Reflexión sobre Lucas 23, 35-43

La gente estaba allí mirando; los jefes, por su parte, se burlaban diciendo: «Si salvó a otros, que se salve a sí mismo, ya que es el Me sías de Dios, el Elegido.» También los soldados se burlaban de él. Le ofrecieron vino agridulce 37 diciendo: «Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.» Porque había sobre la cruz un letrero que decía: «Este es el rey de los judíos.» Uno de los malhechores que estaban crucificados con Jesús lo insultaba: «¿No eres tú el Mesías? ¡Sálvate a ti mismo y también a nosotros.» Pero el otro lo reprendió diciendo: «¿No temes a Dios tú, que estás en el mismo suplicio? Nosotros lo hemos merecido y pagamos por lo que hemos hecho, pero éste no ha hecho nada malo.» Y añadió: «Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino.» Jesús le respondió: «En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.»

Con la celebración de la solemnidad de Cristo Rey se nos presenta el último domingo de este año litúrgico. Me gustaría compartir con ustedes una lectura en actitud de examen a partir de dos frases del Evangelio que me han consolado y movido, enfocándolas a modo de oración de petición que sirva para vehicular este año litúrgico que se cierra.

“Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino…”.  A lo largo de este año hemos podido rastrear y reconocer muchos signos que nos hablan de tu reino llenando nuestro espíritu de esperanza. Sería imposible pasar por alto este año de la misericordia, principio y seña que nos ha vertebrado como discípulos y que ha encarnado tu amor caritativo de Dios humanísimo.

Durante este año he visto desplegarse ante mi numerosísimas personas pobres, insignificantes ante los ojos de nuestra estructura social, marginados, discapacitados, enfermos que han vislumbrado esperanza, aunque sea por instantes, en su historia de salvación y que han sido tratadas con la dignidad de persona que merecen.

He visto el esfuerzo de numerosos grupos en mi sociedad que intentan crear las condiciones de vida necesarias para construir un mundo más acorde al Reino que nos anunciaste, más igualitario, compasivo y humano… 

No obstante, Señor, cuando proyecto el horizonte de tu Reino de misericordia y la obertura compasiva de tu entrega en la cruz, se disciernen realidades que merecen ser superadas al oponerse a tu presencia amorosa por otras acordes a tu promesa salvífica y liberadora. Así, Señor, te pido con mendicidad que:

Nos inspires a encarnar un mundo justo: la crisis ha dejado abandonados indignamente a muchos (a pesar de que los indicadores macroeconómicos hablen de progreso) sumergiéndolos en una pobreza indigna mientras ha aumentado el número de millonarios. La estructura económica que vivimos hace que para que unos pocos vivan en la opulencia otros muchos vivan en la miseria y la marginación. Recordemos a los refugiados que deben arriesgar su vida (perdiéndola muchas veces) lanzándose con impotencia al mar con la esperanza de una vida más digna y de una sociedad que abrace su sufrimiento. Inspíranos, Señor, a construir un mundo donde haya espacio para todos y donde no se discrimine al pobre, al oprimido, al marginado, al diferente. Un mundo sin más lágrimas negras…

Te pido que nos inspires para cultivar un mundo honesto y transparente: la corrupción, la mentira, la turbiedad, el descaro nos ahogan hediondamente y son ya intolerables. Vivimos en una época de sospecha hacia las instituciones que nos representan, hacia la cultura que nos referencia, hacia la sociedad que nos constituye y hacia las religiones que nos personifican. Esto es pernicioso y dañino para el desarrollo de nuestras vidas como seres relacionales.

Te pido que nos inspires a traer paz en el mundo: la locura, el egoísmo y la libido descontrolada hacen que sigamos generando guerras entre  hermanos y alimentando la carrera armamentística. Aún hoy se siguen oyendo deseos de levantar muros para dividirnos y odiarnos más. Señor, desfonda nuestros corazones, haz que cambiemos las armas por una tierra más libre y reconciliada.

“Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo…”. Tu proyecto de Reino es inseparable de un modelo concreto de organización, siendo el Rey un Dios que es la misericordia, por eso me gustaría pedirte para que los lideres de nuestra sociedad tengan esta compasión infinita como horizonte en sus proyectos, y así:

Que antepongan el bien común por el individual: tú, Señor, te subiste a la cruz para salvarnos a todos, por eso te hacías llamar “hijo del Hombre”, porque te identificas con la humanidad al completo. Jamás pensaste en tu propio bien sino en el mayor para todos los hombres. Ilumina nuestros corazones para que todos participemos de este Espíritu común, para que pasemos del “yo y ellos” al “nosotros”.

Que ubiquen, por otra parte, a la dignidad del hombre como compás en su discernir: ya basta de descuartizar la dignidad humana con una economía demente y una tecnología que nos mecaniza y nos convierte en meras cosas. El hombre y su dignidad han de ser lo prioritario, la tecnología y la economía no deberían esclavizar al hombre sino servirle.

Y que también sirvan con transparencia: necesitamos líderes que te imiten, que no impongan como verdadera su autoridad sino que, como tú, hagan de la verdad su autoridad, al servicio de los demás con preferencia hacia los pobres, marginados y oprimidos; tus favoritos.

Señor Jesús, que venga tu Reino. Que entre todos juntos, a la luz de un mismo espíritu, podamos construir tu Reino.

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