las narraciones evangélicas no son anacrónicas. Reflejan circunstancias y datos que responden a situaciones reales anteriores al año 70 (personajes, instituciones, lugares, etc.).

Otro aspecto importante a tener en cuenta es que existen otras fuentes extra-testamentarias que nos pueden ayudar a cotejar muchos datos de los textos evangélicos como hechos históricos: literatura de la época, hallazgos arqueológicos (edificaciones, utensilios), geografía, etc.

3.4  Finalidad de los evangelios

a) Despertar y fortalecer la fe de las comunidades cristianas

Los evangelios están escritos por creyentes y pretenden fortalecer la fe de los creyentes. Es una literatura confesional que se dirige al interior de la comunidad y no a la gente de fuera de la misma. (Cf. Jn 20,31; Lc 1,4). Servirán pues para fundamentar la doctrina ya aceptada.

Los evangelios son documentos inter-eclesiales y que contienen una llamada a la conversión. La profundización en la fe y la coherencia de vida era un proceso permanente de las distintas iglesias locales.

b) Hacer de la vida de Jesús el modelo para comprender sus palabras

La vida de Jesús es el contexto en el que hay que situar y entender sus propias palabras; es, pues, el principio hermenéutico (interpretativo) de sus palabras. La aceptación de sus palabras es inseparable del seguimiento de su vida. En el corazón del creyente deben estar unidas la persona de Jesús y su doctrina. Además, la adhesión al único Jesús: tanto al resucitado como al de la Pasión.

Así pues, los evangelios buscan una visión de la vida completa de Jesús: dando explicación de cómo fue llevado a la condenación a muerte de cruz y de su victoria sobre la misma con la resurrección. Un peligro de las comunidades post-pascuales podría ser el quedarse en un Jesús glorioso ilimitado, incuestionable y vencedor y, por tanto, el de olvidar el Jesús terreno limitado, cuestionado y vencido, con todas las implicaciones que ello podría tener para la vida de las comunidades. Escribir los evangelios iba a ayudar a evitar excesos de ese tipo.

c) Obtener una visión equilibrada y sintética, literaria y teológicamente, tanto de la persona y obra de Jesús, como de la vinculación de los discípulos con Él

Las perícopas aisladas, las secciones o bloques narrativos más largos por sí solos y los demás elementos preexistentes podían dar una visión parcial y a veces equívoca del mensaje y de la persona de Jesús. La colección de milagros resaltaba el poder de Jesús. La colección de dichos presentaba a Jesús sólo como un maestro. La pasión por sí misma subrayaba el aspecto de justo sufriente y de Siervo de YHWH. Es decir, las tradiciones pre-evangélicas tenían su propio estilo literario y su propia teología, de la que surgirían diversos modos de entender la vinculación con Jesús y, por tanto, la vida cristiana.

Los evangelistas buscarán integrar dichas tradiciones dándolas una visión unitaria, equilibrada y progresiva. Evitarán unilateralidades en la concepción de Jesús e incluso corregirán errores que ya empezaban a surgir entre algunos miembros de las primeras comunidades.

Literariamente hablando, los evangelios canónicos se articularán como una visión completa de la vida pública de Jesús, permitiéndoles incorporar colecciones parciales, reinterpretándolas profunda y críticamente.

3.5  Pluralidad de los evangelios

Los evangelios de Mt, Mc y Lc tienen grandes semejanzas entre sí, pero no son mera copia uno de otro. Se les llama “sinópticos” (del griego “syn opsis”, “con una mirada”) porque, dispuestos sus textos en columnas paralelas nos permite percibir con rapidez y claridad sus semejanzas y sus diferencias.

En la Iglesia primitiva se reescribían las narraciones sobre Jesús en un afán de fidelidad y actualización de las comunidades eclesiales. No se contentaban con recibir pasivamente, sino que se esforzaban por completar y reelaborar desde su propia experiencia (como en cierto modo también lo hiciera Israel en el pasado). Las tradiciones pre-evangélicas y los textos que iban surgiendo se influían mutuamente, como ya indicamos anteriormente.

La Iglesia siempre aceptó la pluralidad de los evangelios y se opuso a los intentos de quedarse con uno solo o realizar un relato síntesis de ellos. Hubo conatos como el de Marción (85-160) que sólo aceptaba una versión mutilada de Lc. También Taciano (2ª mitad del s. II) escribe su Diatesseron fusionando los cuatro evangélicos canónicos en una sola historia.

La pluralidad de textos supone una riqueza teológica. Cada evangelista ve a Jesús y su mensaje desde una perspectiva propia y desde la óptica de su comunidad desde la que escriben: sus problemáticas, sus temores y esperanzas. Es importante captar las diferencias entre los sinópticos, pues esconden teologías e iglesias locales distintas.

Ninguna versión del evangelio agota por sí sola la riqueza de Jesús y su mensaje. Todas están abiertas entre sí a otras versiones e interpretaciones.

3.6  Los tres niveles de los textos de los evangelios sinópticos

En principio, el mejor modo de conocer un evangelio es, ante todo, la lectura y estudio de toda la obra como una unidad, como una trama narrativa. Pero también se puede hacer un estudio parcial y progresivo de cada perícopa en sí misma. Esto exige el paso previo por los tres niveles siguientes.

a) Nivel redaccional

Estudia el texto en la situación actual que presenta la obra completa, atendiendo a su contexto y situándolo en el conjunto de la trama narrativa.

b) Nivel tradicional

Estudia las tradiciones pre-evangélicas de sus comunidades de origen en las que se basaron los autores. Estudia la “pre-historia” de los textos definitivos: la evolución de sus perícopas y secciones o bloques narrativos que contienen la tradición viva de la Iglesia hasta que llegaron a ser integrados en un todo narrativo. Tiene en cuenta la experiencia de fe que se ha ido acumulando en el tradición evangélica, siguiendo el itinerario creyente que ha ido transmitiendo y reelaborando cada uno de dichos elementos.

c) Nivel de referencia histórica

Los textos hablan de personajes y lugares reales y de acontecimientos históricos. Pero la cualidad de esta referencia histórica no es la misma en todos los textos. Unas veces hacen referencia de modo directo a Jesús. En otras predomina la elaboración de la comunidad que interpreta el hecho de Jesús. Pero la referencia a la historia está siempre presente, aunque la forma de hacerlo varía mucho de un texto a otro y habrá que estudiar la índole de su historicidad. No es fácil y muchas veces se entra en un nivel de lo hipotético y discutible. Aún así no debemos olvidar que la intención última no es la de una crónica histórica sino la de transmitir un mensaje religioso.

APÉNDICE: Otros evangelios no canónicos: los evangelios “apócrifos”

Hacemos ahora un pequeño paréntesis dedicando un breve tiempo de nuestro estudio a los llamados evangelios apócrifos.

“Apócrifo”, “apo crypto”, “cosa escondida, oculta”.

Los evangelios apócrifos venían a ser escritos que, desarrollando temas análogos a los de los libros canónicos del Nuevo Testamento, pretendían de forma más o menos velada arrogarse el carácter de sagrados y equipararse a los que la Iglesia tiene como inspirados sin que, a pesar de todo, hayan conseguido ser recibidos oficialmente por ella en el canon. En el 404, en una carta del papa San Inocencio I a Exuperio le describe la lista de los libros canónicos y nombra ex profeso otros apócrifos que deben ser rechazados (Detzinger, 96).

Recordemos que el canon queda definitivamente fijado a principios del s. IV (Concilio Romano, año 382; III Concilio de Cartago, año 397), al menos en sus líneas fundamentales, quedando así delimitada la noción de apócrifos.

Las características del apócrifo neotestamentario son: su acanonicidad y su pretensión de reemplazar o equipararse a los escritos inspirados con intenciones no siempre confesables.

Los apócrifos más antiguos, los que eran realmente de carácter tendencioso, han desaparecido, siendo reemplazados en su mayor parte por “reelaboraciones” de cuño posterior, más ortodoxas. Suelen ser fundamentalmente de lengua griega aunque hay traducciones antiguas al copto, sirio, etíope, armenio, árabe y a las lenguas eslavas.

En general, tenían la finalidad de dar a conocer la vida y doctrina del Jesús terrestre juntamente con sus antecedentes familiares.

El origen podemos encontrarlo en el pueblo sencillo, en su imaginación oriental, su pasión por lo extraordinario, misterioso y legendario. En muchas comunidades cristianas primitivas había cristianos que deseaban llenar los “vacíos” de los evangelios canónicos en relación con muchos detalles de la vida de Jesús. Surgían supuestos testigos de la vida de Cristo y tradiciones anejas a los lugares en que éste habitó. Con el paso del tiempo, algunas de estas tradiciones apócrifas se fueron enriqueciendo y diversificando pasando de boca en boca, cristalizando en prolíficas literaturas. Se usaban pseudónimos de testigos fidedignos como Pedro, Felipe, Santiago, Juan, etc. Junto a la ingenuidad del pueblo se añadió la astucia de ideas heréticas que usaron los mismos medios para justificar y expandir sus doctrinas erróneas (gnósticos, docetas, maniqueos, etc.). Como contrarréplica, no faltaron escritores ortodoxos que escribieron a su vez bellas leyendas evangélicas presentadas como inspiradas. Con todo esto, la Iglesia tuvo siempre cuidado de deslindar siempre el campo de lo inspirado, perteneciente al tesoro de la Tradición, de lo que no era tal.

Entre estos textos apócrifos tenemos: textos fragmentados, apócrifos de la Navidad, apócrifos de la infancia, apócrifos de la pasión, bajada a los infiernos y resurrección de Cristo, apócrifos asuncionistas de María, cartas del Señor, apócrifos gnósticos de Nag Hammadi.

A la hora de dar una valoración, en este tipo de literatura se han dado siempre posturas encontradas. Por ejemplo, San Jerónimo llega a rechazarla totalmente como imposible de encontrar en ella nada bueno. Pero otros padres de la Iglesia se han servido de ella para explicar las verdades de fe expresadas y celebradas. Debe quedar bien claro que los apócrifos no aportan dato alguno a la revelación que no se encuentren ya en las Escrituras canónicas y en la tradición canónica.

Negativamente hablando: el sentido de la verdad histórica está en muchas ocasiones ausente y a veces sustituido por la fantasía; el lenguaje suele ser de mala calidad; abundan incorrecciones y contienen defectos; y a veces el valor literario es nulo.

Pero no todo es negativo. En cuanto al dato cronológico, algunos de ellos se remontan en su forma actual o en su núcleo primitivo al s. II. La mayoría datan del s. IV. También algunos pueden ser portadores de tradiciones orales antiguas de cierto valor y que no contradicen la esencia de las verdades contenidas en los evangelios canónicos, pudiendo tener un respaldo histórico indirecto.

Por lo que se refiere al dogma, algunos de estos escritos se nos presentan como testigos de verdades que hoy son objeto de fe por nuestra parte: la virginidad de María (en Protoevangelio de Santiago); la bajada de Cristo a los infiernos (en el Acta Pilati); la asunción de la Virgen (apócrifo asuncionista).

La Iglesia, tanto oriental como occidental, ha dado acogida en la liturgia a través de diferentes fiestas que tienen un fuerte fundamento escrito en estos evangelios apócrifos (la presentación de la Virgen, la fiesta de Joaquín y Ana, etc). Sin embargo, la Iglesia y los santos Padres han tenido una actitud de cautela hacia estos escritos dada su ambigüedad, tratando de dar acogida a la Escritura que se ha considerado como revelada desde un principio.

Por otro lado, no cabe duda la influencia que estos escritos han ejercido a lo largo de los siglos en las diversas manifestaciones del sentir cristiano: liturgia, arte, literatura, piedad, tradiciones religiosas, etc. Han aportado muchos detalles en el modo de vivir la fe de tantos creyentes a lo largo de los siglos y hasta nuestros días. Por ejemplo en el modo de concebir la Navidad (la cueva de Belén, el buey y el asno, Melchor, Gaspar y Baltasar) o la Semana Santa (la Verónica, Longinos, Dimas el buen ladrón). Pintores y escultores se han servido de muchos motivos para decorar templos y palacios con las historias de la infancia de Jesús. También en la literatura encontramos influencia de estos escritos apócrifos: autos sacramentales, vidas de la Virgen o de Cristo, multitud de libros de piedad popular y religiosa… y un largo etcétera.

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