Un recordatorio pertinente para no hacer el gili por la vida

Ya lo dice el evangelio:

Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas (Mt 10,16).

El bien, tal y como yo lo entiendo, es lo que hay que hacer según nuestro sistema de referentes últimos y de nuestros horizontes de significancia, o por lo menos es evitar incidentes destructivos para con el mundo y las personas, y  el mal es lo que no hay que hacer según nuestro sistema de referentes último y horizontes de significancia, o al menos mal es la destrucción de bienes y de personas aunque parezca aparentemente la situación idónea en términos utilitaristas.

Hasta aquí bien, pero lo cierto es que a veces nos cuesta hacer el bien sin llegar a hacer el gili, así que aquí comparto un par de citas del libro Cómo no hacer el tonto por la vida. Puesta a punto práctica del altruísmo (Desclée De Brower, 2000) de Luis Cencillo, el último gran intelectual español, libro nada academicista y escrito para lectores profanos, aunque bien fundamentado psicológicamente. Podría decirse que la obra responde a experiencias personales del profesor, porque en muchas ocasiones Luis Cencillo se pone como ejemplo de cómo él mismo hizo el tonto, por hacer el bien. Gracias a Nosce por haberme compartido a esta leyenda intelectual: 

“Lo que acobarda y detiene, es el riesgo de ser manipulado y que con la mejor voluntad propia nos engañen y arrastren a hacer el tonto a fuer de buenos¿Cómo no hacer el tonto en estos casos? Es la última y decisiva cuestión. Para ello hay que poseer defensas, como el organismo las posee y si no, es que padece el SIDA; o la personalidad las posee y si no, es que se entrega ingenuamente al más listo, o al más enfermo que le contagia su perturbación o al sistema más opresivo que le aliena. Hay que imaginar la sociedad o el mundo como una jungla (y esto es ya tópico) donde todos van a cazarnos y a devorarnos -sin que caigamos en una paranoia persecutoria-, salvo gente extraordinariamente ética e incluso sublime (justos y santos)… Por lo tanto, hay que ir por la vida con las defensas perfectamente organizadas. Y aún así corremos siempre algún riesgo al confiarnos, pues hacer el bien tiene un coeficiente de confianza en el otro. Ni tampoco es vivible una vida sin confiar en nadie ni en nada… Hay que arriesgarse pues, pero hay que tomar todas las precauciones a mano…”.
“La vida inconsciente es sumamente activa y astuta (y por lo general perversa, pero muy certera) y si no actuase, las cosas irían en el mundo mucho mejor: los gobiernos, las instituciones, la educación, las familias, las parejas y los exámenes y oposiciones; eso sí, no habría poetas ni artistas y no se soñaría (…) ¿Por qué la polaridad Bien/Mal se halla doblada paralelamente por la de Verdad/Mentira, pero de modo que resultan más atractivos los segundos términos: mal mentira? ¿Por qué habrá llegado a ser en la historia de los últimos siglos más progresista y más presentable negar o disimular estas dos polaridades que afirmarlas para precaverse? ¿Por qué quien muestra bondad y deseo de bien excita la voracidad y la malicia de los más y ha de desarrollar mayores defensas que quien se hace odioso por el mal que hace y pretende seguir haciendo…?”
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